viernes, 30 de junio de 2017

UNA VIVIENDA DE NICOLÁS CASTRO FEBLES PARA EL PUERTO DE LA CRUZ: LA CASA VERANO FLORES



El amigo del Puerto de la Cruz; EDUARDO ZALBA GONZÁLEZ remitió entonces (2013) estas notas que tituló; “UNA VIVIENDA DE NICOLÁS CASTRO FEBLES PARA EL PUERTO DE LA CRUZ: LA CASA VERANO FLORES”.  
Este texto es un fragmento del artículo “Tradición y modernidad en el Puerto de la Cruz: dos ejemplos en la arquitectura de los años treinta del siglo XX” publicado en la Revista de Historia Canaria nº 191, año 2009, editada por los departamentos de Historia e Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, pp. 229-256: “…El primer proyecto autónomo hasta ahora conocido de Nicolás Castro Febles (1872-1959) se localiza en el archivo municipal de Los Realejos y corresponde a una petición particular para este enclave del Valle de La Orotava, encargo del practicante municipal Ramiro Rosado Iglesias en marzo de 1931 (1). La manera de resolver el inmueble, el tratamiento de los vanos y los materiales escogidos recuerdan a la arquitectura trazada por otros técnicos del momento. Aún así, resulta atractivo el hecho de que Antonio Pintor haya firmado en julio de ese mismo año un proyecto de vivienda de dos alturas de similares características, lo que evidencia la cercanía profesional de ambos sujetos (1).
Pero sin lugar a dudas el edificio más destacado de su autoría es la casa que ideó para las calles de La Hoya (Plaza de la Iglesia), Esquivel y Benjamín J. Miranda del Puerto de la Cruz en 1933 (1). El proyecto obedece a una petición del comerciante Casiano Verano Flores (1899-1972), natural de La Matanza de Acentejo, quien en el segundo cuarto del siglo XX adquirió la casa terrera que existía allí, un pequeño inmueble que podría identificarse con la que J.J. Williams incluyó en su célebre grabado de la plaza portuense (1). Se sabe que éste tenía una superficie de 143 m2, era propiedad de los herederos de Manuel Carrillo y lindaba al oeste con casas de la señora Marquesa de la Candia y de don Esteban Luis González. Los legatarios de Carrillo vendieron en octubre de 1922 a José García García setenta partes de las ochenta y cuatro en que constaba la herencia. En marzo de 1929 éste último pudo adquirir las catorce restantes y convertirse así en único propietario de la misma (2). No se ha localizado documentación que permita conocer el aspecto de este inmueble, salvo una planta general y un alzado de la fachada posterior realizados por el aparejador municipal Martín Núñez (2). Lástima que un desgaste en el material de soporte impide conocer la cifra final del año, si bien se puede adivinar sin ningún tipo de problema el resto de la fecha: 20 de agosto de 192[ilegible]. En él se indica una apertura de vano en la fachada de la calle Benjamín J. Miranda como puerta de acceso al patio trasero, que se embellece con un frontón curvo. El plano no lleva adjunto ningún expediente o diligencia que justifique que la obra llegó a efectuarse y ni siquiera se indica el nombre del peticionario de la reforma, por lo que es difícil adivinar si realmente se llegó a ejecutar.
Sí es seguro que en septiembre de 1930 Casiano Verano tiene el propósito de efectuar reformas en su casa número 2 de la calle de La Hoya, por lo que su adquisición debió llevarse entre los años de 1929 y 1930. Éstas consistieron en la confección de un techo para habilitar una habitación y en tirar un tabique para darle mayor amplitud a otra (2). Sin embargo, poco tiempo después ya tenía en mente una nueva edificación, puesto que en marzo de 1933 estaban finalizados los planos del nuevo inmueble, si bien no fue hasta abril de 1934 cuando presentó por registro una instancia para reformar su casa. Resulta significativo el hecho que en varias ocasiones se haga alusión al término reforma o reconstrucción, pues para llevar a cabo tal empresa constructiva fue necesario demoler por completo lo anterior.
