A la vera del antiguo camino de La Luz, allí
donde el tiempo parece amansarse en el paisaje orotavense, se alza el venerable
oratorio de San Miguel. La historia de esta ermita se entrelaza de forma
indisoluble con el devenir de la comarca desde que, a finales del siglo XVI,
quedara integrada en el mayorazgo fundado conjuntamente por el capitán y
regidor don Miguel de Franchi y Fonte y su esposa, doña Elvira de Alfaro y
Figueroa.
A
través de las generaciones, la titularidad de este predio señorial recayó en
doña Luisa de Franchi Alfaro y Betancourt, pasando posteriormente a su hija,
doña Francisca del Hoyo y Peña, y de esta a su nieto, el capitán don Manso
Antonio de Llarena Carrasco y Peña, VII señor de la isla de La Gomera. Preclaro
benefactor de La Orotava y hombre profundamente vinculado a su tierra, don
Manso Antonio dirigió con esmero las obras de la parroquia matriz, templo en el
que descansan sus restos desde el 23 de diciembre de 1790. Tras su
fallecimiento sin descendencia, la jefatura familiar y sus vinculaciones
patrimoniales se transmitieron primero a la ilustre casa de Ascanio y, más
tarde, a los herederos de don Ricardo Hernández Suárez.
En
el aspecto arquitectónico, la fachada del inmueble se orienta con serena
sobriedad hacia el mediodía. En su limpio alzado destacan dos elementos en noble
cantería: el armónico arco de medio punto que enmarca el acceso y una
estilizada espadaña. Esta última recorta el cielo con un vano semicircular
flanqueado por impostas y cornisas molduradas, rematándose con la elegancia
contenida de un frontón triangular.
El
recogido espacio interior custodia un retablo de traza rococó realizado a
finales del siglo XVIII, atribuido al pincel y taller del pintor Cristóbal
Afonso. Preside el presbiterio la efigie del arcángel titular junto a una
imagen de San Francisco —ambas piezas de antigua y arraigada devoción—,
acompañadas por la delicada factura de un Niño Jesús de filiación genovesa.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ
ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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