A principios de los
años setenta, la Romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza de
la Villa de La Orotava vivía una época de absoluto esplendor. La multitud que
arropaba a los romeros, las carretas y el ganado de nuestra tierra componía una
estampa soberbia. Sin embargo, lo más admirable era el propio paisanaje: desde
los niños hasta los más veteranos, todos vestían el traje tradicional como
verdaderos magos y magas, haciendo gala de un orden, un respeto y una alegría
ejemplares.
El paso del cortejo
por la calle El Calvario resultaba apoteósico. Aquella genialidad se mantuvo
intacta hasta que desapareció la tribuna de autoridades que, en años
anteriores, había alzado el ilustre y recordado alcalde de la Villa, don José
Estévez y Méndez, con la estrecha colaboración de mi padre, el industrial de la
citada calle Juan Álvarez Díaz. Esta emblemática estructura marcaba el final
definitivo del recorrido, hasta que las decisiones políticas de principios del
siglo XXI la suprimieron. Aquel cambio provocó que la histórica romería
concluya hoy al término de la calle de la Carrera, privándola de su cierre
tradicional al final de El Calvario, justo donde la ermita custodia a los
Santos Patronos hasta el año siguiente.
La azotea de mi
casa, situada frente a la mencionada tribuna de convidados, era el prólogo y el
epílogo de la gran fiesta orotavense, coronado siempre con un entrañable
ventorrillo de despedida donde nunca faltaba el buen vino de la zona. En esta
panorámica se aprecia a mi familia, ataviada al detalle con el traje típico de
La Orotava, lista para subir hasta San Francisco y descender luego escoltando a
los Santos.
La felicidad de
aquel día quedó inmortalizada en sus rostros: Aurora Rodríguez junto a su
esposo, el podólogo José Medina, y sus hijos; el recordado Amaranto Naranjo
(vestido de paisano), natural de Santa María de Guía de Gran Canaria, quien
pasaba largas temporadas en el hogar villero de su hijo Gilberto y con quien
compartí tantos vasos de vino y tardes de fútbol animando a la UD Orotava; mis
sobrinos Gilbert, Aurori, Xili y Marina; mi hermana Carmilla y su esposo,
Gilberto Naranjo, sentado a la derecha. En el centro de la imagen aparecen
Domingo Jiménez González con sus hijos, y Jorge Padrón —también de Guía de Gran
Canaria— acompañado por su señora e hijos. Por último, se suma al grupo un
matrimonio invitado de paisano con su familia cuya identidad no logro recordar;
probablemente, entrañables amigos de mi hermana Carmilla.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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