viernes, 30 de junio de 2017

UN PORTUENSE QUE SE HIZO NORTE AMERICANO EN EL TIEMPO.


De la mano de Moisés Raya Pérez, entrañable lazo entre La Orotava y el Puerto de la Cruz, nos llega este fragmento de historia detenida en el tiempo. Es el retrato de Antonio Hernández Bethencourt, un portuense que con apenas siete años cambió el salitre de las islas por los horizontes de Nueva Jersey, convirtiéndose en testigo y protagonista de un siglo convulso.

Un siglo ha pasado ya desde aquel 24 de agosto de 2013 que marcó el centenario de su nacimiento en la calle Nueva del Puerto de la Cruz. Hijo primero de Domingo y Dominga, la biografía de Antonio es el eco de tantas almas canarias esparcidas por América. El destino familiar los empujó hacia el norte, a una Nueva Jersey extraña para la emigración isleña de la época. Allí creció junto a sus hermanos, los futuros actores Tom Hernández y Pepe Hern, compartiendo el peso y la gloria de la doble identidad. Antonio defendió las barras y estrellas en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial y en las trincheras heladas de Corea. Construyó su vida junto a Teresa, y de ese amor nacieron tres hijas que hoy custodian, en la distancia, las raíces de su herencia canaria. Solo una vez, en 1971 y tras cincuenta años de silencios, Antonio regresó para abrazar la tierra que lo vio nacer. La fotografía, capturada en la Nueva Jersey de 1943, perpetúa un momento luminoso: Antonio, soldado y migrante, posa arropado por el amor de su esposa Teresa y los ojos de su madre Dominga.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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