Aquel bicho invisible
y mortífero que nos recluyó en la pandemia tuvo, al menos, la decencia de
obligarnos a mirar hacia dentro. Fue en esos días de
aislamiento y silencio cuando, rastreando entre los viejos archivos de mi casa,
me topé con un tesoro envuelto en nostalgia: la extraordinaria portada a color
de un disco que es pura historia viva de nuestra tierra.
La imagen nos traslada de golpe al tramo final de los
años cincuenta, o quizás a los albores de los sesenta, en el corazón mismo de
la Romería Regional de San Benito Abad de
La Laguna. El color de la fotografía estalla
con el tipismo de una época dorada. En primera plana, con la mirada limpia de
la infancia, aparece el niño Ignacio Pérez Machado. Tras él, dibujando la
alegría en el empedrado, el grupo de baile infantil de don Gustavo Dorta
Hernández: una hermosa tropa de niños y niñas de apenas siete, ocho o nueve
años que, con una soltura que ya quisieran los viejos, ejecutaban el baile
canario de forma magistral.
Pero la intrahistoria de este vinilo cruza el Atlántico.
Aquellas canciones no se registraron en el Archipiélago, sino en los estudios
que el orotavense Ignacio Pérez “Infinito”
—padre de aquel niño de la portada— regentaba en la octava isla, en esa
Venezuela que entonces era el segundo hogar de tantos canarios.
El disco llevaba por título un desafío cargado de genio: “Y ESTO NO ES UNA ISA”,
una genialidad nacida de la pluma del jurista orotavense don Felipe Casanova y
Machado. El plástico encerraba la esencia misma de nuestra música popular, un
compendio de canciones canarias donde latía el alma de Los Guaracheros de
Tenerife, todo ello cobijado por la impecable orquestación de la banda de don
Juan Estany. Y en las voces, un torrente de identidad: los cantos vibrantes de
Blas Cruz y Reyes María Castellano.
Aquella portada rescatada del olvido no era solo cartón y
fotografía; era el eco de unas fiestas que ni el tiempo ni las distancias han
logrado apagar, el recordatorio de que la música canaria siempre encuentra el
camino de vuelta a casa.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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