La alegría de la huerta es una fotografía congelada en los altos de la Villa
de La Orotava. Pino y Tino; Tino y Pino. Una pareja feliz en la tierra que hoy
prolonga su idilio en el paraíso infinito. Qué maravilla de destino.
María
del Pino Pérez, a quien todos llamábamos entrañablemente Pino, nos dejó para siempre en junio
de 2011, justo en los días que servían de preámbulo a las fiestas mayores de
nuestra Villa. Se fue siendo ya viuda de mi convecino y gran amigo —casi un hermano—
Tino Santos. Él partió primero, con esa alegría tan suya, y ahora ella camina a
su lado en la eternidad. Allí, de seguro, los aguarda su madre política, María
Cruz de Santos, otra madre inolvidable de mi entrañable calle El Calvario.
Cómo
olvidar, Pino, el día en que nos conocimos. Llegabas risueña con tus compañeras
del equipo de baloncesto del Colegio de La Milagrosa. A mí, con apenas 17 años
y cursando sexto de bachillerato en el Colegio de San Isidro, me encomendaron
la preparación técnica de ustedes.
¡Qué
tiempos aquellos en la cancha de Franchi Alfaro! Mi rutina era inflexible:
primero correr y rodear la plaza entera; luego el triple salto, el tiro a
distancia, los tiros personales y los pases, para cerrar con un partido corto
donde ensayábamos las tácticas del domingo. El amigo Tino siempre andaba
merodeando, acechándote. Cuando bajaba a tomar la guagua del Puerto, su
pregunta era inevitable: «¿Bruno, has visto a Pino?». Mi respuesta,
invariable, buscaba proteger el secreto: «Hoy no hay entrenamiento; mañana».
Así, aquel tierno amor de estudiantes terminó floreciendo en un matrimonio
pleno y feliz.
Nuestras
vidas corrieron en paralelo. Tras mi año de Preuniversitario en el histórico
Instituto de La Laguna, emprendí la carrera de Comercio. Tú, por tu parte, te
matriculaste en la Escuela de Servicios Sociales de Santa Cruz de Tenerife.
Terminamos los estudios a la par, aunque los caminos profesionales nos llevaron
por rumbos distintos. Iniciaste tu labor social en la Casa de Cuna de Tenerife
y la culminaste en tu querida ciudad del Puerto de la Cruz. Yo me inicié en la
administración de la hoy desaparecida Cooperativa Agrícola Bananera de
Tenerife, para acabar en mi verdadera vocación: la docencia en un instituto de
Formación Profesional.
Durante
tu enfermedad, solía preguntar por ti a tu hija en la oficina de CajaSiete de
la Villa. Al final, sus respuestas me preparaban para lo inevitable: estabas a
punto de reencontrarte con Tino, el amor de tu vida. No pude despedirme con el
abrazo y el beso que deseaba; la noticia de tu partida me llegó a través de tus
amigos de siempre, Manolo Bello y su esposa. Brotaron mis lágrimas al instante,
pero pronto comprendí que el llanto no tenía sentido: ahora eres inmensamente
feliz junto a los tuyos.
Viviste
siempre desvelada por los tuyos: tus hijas, tu esposo y esas nietas gemelas tan
graciosas. No te preocupes por ellas, Pino; te adoraban y te seguirán adorando
siempre. Un beso y hasta siempre.
Testimonios del recuerdo (2012)
Pino, la samaritana (Por Salvador García Llanos, amigo del Puerto de
la Cruz):
«Ejerció
durante treinta años como asistente social en el Ayuntamiento del Puerto de la
Cruz, gobernando el complejo y sensible territorio de las necesidades humanas.
Su labor consistía en escuchar las penurias y desahogos de quienes no tenían
más faro que el departamento municipal. La vi llorar cuando las colas
desbordaban las dependencias, incluso fuera de su jornada laboral. Ella
permanecía allí, como una doctora del alma, administrando la terapia del
consuelo y el aliento a los desamparados que ya habían agotado toda esperanza.
Su entrega no conocía horarios ni fronteras; se trasladaba, sin reservas, hasta
los propios hogares de los afectados».
Gratitud filial (Por su hija, Dácil Santos Pérez, amiga de la
Villa de La Orotava):
«Bruno,
muchas gracias de nuevo por este hermoso homenaje a mi madre. Además, lo haces
en una fecha muy especial, ya que el pasado 19 de abril habría cumplido 63
años. Gracias de corazón. Y a ti, Loly, gracias también».
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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