martes, 27 de febrero de 2018

CALLE “CÓLOGAN” (II)


Fotografía correspondiente a la primera mitad del siglo XX de la calle Cólogan de la Villa de La Orotava, donde vemos el ambiente de entonces frente al ex convento de San Nicolás de monjas catalinas y dominicas, reconvertido en Teatro Municipal, Sala Power y convoy de viviendas de operarios municipales.
Edificio tristemente destruido en la década de los años cincuenta del siglo XX, para construir en su lugar los edificios; de correo y telégrafo, juzgados y Centro de Salud.

El amigo y compañero de docencia; Juan J. Martínez Sánchez. En su libro “LA OROTAVA, SUS CALLES, SU HISTORIA” en las páginas 98, 99 y 100, con la colaboración del amigo y convecino de la Villa de La Orotava MELCHOR DE ZARATE Y CÓLOGAN, nos habla de la histórica calle “CÓLOGAN”: “…Ubicada por el norte con la calle Viera y por el sur con las plazas de Patricio García y Casañas de la villa de La Orotava.
Por su calzada transcurría la acequia que conducía el agua de los regantes de la zona poniente el Río, al estanque regulador de San Martín. Cruzando la mencionada calle Viera a través de las inmediaciones de la ermita del Carmen, sirviendo de lavadero público y abrevadero. Su denominación de Cólogan, se tomó  por decisión de la corporación municipal, en la sesión celebrada, el 25 de enero de 1902. En honor a los méritos de don Bernardo Cólogan y Cólogan. Que había nacido el día 13 y fue bautizado el 16 de enero de 1847. Diplomático, al cumplir los 18 años fue destinado a la misión de Constantinopla, Caracas, México y Pekín. Ministro en Colombia y China; embajador en México y Tánger. En Pekín se distinguió notablemente como decano del cuerpo diplomático en la defensa de las legaciones extranjeras y en las negociaciones con el gobierno revolucionario, en nombre de las naciones europeas que intervinieron en el conflicto, cuando la insurrección de los bóxer ocurrida en el año 1900. La brillantez de su actuación en tan difíciles circunstancias le puso en posesión de grandes cruces de casi todas las naciones europeas. El gobierno español le concedió la gran cruz del mérito militar, con distintivo blanco.
Fue una de las vías que, por encargo del Licenciado Juan Ortíz de Zarate, acordeló, el memorable día 29 de mayo de 1506, el capitán Diego de Mesa. Por su calzada transcurría la acequia que conducía el agua de los regantes, de la zona de poniente, al estanque regulador de los San Martín, situado en el lado Norte del inicio del camino al Realejo, por la Luz Con el paso de los  a ñ o s, esta vía pública conoció varias denominaciones. La más antigua de ellas fue "del Hospital", en ella establecido, prácticamente desde la fundación del lugar, pues funcionaba en 1520. Este hospital de la Santísima Trinidad, estaba por aquellos años situado al inicio de la calle; en  1624, Don Nicolás de Cala fundó en su vecindad un convento de monjas dominicas, cuya iglesia confinaba con la casa del hospital, por lo que ambas instituciones estaban estrechas; por ello, dado el auge del monasterio, la enfermería se mudó a un edificio construido más abajo, siempre en la misma acera, esquina con la calle Viera. Allí lo conoció, en la segunda mitad del siglo XVIII, el memorialista Don Juan Antonio de Anchieta y Alarcón, que llegó a ayudar en su capilla a misa; desde allí se mudó, afínales de ese siglo, al Llano de San Sebastián, donde se había fabricado un nuevo emplazamiento, cuyo edificio aún subsiste.
También se  conoció a esta calle con el nombre de las Monjas, por el Monasterio de San Nicolás, al que antes hemos aludido. Heredó su patronato Don Pedro de Cala, que renunció a él, adquiriéndolo Don Diego Benítez de Lugo Grimaldi y Westerling, tronco de los marqueses de Celada, por escritura ante Juan González de Franquis, en 4 de septiembre de 1639, y se comprometió a erigir la capilla mayor de la iglesia, a ensanchar y enriquecer el convento, por lo cual adquirió las propiedades colindantes y, entre éstas, la casa del hospital, que trasladaron.