El diseño del nuevo edificio resultó imponente para la actividad constructiva del Puerto de la Cruz de la época, al seguir los postulados que condicionaron la arquitectura heredada de décadas anteriores. Se proyectó así una fábrica en hormigón de dos alturas aderezada en fachada con molduras, balaustres, cornisas y otros elementos prefabricados que le confieren a la edificación un marcado carácter ecléctico. La fachada que da a la entonces llamada Plaza XIV de Abril (hoy de La Iglesia) presenta un mayor desarrollo ornamental que el resto y se configura como la principal. En ella dispuso dos elegantes balcones en planta alta con puerta de acceso de arco de medio punto flanqueadas por ventanas rectangulares enmarcadas a su vez por pilastras corintias. Este piso alto se corresponde en su parte inferior con cuatro grandes portalones, tres de acceso a un local comercial de ultramarinos y otro a la entrada principal del edificio. La utilización de vidrios de colores en las puertas y ventanas otorga un toque colorista que amplía aún más la concepción ecléctica de la fábrica. Es en el zaguán y hueco de escaleras donde se aprecia la suntuosidad de los materiales utilizada, ejemplificados en el arrimadero y peldaños (realizados en mármol blanco y jaspeados importados desde Italia) y en el pasa manos, confeccionado con maderas tropicales (2). El coronamiento se soluciona con un antepecho de balaustres circulares encadenados frente a las restantes fachadas, donde Castro optó por un muro ciego. La solución curva en la esquina le otorga un mayor efectismo a la edificación y guarda relación en el punto opuesto de la calle del 1º de Mayo (hoy Esquivel) con una vivienda de principios de siglo (reformada en 1955) (2), lo que unifica urbanísticamente ambos extremos de la vía. El tramo de fachada a ésta se conforma con ocho grandes vanos; cuatro en la parte inferior (dos puertas y dos ventanas de acceso a un salón) y cuatro en la superior que equivalen a diferentes estancias de servicios, dormitorio y salón. La otra esquina del inmueble se soluciona nuevamente con un chaflán curvo y junto a éste la tercera de las fachadas, que es de menores dimensiones y se conforma con cuatro vanos repartidos entre sus dos alturas.
Si la factura de los planos corresponde a Nicolás Castro, no debemos olvidar que el resultado final de numerosas edificaciones en esta época dependía de otros factores externos, tales como el maestro o jefe de obras, el contratista y los materiales disponibles, por citar sólo algunos casos. Resulta ahora necesario incluir en los estudios enfocados a arquitectura un concepto a veces obviado: el papel que adquirieron los maestros de obras, desmerecidos habitualmente por el protagonismo que adopta el arquitecto que ideó el proyecto. No olvidemos que detrás de cada edificación hay junto al arquitecto que ejecuta los planos, albañiles, peones, jefes de obras o carpinteros, que terminan de configurar la historia constructiva del edificio. Lástima que la documentación requerida por la mayoría de las oficinas municipales no consignara la identidad de estos personajes, tal y como sí ocurría en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, donde los expedientes reflejan los nombres del promotor, del arquitecto ejecutor, del arquitecto municipal y del maestro de obras encargado de la misma.
En este sentido cobra vital importancia la figura de Pedro Abrante, un personaje que interviene en la fábrica de Verano Flores como maestro de obras, según se desprende de su rúbrica en la memoria del proyecto. Se desconocen otros datos acerca de este sujeto, aunque podría ser viable su identificación con un personaje homónimo apellidado Abrante García activo en estas mismas fechas. De él sabemos que actúo en diferentes empresas constructivas como maestro de obras (Estadio Quiquirá en La Orotava) (2)  y contratista (proyecto de campo de aviación) (3).
Pedro Abrante firmó la memoria del proyecto el 12 de abril de 1934, el mismo día que el promotor presenta por registro la instancia pertinente, a diferencia de los planos de Febles que habían sido elaborados el 10 marzo de 1933. Nada sabemos acerca de su vinculación con la fábrica, si bien es obvio que la obra se ejecutó con algunas modificaciones sobre la traza original, como ahora detallaré.
Resulta peculiar la solución definitiva de los grandes huecos propuestos por Febles para la fachada a la calle Esquivel, que se habían proyectado con una molduración conopial en los extremos y que finalmente se ejecutaron adintelados en ángulo recto, al igual que el resto de los vanos del frontis. Esta solución tan de moda en los edificios de corte historicista de la década de los veinte y treinta fue propuesta en infinidad de ocasiones por Antonio Pintor para muchas de sus construcciones, llegando incluso a utilizarlas en fábricas de aspiración racionalista y conformando así una simbiosis ecléctica de dudoso significado (2).
