Corría
el principio de septiembre de 2019 cuando «Pololo», aquel guardameta enérgico y entusiasta que defendió con
garra los colores del UD Orotava,
rescató del olvido una vieja fotografía. Pertenecía a los días dorados del Cuesta La Villa CF, un modesto equipo
de aficionados que nació al calor de los célebres torneos de los años cincuenta
y sesenta del siglo pasado.
La
imagen nos traslada al vetusto campo de deportes del Colegio de San Isidro, en la Villa de La Orotava. Aquel terreno de
juego, desafiante por sus dimensiones irregulares, cobijaba las pasiones
futbolísticas de los jóvenes de la época. Al fondo de la estampa, como un mudo
testigo del peligro diario, se aprecian los ventanales de las aulas protegidos
por tupidas redes de hierro, dispuestas allí para blindar los cristales contra
los balonazos más implacables.
Aquellos
campeonatos, grabados a fuego en la memoria colectiva del municipio, cobraban
vida gracias al Oratorio Festivo,
bajo la batuta del siempre recordado salesiano don Antonio Montero Marroquí. Aunque el tiempo ha borrado los
nombres de la mayoría de los muchachos que integraban el Cuesta La Villa CF en
aquella instantánea, la fotografía esconde una hermosa paradoja: el bueno de
«Pololo», a quien todos conocimos bajo los tres palos como un portero
formidable, aparece esta vez corriendo la banda, reconvertido en un improvisado
defensa lateral. Una joya visual que congela la infancia, la amistad y la
pureza del fútbol de barrio.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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