El geógrafo orotavense y amigo de La
Laguna, Jesús Tomás García Rodríguez, me remitió el 16 de agosto de 2020 unas
valiosas fotografías de uno de los últimos reemplazos que pasaron por el
histórico acuartelamiento de infantería de San Agustín. Se trata, si la memoria
no me falla, de la última jura de bandera celebrada en este cuartel villero,
antes de que el servicio militar se trasladara a Hoya Fría (CIR 15).
Corría
el año 1961 y yo apenas contaba con diez años cuando, junto a mi primo Enrique
Abréu Rodríguez, fui a presenciar aquel acto castrense. La ceremonia tuvo lugar
en los terrenos anexos al exconvento agustino de Nuestra Señora de Gracia, un
enclave formidable equipado con piscina, cuadras de caballería y espléndidos
jardines. Subidos al muro que lindaba con el viejo camino de La Torrita,
contemplábamos el espectáculo fascinados por el estruendo de la Banda del
Regimiento de Infantería San Carlos, bajo la batuta del capitán don Santiago
Reig Pascual.
Aquel despliegue supuso una auténtica
revelación en nuestra infancia. Por un lado, nos cautivaba la solemnidad del
desfile y la jura; por otro, la cercanía de ver a tantos orotavenses cumpliendo
la mili en su propio pueblo.
Entre ellos se encontraba Cándido León Cabrera, ebanista con taller en Los
Cuartos, quien por entonces pretendía a mi hermana Fina Álvarez Abréu,
estudiante de Magisterio en la Escuela Normal de La Laguna.
Aquel
1961 fue también un año de gloria futbolística: en el mes de abril, la U.D.
Orotava se proclamaba campeona provincial de Primera Categoría por primera vez
en su historia; el Juvenil Iberia de don Chano Hernández Lorenzo alzaba el
campeonato provincial juvenil de Tenerife, y el C.D. Tenerife logrababa su
histórico primer ascenso a la Primera División nacional.
En
la primera de las imágenes posan tres entrañables reclutas y amigos: Cándido;
Cañivano (quien fuera funcionario de Radio Nacional de España en Tenerife y
casado con una amiga lagunera de mi hermana Fina, al que le perdí la pista), y
Mundo (padre de Jesús García, custodio de estas fotografías). La segunda
Instantánea nos traslada al patio central del cuartel villero, con los soldados
vistiendo el uniforme de gala listo para salir a la calle.
Pertenecían
a una de las últimas quintas que sirvieron en San Agustín a comienzos de la
década de los sesenta. Realizaban la instrucción en el estadio de Los Cuartos y
descendían desfilando hasta la Plaza de la Constitución, marcando el paso a
menudo con los acordes de la banda militar capitalina. Por las tardes, el viejo
campo de fútbol de El Quiquirá y el barranco se convertían en el escenario de
sus prácticas de tiro.
Son
recuerdos imborrables de una infancia que quedó marcada por escenas singulares:
la presencia de las tropas en la magna procesión del Corpus villero o
escoltando al Cristo Difunto en la tarde del Viernes Santo; los futbolistas de
la U.D. Orotava vestidos de paisanos entre filas, o el sobrio toque de corneta
al atardecer para el arriado de la bandera junto a la portada plateresca del
antiguo convento. Los domingos y días de fiesta, la Plaza de la Constitución se
transformaba en un bullicio, un verdadero hormiguero teñido por el uniforme de
los soldados.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL


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