jueves, 21 de septiembre de 2017

EL DEBUT DEL ENTONCES JOVEN CARLOS REGALADO EN EL UD. OROTAVA


EL BAUTISMO DE UN JUVENIL BAJO EL CIELO PALMERO: EL DEBUT DE CARLOS REGALADO EN LA U.D. OROTAVA

Hay tardes en las que el destino decide escribir una historia de tintes cinematográficos, de esas que se quedan grabadas para siempre en el alma de los aficionados. Corría el inicio de la década de los setenta, un tiempo en el que la Unión Deportiva Orotava batallaba con orgullo en la Primera Regional Preferente, el techo absoluto y la máxima representación del balompié en el archipiélago. Aquellos "Copos de Nieve" venían de saborear la gloria al coronarse campeones de Tenerife en la mítica campaña 1971-1972, cayendo con honores en la final de Canarias ante el Artesano de Las Palmas.

Aquel Orotava era un auténtico transatlántico del fútbol regional. Probablemente en la temporada 1972-1973, bajo la estricta y sabia dirección táctica de Antonio Hernández Sánchez, el equipo tuvo que cruzar el Atlántico para medirse al histórico Mensajero en su desaparecido, angosto e inolvidable campo de fútbol de Santa Cruz de La Palma. El romanticismo de aquel fútbol se palpaba en el ambiente, pero la fatalidad se cebó con los villeros: Moli, el baluarte gaditano, caía lesionado. Fue en ese instante de incertidumbre cuando el míster miró al banquillo y, con la valentía de los grandes románticos, decidió abrirle paso a un imberbe juvenil de la casa: Carlos Regalado —a quien hoy muchos vecinos saludan con enorme cariño en su labor diaria en los servicios sociales del Ayuntamiento de La Orotava—.

Lo que vino después pertenece a la mitología blanca. El partido agonizaba en tierras palmeras cuando un balón sin dueño rebotó con violencia a unos cuarenta metros de la portería mensajerita. Cualquiera habría controlado, habría buscado la pausa. Pero la juventud no entiende de prudencia, solo de instinto. Carlos, sin pensarlo un segundo y con el alma entera empujando su bota, enganchó un disparo descomunal. El esférico se convirtió en un auténtico bólido que rasgó el aire antes de besar con furia la red, sellando una victoria épica que aún resuena en las paredes del viejo recinto de la Isla Bonita.

La fotografía, tomada en los instantes previos a aquella tarde de leyenda, inmortalizó para siempre a una plantilla irrepetible:

De pie (de izquierda a derecha):

Chano

Marcelino

Fariña

Pepito Santos

Juanito “El Carajito”

Nolito Hernández Sánchez (un auténtico lujo que arribaba desde el C.D. Tenerife tras haber paseado su clase por el Mestalla, Valencia, Betis y Onteniente)

Manolo “El Loco”

Orlando Toste (luciendo de paisano en sus funciones de delegado)

Agachados (de izquierda a derecha):

Rizal

Aníbal Castro

Toño

Chanito “El de la Charca”

Carlos Regalado (el héroe juvenil de la jornada)

Goyo “El Canuto”

Santiago

Jaime

Una instantánea que no solo retrata a un equipo de fútbol, sino a una época dorada donde la gloria se conquistaba con el corazón en un puño y balones que volaban desde el medio del campo directo a la inmortalidad.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

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