viernes, 21 de agosto de 2020

ROMÁN Y EL SURTIDOR DE PAPÁ

Aquel 21 de agosto de 2020, Maida González, apreciada amiga de La Orotava, rescató del olvido una fotografía inédita. La imagen rescata la presencia de su padre, Román González, como empleado en la empresa de suministros y gasolineras de mi padre, Juan Álvarez Díaz. Corría el año 1954 y la cámara inmortalizó el instante justo frente a la flamante estación de TEXACO, erigida en la esquina este de la plaza de Franchi Alfaro.



Resulta curioso observar cómo el antiguo surtidor de bomba —que en sus orígenes se situó en la acera sur de la calle El Calvario— resistía aún en su segundo emplazamiento. Permanecía ahí, erguido junto a la moderna caseta de aire francés recién construida, cuyos planos firmó el arquitecto orotavense don Tomás Machado Méndez y Fernández de Lugo, basándose en los trazados industriales del ingeniero don José Rodríguez Díaz y bajo la experta mano del recordado constructor Manuel Martín Méndez.

En la estampa, Román González se erige como el único maestro de ceremonias, ataviado con el atuendo que confeccionaban las modistas de la época: un peto azul marino de tirantes y bolsillo en el pecho.

Román dio sus primeros pasos laborales en nuestro hogar. Al caer la noche, acudía con perseverancia al Colegio de San Fernando, en la calle San Francisco, para labrarse un futuro. Se daba además una particularidad en la empresa de mi padre: todos sus empleados terminaban obteniendo el permiso de conducir de primera categoría. Jamás supe cómo lo lograba, pues en aquella Orotava no existían aún autoescuelas; pero Román fue uno de los que obtuvo el carnet bajo su amparo.

Más tarde, mi padre le propuso dar un nuevo paso y lo recomendó a su amigo y convecino, el comercial Francisco Delgado González («Don Paco»), para desempeñarse como repartidor a bordo de un furgón recien adquirido. Posteriormente, Román pasaría a la firma de Don Casiano García Feo S.L., hasta coronar su trayectoria estableciendo su propio taller de automoción en la zona de La Fariña, en La Candelaria del Lomo.

Por aquel 1954, la plaza de Franchi Alfaro se erigía como un auténtico jardín botánico. Allí, entre los juegos y el bullicio de la chiquillada del barrio, acudíamos en horario escolar a descifrar las plantas, árboles y flores que poblaban tan histórico recinto.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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