El
tiempo no borra la huella de los hombres justos. El 21 de abril de 2017, Luis Perera —amigo entrañable desde
los días de la infancia y compañero de clase en la entrañable Academia Mercantil Atlántida de la Villa de
La Orotava— rescató del olvido una fotografía. Era la esquela mortuoria
de un hombre inolvidable: el sacerdote y arcipreste Don Leandro Medina Pérez. Aquella imagen no era solo un trozo de
papel; era el eco de una época y el retrato de un pastor que se fundió con el
alma de su pueblo.
Don
Leandro vio la luz primera en la noble villa de Arucas (Gran Canaria) el 13 de diciembre de 1923. Sin embargo, los
hilos del destino lo ataron para siempre a la Villa de La Orotava, donde
entregó su último suspiro el 17 de
septiembre de 1976, con apenas 53 años, tras batallar con entereza
contra una grave enfermedad. Su despedida no fue un adiós cualquiera; fue un
duelo colectivo, un multitudinario y sentido homenaje donde el pueblo
orotavense, con el corazón encogido, salió a la calle para escoltar a su
párroco en su último viaje.
Durante
casi dos décadas, Don Leandro custodió con celo y amor el altar del templo
parroquial y Matriz de Nuestra Señora
de la Concepción. Desde aquel púlpito, su voz se alzaba con una
elocuencia magistral. Fue un presbítero magnífico, un orador de palabra honda y
cálida que no concibió su fe lejos del bienestar de sus semejantes. Su vida
entera estuvo consagrada a La Orotava y a su gente.
Formado
en las aulas del Seminario de Las
Palmas, antes de hacer suya la iglesia principal de la Villa, dejó su
impronta pastoral en la parroquia Matriz
de San Antonio de Granadilla de Abona. Fue a finales de los años
cincuenta cuando llegó al norte para suceder al recordado arcipreste Don Juan
Reyes, asumiendo un legado que él no solo continuó, sino que engrandeció.
Pero
Don Leandro no fue un hombre recluido en la sacristía; su fe vivía en las
plazas, en las calles y en las pasiones populares. Era un ferviente aficionado
al fútbol y su corazón latía en blanco y negro por la U.D. Orotava. El verano de 1971 quedó grabado en los anales del
municipio cuando, junto al entonces alcalde Don Juan Cullen y Lugo, inauguró el
césped natural y las reformas del Estadio
Municipal "Los Cuartos", un hito que coincidió con el
nacimiento del prestigioso "Trofeo
Teide", el torneo estival más antiguo del archipiélago.
Su
curiosidad y su deseo de conectar con el mundo lo llevaron a los caminos de las
ondas. Amante de la radioafición,
contaba con su propia emisora en casa y formaba parte activa del club local de
esta especialidad. Sabía que la palabra debía cruzar fronteras. Por ello, fue
un patrocinador constante de las ondas radiofónicas, primero a través de la
recordada emisora local "La Voz
del Valle" y, más tarde, en los micrófonos de "Radio Popular de Tenerife"
en La Laguna. Esa misma vocación pedagógica la trasladó a las aulas, donde
ejerció como profesor en el Seminario
Diocesano de Tenerife, moldeando las mentes de las futuras generaciones
de sacerdotes.
El
arte y la cultura también encontraron cobijo en su espíritu sensible. Fue el
brazo derecho y cómplice asiduo de Don
Pedro Hernández Méndez, el gran artista-alfombrista que dirigió durante
tres décadas el magno tapiz de tierras del Teide en la Plaza del Ayuntamiento.
Don Leandro aportaba su guía teológica, su aliento y su propio criterio
estético para que el Corpus de las Fiestas Mayores brillara con un esplendor
místico. Además, en una época donde el cine abría ventanas al pensamiento, se
le recuerda en el Cine Club Orotava,
presentando y desentrañando con lucidez la célebre película El Evangelio
según San Mateo.
Don
Leandro Medina Pérez fue, por encima de sus títulos y dignidades, una persona humana y social extraordinaria.
Un hombre que entendió el sacerdocio como un puente, siempre dispuesto, siempre
al servicio de todos, y de manera muy especial, entregado en cuerpo y alma a su
feligresía. Hoy, a medio siglo de su partida, su memoria sigue viva en el
perfil de las torres de La Concepción y en el recuerdo agradecido de La
Orotava.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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