sábado, 23 de diciembre de 2017

TOMAS LINARES, PORTERO DEL PLUS ULTRA



Aniversario de su fallecimiento. El amigo desde la infancia de la Villa de La Orotava; ÁNGEL GARCÍA  GONZÁLEZ, remitió entonces (15/02/2017) estas notas que tituló; “TOMAS  LINARES,  PORTERO DEL PLUS ULTRA”: “…El pasado 23 de diciembre de 2016 nos dejó para siempre, a los 76 años, en el Puerto de la Cruz, donde residía.
Pertenecía a una familia futbolera, donde curiosamente  tres fueron guardametas. Su padre , Alejandrino , era muy popular entre la chiquillería de la Cruz del Teide, porque era uno de los camioneros de los Almacenes Rodríguez Franco, y a los que identificábamos por la marca del vehículo: Alejandrino el del Diamont , Basilio el del Chevrolet, Paco el del Commer, Tomás  el del Thames y así alguno más.
A Tomás le conocí como rival en el fútbol, más bien como espía del enemigo. Resulta que su hermano Fernando era entrenador del Águila Tinerfeña, donde yo jugaba, y nos enseñaba reglas y tácticas en el semisótano de su casa familiar en la calle Rosales. Tomás militaba en el infantil Orotava de Chile, alternando en la portería con Carmelo Miranda, tristemente fallecido con sólo 16 años. En una de estas reuniones, concretamente el martes Santo de 1955, nos percatamos que algo se movía detrás de un ventanillo a la altura del techo. Era Tomás, que nos espiaba y aunque  prometió solemnemente que lo que había oído no saldría de su boca, lo cierto es que a las pocas semanas el Orotava  nos ganó el partido decisivo, proclamándose campeón.
A la temporada siguiente fuimos compañeros en el Plus Ultra, al fusionarse el Orotava y el Águila. Pero, por un problema extradeportivo difícil  de entender, no se celebró el campeonato del Valle, y disputamos solamente partidos amistosos dentro y fuera con equipos del Puerto, Realejos, Icod y Garachico y desgraciadamente la temporada se terminó antes de tiempo cuando en el mes de mayo se lesionó gravemente Bravo, en partido con el Numancia.
En octubre de 1956 el Plus Ultra hace su debut en competición oficial de Juveniles, grupo Norte  con 8 equipos, de la que resulta campeón.
Defendían la portería Tomás, Seve y Rafael Padilla, un chico peninsular hijo de guardia civil. En el partido de rivalidad local con el Orotava, Tomás encajó un gol de Paco Polo, cuya narración a cargo del autor se prolongó en el bar Suizo hasta el partido de la segunda vuelta. En el torneo de campeones, el Plus Ultra obtuvo su bautizo de fuego en el Heliodoro, encajando 12 goles con el Atlético Tinerfeño que capitaneaba  Peña, una auténtica máquina futbolística, reconocido por la prensa de Las Palmas (casi nada) como el mejor equipo juvenil de todos los tiempos cuando en el mes de junio se proclamó en Gáldar campeón de Canarias.
La temporada 1957-58 fue la última de Tomás en juveniles. El campeonato no empezó hasta diciembre, con el debut del Iberia que sustituyó al Orotava. El Plus Ultra revalidó título, esta vez invicto y con muy pocos goles en contra, gracias a Tomás y Seve que defendían la puerta. También se mejoró en el torneo de campeones  frente a Real Unión y Estrella de La Laguna, donde Plus Ultra fue segundo y equipo  máximo goleador. El domingo 8 de junio de 1958, en Los Cuartos frente al Estrella, fue el último partido de Tomás, que saltó al campo con José Antonio, Tomasito y Leonardo, Reyes, Isidoro; Arzola, Sánchez, Martín, Fariña y Santiago. Buena despedida con victoria de 7 a 1 y no porque el árbitro fuera el villero Antonio Lima, imparcial como siempre, sino porque Arzola con cuatro goles (tres antes del descanso) le hizo ver las estrellas al lagunero Manolo.
En junio de 2009, Chile convocó a todos sus pupilos del Plus Ultra a una reunión en el Liceo Taoro para tratar del viaje a Lanzarote, 50 años más tarde de la última hazaña del equipo. Tomás Linares asistió a esa reunión, se alegró mucho de ver a todos sus compañeros después de tantos años, pero, muy a su pesar y visiblemente emocionado, manifestó que no podía ir porque tenía que cuidar a su esposa enferma.
Meses más tarde, ya solo, se le solía ver en el muelle del Puerto, siempre mirando al mar, como si esperara alguna tarde el regreso del ser querido. Y como no llegaba, se fue él a su encuentro…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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