De
la mano de Moisés Raya Pérez, entrañable lazo entre La Orotava y el Puerto de
la Cruz, nos llega este fragmento de historia detenida en el tiempo. Es el
retrato de Antonio Hernández Bethencourt, un portuense que con apenas siete
años cambió el salitre de las islas por los horizontes de Nueva Jersey,
convirtiéndose en testigo y protagonista de un siglo convulso.
Un
siglo ha pasado ya desde aquel 24 de agosto de 2013 que marcó el centenario de
su nacimiento en la calle Nueva del Puerto de la Cruz. Hijo primero de Domingo
y Dominga, la biografía de Antonio es el eco de tantas almas canarias
esparcidas por América. El destino familiar los empujó hacia el norte, a una
Nueva Jersey extraña para la emigración isleña de la época. Allí creció junto a
sus hermanos, los futuros actores Tom Hernández y Pepe Hern, compartiendo el
peso y la gloria de la doble identidad. Antonio defendió las barras y estrellas
en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial y en las trincheras
heladas de Corea. Construyó su vida junto a Teresa, y de ese amor nacieron tres
hijas que hoy custodian, en la distancia, las raíces de su herencia canaria.
Solo una vez, en 1971 y tras cincuenta años de silencios, Antonio regresó para
abrazar la tierra que lo vio nacer. La fotografía, capturada en la Nueva Jersey
de 1943, perpetúa un momento luminoso: Antonio, soldado y migrante, posa
arropado por el amor de su esposa Teresa y los ojos de su madre Dominga.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL
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