EL BAUTISMO DE UN JUVENIL BAJO EL CIELO PALMERO: EL
DEBUT DE CARLOS REGALADO EN LA U.D. OROTAVA
Hay
tardes en las que el destino decide escribir una historia de tintes cinematográficos,
de esas que se quedan grabadas para siempre en el alma de los aficionados.
Corría el inicio de la década de los setenta, un tiempo en el que la Unión Deportiva Orotava batallaba con
orgullo en la Primera Regional Preferente, el techo absoluto y la máxima
representación del balompié en el archipiélago. Aquellos "Copos de
Nieve" venían de saborear la gloria al coronarse campeones de Tenerife en
la mítica campaña 1971-1972, cayendo con honores en la final de Canarias ante
el Artesano de Las Palmas.
Aquel
Orotava era un auténtico transatlántico del fútbol regional. Probablemente en
la temporada 1972-1973, bajo la
estricta y sabia dirección táctica de Antonio Hernández Sánchez, el equipo tuvo
que cruzar el Atlántico para medirse al histórico Mensajero en su desaparecido,
angosto e inolvidable campo de fútbol
de Santa Cruz de La Palma. El romanticismo de aquel fútbol se palpaba en
el ambiente, pero la fatalidad se cebó con los villeros: Moli, el baluarte
gaditano, caía lesionado. Fue en ese instante de incertidumbre cuando el míster
miró al banquillo y, con la valentía de los grandes románticos, decidió abrirle
paso a un imberbe juvenil de la casa: Carlos
Regalado —a quien hoy muchos vecinos saludan con enorme cariño en su
labor diaria en los servicios sociales del Ayuntamiento de La Orotava—.
Lo
que vino después pertenece a la mitología blanca. El partido agonizaba en
tierras palmeras cuando un balón sin dueño rebotó con violencia a unos cuarenta metros de la portería mensajerita.
Cualquiera habría controlado, habría buscado la pausa. Pero la juventud no
entiende de prudencia, solo de instinto. Carlos, sin pensarlo un segundo y con
el alma entera empujando su bota, enganchó un disparo descomunal. El esférico
se convirtió en un auténtico bólido que rasgó el aire antes de besar con furia
la red, sellando una victoria épica que aún resuena en las paredes del viejo
recinto de la Isla Bonita.
La
fotografía, tomada en los instantes previos a aquella tarde de leyenda,
inmortalizó para siempre a una plantilla irrepetible:
De pie (de izquierda a derecha):
Chano
Marcelino
Fariña
Pepito Santos
Juanito “El Carajito”
Nolito Hernández Sánchez (un auténtico lujo que arribaba
desde el C.D. Tenerife tras haber paseado su clase por el Mestalla, Valencia,
Betis y Onteniente)
Manolo “El Loco”
Orlando Toste (luciendo de paisano en sus funciones de delegado)
Agachados (de izquierda a derecha):
Rizal
Aníbal Castro
Toño
Chanito “El de la Charca”
Carlos Regalado (el héroe juvenil de la jornada)
Goyo “El Canuto”
Santiago
Jaime
Una
instantánea que no solo retrata a un equipo de fútbol, sino a una época dorada
donde la gloria se conquistaba con el corazón en un puño y balones que volaban
desde el medio del campo directo a la inmortalidad.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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