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Aquel bicho
invisible que nos confinó en 2020 tuvo una virtud involuntaria: nos obligó a
mirar al pasado para encontrar refugio. Fue así como la Asociación de Veteranos
del Fútbol de la UD Orotava rescató del olvido una fotografía en blanco y
negro, un tesoro sepia que nos devolvió de golpe a la mítica Liguilla Interregional de la temporada
1962-1963. Aquella estampa, tomada en la primitiva y fría terminal del
aeropuerto de Los Rodeos, inmortalizaba el regreso del equipo tras arañar un
heroico empate a uno contra el Sporting San José en Las Palmas, con un gol de
Bartolomé que se gritó con el alma.
Para los niños de
la época, la alineación de la UD Orotava no era un simple dato estadístico; era
un poema sagrado que recitábamos de memoria en los recreos del colegio,
imaginando ser aquellos ases del balón: Angulo,
Mon, Blanco, Felipe, Evadio, Cuba, Angelito, Saavedra, Antonio, Nolito y
Antoñito.
Aquella campaña
tuvo tintes de epopeya. A mitad de camino, el banquillo sufrió una sacudida con
la llegada de Ramón Mesa, el carismático técnico de La Cuesta que venía de
obrar el milagro del "pequeño Real Madrid" del CD Puerto Cruz. Mesa
sustituyó a Martinica y, con mano izquierda y pizarra sabia, logró conjuntar a
los célebres "Copos de Nieve".
El destino, siempre caprichoso, quiso que el nuevo míster se midiera a su
antiguo amor en el feudo de Los Cuartos; un derbi eléctrico que el Orotava se
llevó por 1-0 gracias a un testarazo de Manolo Saavedra, el gran orgullo de
Guía.
Sin embargo, el
fútbol da y quita. A mitad de temporada, el CD Tenerife, que militaba en la Segunda
División, llamó a las puertas de Los Cuartos para llevarse a Saavedra como
refuerzo de lujo. Su marcha dejó huérfana la delantera y mermó la pólvora de
los Copos. Aun así, el orgullo villero los llevó a clasificarse para la ansiada
Liguilla Interregional, amarrando el tercer puesto del grupo tinerfeño,
escoltando al Real Unión y al Estrella de La Laguna, y por delante de un
combativo CD Mensajero de La Palma. Al otro lado del charco esperaban los
colosos de la provincia oriental: la UD Las Palmas Aficionado, el Sporting San
José, el Firgas y el Arucas CF.
El debut en la
liguilla fue un jarro de agua fría: una derrota dominical por la mínima (0-1)
ante el Arucas en Los Cuartos al filo del mediodía. Conscientes de que
necesitaban más madera para la batalla interinsular, los directivos se movieron
rápido en el mercado de la época y reforzaron el plantel con tres nombres de
quilates: Adolfo (del UD Realejos),
Telillo (del CD Tacoronte) y Navarro (del CD Tenerife). Los dos últimos
echarían raíces en la Villa la temporada siguiente, mientras que Adolfo
regresaría a su feudo realejero tras cumplir con honores.
La fotografía de
Los Rodeos es el fiel reflejo de una época donde el fútbol era de la gente. En
ella, mezclados entre el frío de La Laguna y la euforia del punto cosechado en
Gran Canaria, posan futbolistas, directivos y personajes entrañables del
pueblo. Mirando de izquierda a derecha, y de arriba abajo, el tiempo se congela
para mostrarnos a:
Nolito, Sacramento,
Pepe Fariña, un rostro que el tiempo ha borrado, Villar, Ernesto Toste,
Navarro, Antonio Hernández Sánchez, Orlando Toste, Chuchito Ruiz, Fernando
Linares, Telillo, Riquelme Toste, Adolfo, Isidro Álvarez, Gajate, Blanco,
Arnoldo, el míster Ramón Mesa, Bernardo Hernández, Balbino, Felipe, Mon y el inolvidable
Tito, el taquillero del cine
Orotava y operario de Casiano García Feo, un hombre que representaba mejor que
nadie la esencia de un fútbol que ya no existe, pero que vive eterno en la
memoria de la Villa.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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