A mi querida e inolvidable madre, María del
Carmen Abréu González (Con
el recuerdo impecable de su belleza)
«La palabra más bella pronunciada por el ser humano es
"madre".»
— Kahlil Gibran
Tus brazos siempre se abrieron como un refugio ante cualquier tormenta.
Tu corazón, siempre atento, supo cuándo sostener la calma y cuándo brindar la
palabra exacta de una amiga. Tus ojos, de una sensibilidad infinita, sabían
firmeza cuando el camino exigía una lección. Tu fuerza y tu entrega marcaron el
rumbo de mi vida y me otorgaron las alas necesarias para emprender el vuelo. Un
hombre puede amar a su pareja con intensidad y a su esposa con devoción, pero a
su madre la ama con un afecto que desafía al tiempo. Como bien escribió W. S.
Ross: «La mano que mece la cuna es la mano que gobierna el mundo».
Entre todos los dones y méritos de una mujer, el más sublime es la
maternidad. Mi madre, María del Carmen Abréu González, fue la mujer más hermosa
que jamás conocí; una modista de elegancia excepcional para hombres, un ser
infinitamente comprensivo y una presencia generosa que llenaba de vida a cuanto
le rodeaba. Todo lo que soy se lo debo a ella. Cada logro en mi vida es fruto
directo de la formación moral, intelectual y humana con la que guio mis pasos.
A ella, y a todas las madres del mundo, mi eterno tributo y
felicitación.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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