lunes, 19 de junio de 2017

DELANTE DE LOS RECORDADOS TARAJALES



Verano de 1936. En plena Guerra Civil española, mi familia paseaba —por así decirlo— por la inolvidable playa de Martiánez, en el Puerto de la Cruz. Mientras tanto, mi padre, Juan Álvarez Díaz, prestaba servicio en la retaguardia, en el Cuartel de San Carlos de Santa Cruz de Tenerife.

En la imagen, posan delante de los recordados tarajales que entonces embellecían el viejo camino hacia la batería de San Telmo. Allí aparecen María del Carmen Abréu González (mi madre, joven y guapísima), excelente modista de caballeros; Consuelo Abréu González (mi segunda madre, "Tata"); y Angelita Pacheco López (ahijada de mi madre). Junto a ellas está una niña juguetona: mi hermana mayor, Dolores Álvarez Abréu (Lola), que entonces tenía un año de edad.

Como curiosidad, los bancos tallados en piedra molinera —traídos desde el municipio de Arucas, en Gran Canaria— que bordeaban la plaza de la playa de Martiánez, desaparecieron años después con la llegada del famoso bit turístico.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

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