martes, 27 de febrero de 2018

EL ARTE SACRO DE LA OROTAVA



Para intensificar la importancia del arte de La Villa de La Orotava, artificio exuberante en efigies de grandes imagineros, arquitectura, pintura, y orfebrería que se exponen en los templos, así como la riqueza de sus hermandades. Todo un arcón de objetos de arte que deben constreñir los orotavenses de forma celosa y afectuosa.
Como basamento empleo el tomo de mi añejo profesor en el Colegio de San Isidro de la Villa de La Orotava, el recordado Don Alfonso Trujillo Rodríguez "SAN FRANCISCO DE LA OROTAVA" series de Monumentos de Canarias, editado por el Consejo Superior de investigaciones científicas, -investigación realizada en el Departamento de Arte de la Universidad de La Laguna, bajo la dirección del entonces catedrático de Historia del Arte, doctor asimismo de La Orotava Don Jesús Hernández Perera,- y la generosa Ayuda del Patronato José María Quadrado, e Instituto de Estudios Canarios de La Universidad de La Laguna.
Y afrontar mismamente en la procesión de la tarde del Viernes Santo "El Santo Entierro", ristra que recorre las calles pinas de la Villa. Que por el simbolismo del acto y por la belleza artística de las imágenes es uno de los pasos más concurridos de fieles a lo largo de la Semana Santa en La Villa de La Orotava, incluso la más larga, pues comienza en la parroquia de la Villa Arriba de San Juan Bautista, después de plasmar su recorrido por Farrobo, bajar por San Francisco hasta la plaza del Ayuntamiento, regresar a San Juan por la pina calle de los Tostones(León), y provenir a la ceremonia del entierro de Cristo en el altar mayor de la citada parroquia, bajo los acordes de la marcha musical "El Adiós a la Vida" de Puccini interpretada por la Banda de Música de La Agrupación Musical de La Orotava.
La procesión la adiestran las imágenes del Señor Difunto, la Dolorosa de Estévez, el San Juan de Luján, la Magdalena asimismo de Estévez, y los Santos Varones, conocidos por el apelativo de: José de Atimatea y Nicodemus obras del palmero Aurelio Carmona. El Cristo es crucificado y es yacente. Según Alfonso Trujillo Rodríguez;"...Tratase de un Crucificado que forma el grupo del Calvario con la Dolorosa y San Juan Evangelista, conjunto que se encuentra actualmente en la parroquia de San Juan en el primer altar de la izquierda, según se entra en el templo, en los pies de la cruz latina...."
Según el historiador Miguel Tarquis, en su escrito sobre la Semana Santa en Tenerife, nos subraya que; "...El paso del Señor difunto está formado por una bella urna de plata repujada, sin dosel, en donde yace el cuerpo del redentor. La escultura es un Cristo con los brazos articulados, con el que se celebraba en la iglesia del ex-convento de San Lorenzo el descendimiento de la Cruz. Parece obra sevillana del siglo XVIII y dicen que es original del imaginero Vega, discípulo de Montañés. Los Santos Varones, obras de regular mérito son de finales del siglo XVIII. La Magdalena y La Dolorosa de Fernando Estévez, son de vestir, la virgen está inspirada en la de Luján de la Iglesia de Nuestra Señora de La Concepción...". 
El cortejo emita al entierro de Cristo, sepelio del cuerpo de Jesús, inmediatamente de haber expirado el Hijo de Dios en la Cruz, en el que hacen referencia, aunque con ligeras variantes, los cuatros Evangelistas, diciendo que un hombre bueno y justo, llamado José, natural de Atimatea, senador, y que a pesar de ser hombre público no había tomado parte en las maquinaciones de los fariseos para dar muerte a Cristo, fue a Pilatos a pedirle el cuerpo de Jesús. Y con la aquiescencia del presidente lo bajó de la Cruz, lo envolvió en una sabana y lo puso en un sepulcro excavado en una pequeña cueva, en el cual no había sido depositado cadáver alguno.
Volviendo al estudio de la imagen de la Orotava, observamos, precisamente que, es un Crucificado que posee articulaciones en el empalme de los brazos con los hombros, debido que esta imagen se emplea para la solemnidad del Descendimiento de la Cruz, que se acontece cada cinco años, rito que se celebraba en el convento de Franciscano llamado por Viera "El Escorial de Canarias", que tras el incendio del 20 de Abril de 1.801, las imágenes de esta procesión pasaron a la parroquia de San Juan Bautista.
