Con
sus casi 40 centímetros de altura, una bella talla de madera presidía el
aparador del dormitorio de mi madre, María del Carmen Abréu González. Aquella
pieza fue un obsequio de las operarias de su taller de modista de caballero.
Según me cuentan, fue adquirida en el emblemático bazar de doña Chana Lima
Méndez, en la calle El Calvario, un rincón inolvidable que anunciaba la entrada
de clientes con el repique de un viejo timbre-campanario.
Siendo
niño, la figura despertaba mi fascinación. Ignoraba entonces su valor
artístico, hasta el punto de pedírsela prestada a mi madre para convertirla en
el centro de nuestras procesiones infantiles.
Finalmente,
la herencia familiar llevó la imagen a manos de mi hermana, Carmilla Álvarez
Abréu, depositaria también del nombre de nuestra madre. A ella le solicité
estas fotografías para mi archivo personal. Hoy en día, la pieza sigue
custodiando su mesilla de noche, convertida en el faro de sus oraciones por los
nuestros.
La
pequeña obra, cuyo valor material y afectivo es incalculable, requiere una
profunda restauración. He aconsejado a mi hermana que confíe esta tarea al
escultor Jesús León Cruz. Él es digno heredero del recordado maestro orotavense
Ezequiel León Domínguez y mantiene vivo el histórico taller familiar en el barrio
villero de La Luz.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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