Aquel
grupo de entusiastas posaba para la eternidad en la emblemática Plaza de Franchi Alfaro, un rincón que
entonces respiraba romanticismo con su pavimento de tierra, hermosos jardines y
un cinturón de árboles que custodiaba celosamente la cancha de baloncesto,
ubicada allí en su pista original. La fotografía, tomada desde el lado sur,
capturó no solo al equipo, sino un trozo de la historia viva del municipio:
justo delante de la estación de servicio “Texaco” que regentaba Juan Álvarez Díaz, donde los surtidores
de bombas se erigían huérfanos, aún sin su caseta. Al fondo, como testigos
mudos del paso del tiempo, se recortaban las dos majestuosas mansiones del
siglo XVIII de la calle El Calvario, hoy declaradas merecidamente Bien de
Interés Cultural (BIC).
El
nombre del club encerraba una de esas entrañables anécdotas de pueblo: el
denominativo de "Águila" procedía, curiosamente, de una perra
propiedad del orotavense Antonio
Hernández Estévez. Bajo ese singular amparo, los jóvenes saltaban a la
cancha luciendo un uniforme cargado de épica artesanal: camisetas teñidas de un
rojo encarnado y pantalones azules.
Para
el recuerdo de la canasta tinerfeña, la alineación de izquierda a derecha, de
arriba abajo, inmortalizó a: Manolo
Cabrera Estévez, Isidoro Sánchez García, Tomás Luis Expósito (conocido
cariñosamente como "El Cojo"), Cándido León Cabrera, Policarpo Luis
Expósito, Santiago Gajate y Juan María Leis. Héroes de barro y asfalto
de una época dorada.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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