Hablar
del 24 de mayo es evocar un día grande, profundamente arraigado en los
recuerdos de mi infancia y juventud en el Colegio San Isidro de la Villa de La
Orotava. Quienes cursamos el bachillerato con los padres salesianos guardamos
en el corazón aquellas solemnes fiestas colegiales. Hoy sigo disfrutando de esa
devoción, especialmente cuando el trono de María Auxiliadora recorre en
procesión la calle El Calvario. En su trayecto, la Virgen bendice los
escaparates comerciales bellamente engalanados con motivos florales, una
iniciativa que Don Claudio Sánchez Martín, primer director de la etapa
salesiana, introdujo en nuestra ambiciosa Villa.
La
memoria de estas procesiones nocturnas custodia también entrañables anécdotas.
Sirvan estas líneas como homenaje a mi gran amigo Paco Hernández Álvarez.
Recuerdo con cariño cómo, al pasar la procesión a la altura de "La
Campana" —aquella recordada peletería de mi niñez—, Paco se introducía
bajo las andas cargadas por los antiguos alumnos. Al tocar deliberadamente a
los cargadores de las secciones delantera y trasera, provocaba un bamboleo
acelerado y singular en el trono de la Virgen, uniendo la solemnidad con la
picardía propia de la juventud.
Más
allá de nuestras vivencias locales, la historia de esta advocación mariana se
fraguó en los momentos críticos de la Iglesia antigua. En el siglo XVI, la
expansión mahometana amenazaba Europa y la propia seguridad de Roma,
destruyendo los símbolos cristianos a su paso. Ante el peligro, el Papa Pío V
convocó a las potencias católicas para defender la fe. Este llamamiento culminó
el 7 de octubre de 1571 en la célebre Batalla de Lepanto, donde el ejército
aliado logró frenar la invasión bajo el amparo y el auxilio de la Virgen María.
El
9 de junio de 1868 se inauguró en Turín la Basílica de María Auxiliadora, un
proyecto impulsado por Juan Bosco, un sacerdote italiano de origen muy humilde.
Huérfano desde los tres años y con grandes dificultades para estudiar, Don
Bosco recibió en sueños la misión mariana de educar a los niños necesitados.
Más adelante, la Virgen le pidió edificar un templo bajo el título de
"Auxiliadora". Aunque el sacerdote inició la obra con solo tres
monedas de veinte centavos, la construcción se financió rápidamente gracias a
los numerosos favores y milagros atribuidos a la Virgen. La basílica se terminó
en solo cuatro años y se convirtió en la cuna de una devoción de alcance
mundial.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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