La Hacienda de El Durazno y su capilla no
nacieron únicamente como una explotación agrícola, sino como un asiento
señorial vinculado a la floreciente producción vitivinícola de exportación (el
codiciado vino Malvasía) y al prestigio social de las élites de La Orotava.
ORIGEN
PATRIMONIAL Y LA CASA DE VILLAFUERTE
El complejo fue fundado y articulado a
mediados del siglo XVII por Bartolomé de Molina y Llarena, regidor, compatrono
fundador del Convento de San Agustín y destacado benefactor del Hospital de la
Santísima Trinidad. Al testar el 20 de agosto de 1688 sin descendencia directa,
legó la heredad a su sobrino, Francisco de Molina Llarena Lugo y Ayala,
adscribiendo la propiedad al mayorazgo familiar.
Don
Francisco de Molina (1658-1713), investido en 1683 por el rey Carlos II como I
Marqués de Villafuerte, fue una de las figuras aristocráticas y militares más
influyentes de Tenerife, llegando a ejercer como Castellano del Real Castillo
de San Cristóbal en Santa Cruz. Bajo su patrimonio, El Durazno quedó
consolidado dentro del linaje del marquesado hasta los albores del siglo XX.
EL
CONJUNTO ARQUITECTÓNICO Y SU EVOLUCIÓN
El enclave integraba la gran casona
solariega —con patio interior, balconadas de tea, lagar y bodegas— y la Capilla
de San Bartolomé, concebida como oratorio privado y símbolo de estatus
devocional. Durante los siglos XVIII y XIX, las tierras funcionaron como un
motor económico impulsado por el régimen de medianías, hasta que la crisis
agraria provocó su cambio de manos a principios de la centuria siguiente.
Tras
décadas de paulatino abandono, la casa y la ermita fueron felizmente
recuperadas y puestas en valor en 1949 por sus entonces propietarios, Rosario
Suárez García y el letrado Leocadio Cueva Felipe, evitando la ruina del
conjunto y preservando sus bienes muebles.
PATRIMONIO
Y TESTIMONIO HISTÓRICO
Como rescata el cronista Antonio Luque
Hernández en su obra La Orotava,
corazón de Tenerife (pág. 288), el templo atesora entre sus piezas de valor
artístico un soberbio cáliz novohispano de plata del siglo XVIII y un lienzo al
óleo con la efigie de San José. El 1 de enero de 1967, la histórica capilla
familiar fue erigida oficialmente como parroquia, pasando a dar servicio
pastoral a la comunidad de El Durazno.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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