Lo que más llama la atención de la casa de Casiano Verano es la solución de uno de sus chaflanes curvos, conformado por medio de un vano geminado con arco de herradura y capiteles de inspiración nazarí. Esta solución no se recoge en el proyecto original ni se especifica en la memoria elaborada un año más tarde, por lo que con ella surge la duda de cómo se originó el empleo de este elemento, nada discreto por otra parte. Ni los testimonios de los familiares ni la documentación conservada han sabido desvelar la utilización del mismo. ¿Capricho del comitente o sugerencia del maestro de obras? No debemos olvidar que tan sólo unos años antes se había producido una de las reformas más características del casco histórico de La Orotava. Se trata del patio de la Casa Ascanio, reformado por Mariano Estanga en torno a 1925 con un completo programa nazarí (1). En cualquier caso, ésta no es la única manifestación de elementos de tradición musulmana, ya que al mismo Estanga se atribuyen dos proyectos singulares ejecutados alrededor de 1910. El primero de ellos corresponde a la célebre Casa Cobiella de Santa Cruz de Tenerife, el más bello ejemplo de arquitectura neoárabe de las islas; y el otro es la Casa Beautell, que a pesar de tener un envoltorio propio de lenguajes afrancesados, su interior posee un patio de un refinado estilo granadino (2). La ciudad de Las Palmas tampoco estuvo ajena a esta solución ornamental, pues contó con alguna que otra edificación donde se conjugan elementos neomudéjares como la Villa María, debida a la proyectiva del arquitecto Fernando Navarro (1920) (4).
La impresión que estos y otros elementos ajenos a la tradición insular tuvieron en el panorama arquitectónico de la sociedad del Valle pudo motivar a que comitente o maestro de obras hayan optado por este guiño tan peculiar. Sea como fuere, no cabe duda que el ejemplar del Puerto de la Cruz responde a un intento de aspiración de una casa única y original en el contexto estrictamente local.
Pero más allá de cuestiones puramente ideológicas, interesa aludir también a otro factor clave: la adquisición de dichos elementos, tan específicos durante este período. La utilización de objetos prefabricados en cemento encarecía el coste total de una empresa constructiva, muchas veces aumentado por los portes del traslado a Canarias. Sin embargo, en 1904 el reconocido escultor Francisco Granados Calderón abre taller de escultura y ornamentación en la calle Santa Rosalía de Santa Cruz de Tenerife. En él abarcaba la producción de mosaicos hidráulicos, escaleras, balaustradas, pasamanos y elementos decorativos para fachadas de edificios (4). Precisamente, uno de sus reclamos en prensa era el de convencer a la clientela de las ventajas de adquirir el material en su taller, por lo que ahorrarían en ello el flete, derechos de transporte, embalaje y demás gastos y se evitan las roturas y desperfectos de importar estas piezas desde la Península o el extranjero (4).
Con la producción de los talleres de Granados Calderón se abastecieron importantes proyectos constructivos durante la primera mitad del siglo XX, como fueron, entre otros, la decoración del salón del Ayuntamiento de Santa Cruz (1905) (4), el arreglo de la Plaza de Alfonso XIII en La Orotava (1912) (4), la reforma del Teatro Guimerá (1912-1913) (4), así como las atribuciones que Darias Príncipe otorga a los inmuebles proyectados por Estanga ya aludidos. Nada sabemos acerca de la procedencia de los capiteles nazaríes del inmueble portuense y del resto de adornos, balaustres, jarrones y demás elementos de fachada, aunque su origen podría atribuirse a este mismo obrador debido a la importancia que adquirió tal empresa y la vinculación de Castro Febles con Santa Cruz de Tenerife.