En 1716, un gran incendio destruyó la vecina mansión de Celada, residencia principal de los patronos, y también gran parte del monasterio, que luego fue reconstruido, corrigiendo, entonces, su alineación con la calle, ganando ésta en amplitud. Un nuevo incendio, en 1761, dañó otra vez el cenobio, que restaurado, se adueñó ahora de la totalidad de la manzana, comprendida entre las calles de Viera, La Paloma (hoy Magistrado Barreda), el callejón que lo separaba de las ruinas del palacio de Celada y la propia calle de las Monjas. Ese convento de San Nicolás Obispo, no constituía un edificio apretado, sino un conjunto, formado por
la iglesia, comunicada con las dependencias monásticas, refectorio, claustro, cocina y celdas, separados por huertas y patios; todo ello, aislado del exterior por gruesos y altos paredones. El templo, situado como ya dijimos en el extremo Suroeste, hizo de parroquia durante los años que duró la construcción de la actual; del convento sólo subsiste en la actualidad el extremo Noroeste.
Las sucesivas ampliaciones y remodelaciones del monasterio de dominicas  98 dieron mayor anchura a la calle, que de vía angosta pasó a ser ancha, con el inconveniente de su acusada pendiente, pero la ventaja de permitir la contemplación de una hermosa perspectiva urbana y paisajística.
Un tercer incendio, ocurrido en 1815, hizo difícil la continuidad en el edificio de la comunidad religiosa. Pocos años después sobrevino la desamortización y el monasterio fue en gran parte municipalizado y transformado en "edificio multiuso": la iglesia pasó a ser teatro y cine, el claustro mercado de vituallas, en otras dependencias se instalaron la cárcel del Partido Judicial, depósitos municipales, escuelas, etc.
En la segunda mitad de este siglo XX comenzaron a ser demolidos sus restos, y su suelo, en esta calle Cólogan, lo ocupan hoy los edificios de Correos, Casa de Socorro y el Dispensario de la Seguridad Social; el resto del solar lo constituyen viviendas unifamiliares y escuelas.
La acera de Poniente está formada por viviendas de porte, fabricadas en épocas diversas: el número 1 es edificio terminado en 1960, según planos del afamado arquitecto grancanario Don Miguel Martín-Fernández de la Torre, propiedad de la familia Zárate Altamirano; su vecina es una interesante casa, muestra de arquitectura vernácula, en la que nació, el 12 de agosto de 1914, Doña Elisa González de Chaves, fundadora del primer Colegio de Sordomudos de Tenerife; la número 5, es una mansión construida en 1630, por Doña Marina de Franchi, destruida por un incendio en 1745, y reconstruida por Don Carlos de Franchi; con el transcurso del tiempo, ésta fue de Doña Rosalía de Franchi, III Marquesa de la Candía, de quien la obtuvo Don Tomás Fidel Cólogan, esposo de Doña Laura Cólogan Franchi y Heredia, IV Marquesa de La Candia, sus sobrinos, que reformaron el edificio; en vida de sus nietos Doña Ana Cólogan y su marido Don Melchor de Zarate, la casa fué notablemente mejorada; hoy es propiedad de sus hijos. Alquilada a las Monjas de la Asunción de 1916 a 1920, sirvió de colegio y residencia de esta comunidad de religiosas, durante esos años. Este inmueble tiene adosada a su fachada, en su puerta principal, una plataforma de piedra, continuada con una  e s c a l e r a, particularidad que le ha conferido el nombre popular de "casa de los escalones". En su jardín existió un singular castaño que, según Viera, databa de la Conquista y que derribó un huracán, en 1953…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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