domingo, 4 de junio de 2017

LA ROMERÍA DESDE LA AZOTEA (III)



A principios de los años setenta, la Romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza de la Villa de La Orotava vivía una época de absoluto esplendor. La multitud que arropaba a los romeros, las carretas y el ganado de nuestra tierra componía una estampa soberbia. Sin embargo, lo más admirable era el propio paisanaje: desde los niños hasta los más veteranos, todos vestían el traje tradicional como verdaderos magos y magas, haciendo gala de un orden, un respeto y una alegría ejemplares.

El paso del cortejo por la calle El Calvario resultaba apoteósico. Aquella genialidad se mantuvo intacta hasta que desapareció la tribuna de autoridades que, en años anteriores, había alzado el ilustre y recordado alcalde de la Villa, don José Estévez y Méndez, con la estrecha colaboración de mi padre, el industrial de la citada calle Juan Álvarez Díaz. Esta emblemática estructura marcaba el final definitivo del recorrido, hasta que las decisiones políticas de principios del siglo XXI la suprimieron. Aquel cambio provocó que la histórica romería concluya hoy al término de la calle de la Carrera, privándola de su cierre tradicional al final de El Calvario, justo donde la ermita custodia a los Santos Patronos hasta el año siguiente.

La azotea de mi casa, situada frente a la mencionada tribuna de convidados, era el prólogo y el epílogo de la gran fiesta orotavense, coronado siempre con un entrañable ventorrillo de despedida donde nunca faltaba el buen vino de la zona. En esta panorámica se aprecia a mi familia, ataviada al detalle con el traje típico de La Orotava, lista para subir hasta San Francisco y descender luego escoltando a los Santos.

La felicidad de aquel día quedó inmortalizada en sus rostros: Aurora Rodríguez junto a su esposo, el podólogo José Medina, y sus hijos; el recordado Amaranto Naranjo (vestido de paisano), natural de Santa María de Guía de Gran Canaria, quien pasaba largas temporadas en el hogar villero de su hijo Gilberto y con quien compartí tantos vasos de vino y tardes de fútbol animando a la UD Orotava; mis sobrinos Gilbert, Aurori, Xili y Marina; mi hermana Carmilla y su esposo, Gilberto Naranjo, sentado a la derecha. En el centro de la imagen aparecen Domingo Jiménez González con sus hijos, y Jorge Padrón —también de Guía de Gran Canaria— acompañado por su señora e hijos. Por último, se suma al grupo un matrimonio invitado de paisano con su familia cuya identidad no logro recordar; probablemente, entrañables amigos de mi hermana Carmilla.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

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