Con el paso del tiempo la vivienda Verano-Marrero sufrirá una ampliación considerable, motivada sin duda  tras la adquisición de un terreno colindante a finales de los años cincuenta. La solución responde a los postulados del racionalismo de posguerra cuyo diseño -hasta ahora inédito- fue ejecutado en el estudio del arquitecto Tomás Machado y Méndez Fernández de Lugo (4). El nuevo edificio sirvió como desahogo a la incipiente familia (once hijos) así como para el alojamiento de huéspedes durante la época del boom turístico, distribuido en tres plantas destinadas a salón comercial y vivienda. La instancia para su materialización fue presentada en abril de 1959 y firmada por el interesado, por Tomás Machado como arquitecto director de las obras y por Roberto López Martín como aparejador responsable (3). La Comisión Municipal Permanente dio su visto bueno a la edificación, previa condición de que la fachada se ajuste a las normas de ornamentación tradicionales en el casco de la ciudad. Tras la liquidación de los derechos (905 pesetas), Casiano Verano pudo disfrutar el 22 de septiembre de 1959 de la correspondiente licencia, momento en que dieron comienzo las obras de edificación. El solar era de tan solo 60 m2 y disfrutó de la ventaja de no tener que disponer de hueco de escaleras, de tal modo que Machado utilizó toda la superficie para las diferentes estancias de servicio y dormitorios, utilizando la escalera del edificio de Castro Febles para comunicar las distintas alturas. De esta manera el nuevo inmueble quedaba configurado como una ampliación del existente y no como un bloque autónomo. Paradójicamente esta vinculación interna de ambos edificios se ve contrarrestada en el exterior por una antítesis de lenguajes constructivos, conformando una simbiosis no exenta de cierto interés plástico. Así la fachada fue solucionada por una pantalla rectangular, rota únicamente por los vanos y los volados de los balcones. Quizás sean estos dos elementos lo más interesante de la solución exterior, construidos por medio de una plancha vertical de hormigón en masa en forma de talud invertido, la cual se une a la pared de fachada por medio de tubos de hierro de claro gusto racionalista.
La opción de Machado de optar por una fachada sobria y racional evitó el problema que quizás hubiera originado una solución ecléctica de posguerra, la cual hubiera empañado sin ninguna dificultad el edificio propuesto por Febles en los años treinta.
Los encargos a Castro Febles para el Valle de La Orotava se completan con un proyecto de casa terrera para Jerónimo Carrillo Carballo en la calle Nueva de la Villa de La Orotava, desgraciadamente no conservada (5). Si lo equiparamos a la magnitud del anterior, este proyecto despierta poco interés y sólo resulta atractivo por dos motivos bien definidos. En primer lugar destaca que el plano esté fechado tan sólo cinco días después de la casa Verano Flores (15 de marzo de 1933) e igualmente en Puerto de la Cruz; y en segundo lugar que en él reproduzca elementos recurridos en el inmueble portuense, lo que indica la familiaridad de los proyectistas con los catálogos editados por las industrias del momento (5). Sobre el promotor sabemos que era carpintero, que en el momento del encargo ejercía de concejal en el Ayuntamiento de la Villa y que figuraba como miembro de las comisiones de Fomento y de la de Teatros y Espectáculos Públicos. Sin embargo, más tarde se vio envuelto junto a otros concejales en varios delitos judiciales (5).
Centrándonos ya en el proyecto, no es casual la existencia de estos planos alejados del núcleo metropolitano, si bien la documentación localizada hasta el momento impide conocer cualquier tipo de relación profesional o personal entre el técnico y sus comitentes.
NOTAS:
1  El plano está firmado y fechado en Santa Cruz de Tenerife el 4 de marzo de 1931. AMLR: Proyectos de obras 1-99, exp. 62. En lo referente al comitente véase AMLR: Expedientes Municipales, Caja 9, exp. 18 “Plantilla de funcionarios del Ayuntamiento”.
2 El proyecto responde a una petición de los señores Martí y Dehesa para la calle Eduardo Cobián (La Marina). AMSCT: Leg. 158/228.
3 AMPC: Leg. 617, carpeta nº 2. Reformas 1933/1936. Expediente sin numeración. Mi agradecimiento a la familia Verano-Marrero por las facilidades a la hora de visitar el inmueble.
4 El grabado sirvió para ilustrar la obra de Sabino Berthelot y Philip Barker-Webb Histoire Naturelle des Isles Canaries.
5 AMPC: Libro 550, tomo I, Registro fiscal de edificios y solares, ff. 36r-36v.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

No hay comentarios:

Publicar un comentario