domingo, 17 de septiembre de 2017

DON LEANDRO MEDINA PÉREZ EN EL RECUERDO

El tiempo no borra la huella de los hombres justos. El 21 de abril de 2017, Luis Perera —amigo entrañable desde los días de la infancia y compañero de clase en la entrañable Academia Mercantil Atlántida de la Villa de La Orotava— rescató del olvido una fotografía. Era la esquela mortuoria de un hombre inolvidable: el sacerdote y arcipreste Don Leandro Medina Pérez. Aquella imagen no era solo un trozo de papel; era el eco de una época y el retrato de un pastor que se fundió con el alma de su pueblo.

Don Leandro vio la luz primera en la noble villa de Arucas (Gran Canaria) el 13 de diciembre de 1923. Sin embargo, los hilos del destino lo ataron para siempre a la Villa de La Orotava, donde entregó su último suspiro el 17 de septiembre de 1976, con apenas 53 años, tras batallar con entereza contra una grave enfermedad. Su despedida no fue un adiós cualquiera; fue un duelo colectivo, un multitudinario y sentido homenaje donde el pueblo orotavense, con el corazón encogido, salió a la calle para escoltar a su párroco en su último viaje.

Durante casi dos décadas, Don Leandro custodió con celo y amor el altar del templo parroquial y Matriz de Nuestra Señora de la Concepción. Desde aquel púlpito, su voz se alzaba con una elocuencia magistral. Fue un presbítero magnífico, un orador de palabra honda y cálida que no concibió su fe lejos del bienestar de sus semejantes. Su vida entera estuvo consagrada a La Orotava y a su gente.

Formado en las aulas del Seminario de Las Palmas, antes de hacer suya la iglesia principal de la Villa, dejó su impronta pastoral en la parroquia Matriz de San Antonio de Granadilla de Abona. Fue a finales de los años cincuenta cuando llegó al norte para suceder al recordado arcipreste Don Juan Reyes, asumiendo un legado que él no solo continuó, sino que engrandeció.

Pero Don Leandro no fue un hombre recluido en la sacristía; su fe vivía en las plazas, en las calles y en las pasiones populares. Era un ferviente aficionado al fútbol y su corazón latía en blanco y negro por la U.D. Orotava. El verano de 1971 quedó grabado en los anales del municipio cuando, junto al entonces alcalde Don Juan Cullen y Lugo, inauguró el césped natural y las reformas del Estadio Municipal "Los Cuartos", un hito que coincidió con el nacimiento del prestigioso "Trofeo Teide", el torneo estival más antiguo del archipiélago.

Su curiosidad y su deseo de conectar con el mundo lo llevaron a los caminos de las ondas. Amante de la radioafición, contaba con su propia emisora en casa y formaba parte activa del club local de esta especialidad. Sabía que la palabra debía cruzar fronteras. Por ello, fue un patrocinador constante de las ondas radiofónicas, primero a través de la recordada emisora local "La Voz del Valle" y, más tarde, en los micrófonos de "Radio Popular de Tenerife" en La Laguna. Esa misma vocación pedagógica la trasladó a las aulas, donde ejerció como profesor en el Seminario Diocesano de Tenerife, moldeando las mentes de las futuras generaciones de sacerdotes.

El arte y la cultura también encontraron cobijo en su espíritu sensible. Fue el brazo derecho y cómplice asiduo de Don Pedro Hernández Méndez, el gran artista-alfombrista que dirigió durante tres décadas el magno tapiz de tierras del Teide en la Plaza del Ayuntamiento. Don Leandro aportaba su guía teológica, su aliento y su propio criterio estético para que el Corpus de las Fiestas Mayores brillara con un esplendor místico. Además, en una época donde el cine abría ventanas al pensamiento, se le recuerda en el Cine Club Orotava, presentando y desentrañando con lucidez la célebre película El Evangelio según San Mateo.

Don Leandro Medina Pérez fue, por encima de sus títulos y dignidades, una persona humana y social extraordinaria. Un hombre que entendió el sacerdocio como un puente, siempre dispuesto, siempre al servicio de todos, y de manera muy especial, entregado en cuerpo y alma a su feligresía. Hoy, a medio siglo de su partida, su memoria sigue viva en el perfil de las torres de La Concepción y en el recuerdo agradecido de La Orotava.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 


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