domingo, 31 de diciembre de 2017

HACIENDA Y CAPILLA DE SAN BARTOLOMÉ APÓSTOL (EL DURAZNO)

La Hacienda de El Durazno y su capilla no nacieron únicamente como una explotación agrícola, sino como un asiento señorial vinculado a la floreciente producción vitivinícola de exportación (el codiciado vino Malvasía) y al prestigio social de las élites de La Orotava.

ORIGEN PATRIMONIAL Y LA CASA DE VILLAFUERTE

El complejo fue fundado y articulado a mediados del siglo XVII por Bartolomé de Molina y Llarena, regidor, compatrono fundador del Convento de San Agustín y destacado benefactor del Hospital de la Santísima Trinidad. Al testar el 20 de agosto de 1688 sin descendencia directa, legó la heredad a su sobrino, Francisco de Molina Llarena Lugo y Ayala, adscribiendo la propiedad al mayorazgo familiar.

Don Francisco de Molina (1658-1713), investido en 1683 por el rey Carlos II como I Marqués de Villafuerte, fue una de las figuras aristocráticas y militares más influyentes de Tenerife, llegando a ejercer como Castellano del Real Castillo de San Cristóbal en Santa Cruz. Bajo su patrimonio, El Durazno quedó consolidado dentro del linaje del marquesado hasta los albores del siglo XX.

EL CONJUNTO ARQUITECTÓNICO Y SU EVOLUCIÓN

El enclave integraba la gran casona solariega —con patio interior, balconadas de tea, lagar y bodegas— y la Capilla de San Bartolomé, concebida como oratorio privado y símbolo de estatus devocional. Durante los siglos XVIII y XIX, las tierras funcionaron como un motor económico impulsado por el régimen de medianías, hasta que la crisis agraria provocó su cambio de manos a principios de la centuria siguiente.

Tras décadas de paulatino abandono, la casa y la ermita fueron felizmente recuperadas y puestas en valor en 1949 por sus entonces propietarios, Rosario Suárez García y el letrado Leocadio Cueva Felipe, evitando la ruina del conjunto y preservando sus bienes muebles.

PATRIMONIO Y TESTIMONIO HISTÓRICO

Como rescata el cronista Antonio Luque Hernández en su obra La Orotava, corazón de Tenerife (pág. 288), el templo atesora entre sus piezas de valor artístico un soberbio cáliz novohispano de plata del siglo XVIII y un lienzo al óleo con la efigie de San José. El 1 de enero de 1967, la histórica capilla familiar fue erigida oficialmente como parroquia, pasando a dar servicio pastoral a la comunidad de El Durazno.

 

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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