El Cristo Yaciente, es una obra sevillana de finales del XVII o comienzo del XVIII, parece que es del imaginero Vega, discípulo de Montañés, Alfonso Trujillo Rodríguez dice; "...que se presume que sea de finales del XVII, porque la procesión del Santo Entierro se organizó en el convento de San Francisco en los últimos años del siglo...".  La grandiosa talla villera muy apreciada que pasea por las rúas de la Villa la tarde del taciturno Viernes Santo, en una urna de plata repurgada, que según el catedrático mencionado con anterioridad el villero Don Jesús Hernández Perera, en su obra "Orfebrería de Canarias", nos documenta su procedencia, últimamente su sobrino el profesor titular de historia de América de la universidad de la Laguna convecino y contertulio Manuel Hernández Perera, se trata de una obra del insigne orfebre lagunero Pedro Merino de Cairós.
La urna del Señor difunto de la parroquia de San Juan, en la misma Villa, que también perteneció al convento franciscano de San Lorenzo, en cuya cabecera van repujadas las armas del donante...". Alfonso Trujillo Rodríguez la describe: "...Que es una urna delicada de plata. Está formada por un basamento de distinta altura, dividido por estípite, y cuyas dimensiones son las siguientes; largo, 171 cm.(inferior); largo superior, 189 cm.; alto en la cabecera, 55 cm.; alto en los pies, 37 cm.,; ancho -en la parte superior de los pies-, 79 cm.; ancho -en la parte superior de la cabecera-, 83 cm....".
El Cristo tiene una expresión de hombre muerto por sufrimiento, Alfonso Trujillo lo determina de la siguiente manera: "...Mide 158 cm. de estatura. Es, pues, de unas dimensiones muy cercanas a las normales en el ser humano. Llama la atención, la fina y maravillosa ejecución de la cabeza. Reposa suavemente sobre el hombro derecho. El cabello desciende ensortijándose.
La barba nazarena ofrece rabínicos rizos. La sangre de la corona de espinas desciende en surcos superficiales desde la frente, a través de los arcos superficiales tumefactos. Los párpados dan a los ojos la exacta expresión de la muerte, dejando apenas una rendija al cerrarse y caer. Tienen en torno las ojeras de los difuntos. La nariz es de bello trazado, y los labios apenas si se entreabren con la posición de haber exhalado el último suspiro. Tronco y extremidades son un exacto estudio anatómico. Se marcan en el tórax el último par de costillas, y los músculos pectorales llevan las señales del magullamiento. En el costado derecho brota abundante la sangre de los labios de la herida producida por la lanzada relajada. Las carnes de los muslos están abiertas, abultadas en gruesos apelotonamientos....".
Deslumbrante estudio apodíctico del recordado inquiridor académico y profesor Don Alfonso Trujillo Rodríguez, quizá más sensacional fue la imitación de su creador, porque este Cristo Yacente que se resguarda en la iglesia de San Juan del tradicional distrito del Farrobo es producto del arte religioso de incalculable valor histórico y artístico de la Villa de La Orotava.
Indudablemente la historia sobre la sepultura de Cristo, según el evangelista San Juan, el único que indica, como compañero de esta humanitaria tarea, a Nicodemus, añadiendo que esto trajo consigo una confección como de 100 libras de mirra y áloe para embalsamar el cadáver, y ambos piadosos varones ataron el Santo cuerpo con lienzos empapados de dicha substancias aromáticas. Según era costumbre entre los hebreos.
Siguiendo con la genealogía del entierro de Cristo, según Calmet, la tumba en donde fue enterrado Cristo estaba en el monte Calvario, al norte y al poniente respecto de Jerusalén: tenía la forma de una pequeña celda, excavada en la roca viva, casi cuadrada en su parte interior, de un altura de 8 pies y una pulgada desde el suelo hasta la bóveda, y de un largo de 6 pies y una pulgada y de un ancho de 15 pies y 10 pulgadas. La puerta del mismo, que miraba al Oriente, no tenía más que 4 pies de altura por 2 pies y 4 pulgada de anchos, y se cerraba por medio de una piedra de la misma roca del sepulcro, que fue la que sellaron los príncipes de los sacerdotes y en la que se sentó el ángel después que Jesús salió triunfante del sepulcro.
Que esta sínfisis sirva a los jóvenes villeros para su sabiduría, son ellos los que necesitan conocer la analogía de la Villa de La Orotava.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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