EL CALVARIO GUARDA UN SECRETO DE FÚTBOL, BARRO Y ORO
BLANCO Y NEGRO.
Todo
empezó con un papel gastado, una fotocopia que cruzó los años desde la infancia
compartida en la calle El Calvario, aquí en la Villa de La Orotava. Me la trajo
Francisco Sánchez García, el amigo de toda la vida, custodiando un pedazo de
historia inédita que el tiempo casi deja en el olvido: la Selección Española Universitaria de Fútbol de 1964, plantándole
cara al destino en la ciudad alemana de Tübingen.
La
imagen, rescatada de los archivos del alma, destila el aroma del fútbol de
antes. Al mirar la formación, salta a la vista un nombre que poco después se
haría eterno: Pedro de Felipe.
El legendario central madridista e internacional absoluto posa en esa
alineación universitaria solo dos años antes de tocar el cielo.
Es
imposible ver el rostro de De Felipe en esa foto de 1964 y no viajar de
inmediato a la noche mágica de 1966. Es inevitable que la memoria sintonice, de
repente, la televisión en blanco y negro y la voz sonora, rotunda y cordobesa
de don Matías Prat narrando la conquista de la Sexta Copa de Europa para el Real Madrid. Aquel "Yé-yé"
imborrable que venció al Partizán de Belgrado por 2-1 y que cualquier
aficionado de ley se sabe de carrerilla, como una oración pagana: Betancort,
Calpe, De Felipe, Sanchís; Pirri, Zoco; Serena, Amancio, Grosso, Velázquez y
Gento.
Pero
antes de la gloria de Bruselas, De Felipe compartió barro, confidencias y
vestuario con nuestro Francisco Sánchez en tierras germanas. La inmortal
instantánea nos deja la siguiente alineación para la posteridad:
·
De pie (de izquierda a derecha): Un compañero por identificar,
Hernández, Klein, Blanch, De Felipe
(Real Madrid), Lasso, Calvo y un último rostro que se resiste al recuerdo.
·
Agachados (de izquierda a
derecha):
Montes (Sporting de Gijón), Sznty, Lolín, Toro (Real Oviedo) y, coronando la
estampa con el orgullo de la Villa, Francisco
Sánchez.
Un
tesoro fotográfico que demuestra que las calles de La Orotava no solo guardan
adoquines e historias cotidianas, sino también los hilos invisibles que, un día
de 1964, conectaron a un chico del Calvario con el firmamento del fútbol
mundial.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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