martes, 27 de febrero de 2018

EZEQUIEL DE LEÓN DOMÍNGUEZ: EL ALMA DEL BARRO Y LA GUBIA EN LA IMAGINERÍA CANARIA



1. LOS PRIMEROS AÑOS Y LA CHISPA VOCACIONAL

Ezequiel de León Domínguez vino al mundo el 2 de octubre de 1926 en una humilde casa terrera de la Calle Nueva, en la Villa Arriba de La Orotava, un barrio enraizado en la tradición de carpinteros, zapateros y artesanos. Primogénito de una familia numerosa, su padre trabajaba en la fábrica de gaseosas de la familia Padrón y su madre se entregaba a las labores del hogar.

Desde su más temprana infancia, Ezequiel sintió una atracción irrefrenable por el modelado, aprovechando la masa de pan o la cera de las velas para dar forma a sus primeras creaciones. Su labor como monaguillo en la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción no solo avivó su devoción, sino que le facilitó los restos de cera con los que reproducía incansablemente al Cristo a la Columna de Pedro Roldán, repartiendo pequeñas figuras por los hogares villeros.

De aquella época infantil guardaba con afecto las memorias que su amigo Leoncio Estévez Merino plasmó en su libro «...Los niños que jugaban con los Santos». Evocaba Leoncio cómo Ezequiel, dotado de un talento natural, poseía las mejores imágenes para jugar a las procesiones. En una ocasión, al simular la sepultura del Cristo yacente en el "Señor del Muerto", utilizaron la gaveta de una vitrina a modo de sepulcro. Al cerrarla con violencia para simular el estruendo ceremonial, rompieron accidentalmente dos jarrones de bodas de la madre de Ezequiel, provocando la previsible y cómica humareda familiar.

2. FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN TÉCNICA

Con apenas catorce años recibió su primer reconocimiento al modelar en barro un busto de José Antonio Primo de Rivera. Poco después realizó su primera obra religiosa de envergadura: el Padre Jesús Nazareno, expuesto en la parroquia de La Perdoma. Por aquellos años, el odontólogo César Hernández Martínez le encomendó también la realización de un belén impregnado de paisajes tradicionales canarios.

Su formación artística comenzó a los siete años en la Escuela Municipal de Dibujo "José María Perdigón", donde los hermanos "Vitales", conocidos maestros de obras, le enseñaron a trabajar el barro. Más tarde amplió sus horizontes en la Escuela de Bellas Artes de Tenerife y en la Escuela Luján Pérez de Las Palmas. Completó su trayectoria académica en la Escuela de Artes Aplicadas de Madrid y en la de Restauración de Santa Isabel de Hungría en Sevilla, donde destacó tempranamente por su participación en la restauración del Retablo Mayor de la Catedral hispalense.

En 1952 contrajo matrimonio con doña Evarista Cruz Correa, fruto de cuya unión nacieron seis hijos. Su legado artístico encontró continuidad en su estirpe: Jesús de León Cruz, enfocado en la imaginería, y Ezequiel de León Cruz, dedicado a la pintura y al arte efímero del alfombrismo. Tras su enlace, fijó su residencia cerca de la Charca de Ascanio, luego en el barrio de San Antonio María Claret y, finalmente, en La Perdoma.

3. ETAPAS DE UNA PRODUCCIÓN PROLÍFICA

La historiadora Juana Isabel Guerra Cabrera subdividió la trayectoria del imaginero en cinco grandes etapas, ampliada posteriormente a siete por Juan Manuel Reyes Cornejo para dar cobertura a toda su producción:

·                Primera etapa (1936 – 1947): Abarca sus inicios juveniles en el contexto de la Guerra Civil y la posguerra.

·                Consolidación técnica (1947 – 1961): Transición a obras de gran formato. Destacan el Nazareno de La Perdoma y la réplica del Cristo a la Columna para Granadilla, además del Ángel del paso de la Oración en el Huerto para el monasterio de las Clarisas en La Laguna.

·                Madurez y devoción marianas (1961 – 1976): Etapa de proyección pública desde su taller en la calle El Agua de La Laguna. De este período datan Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, el Cristo de la Montaña de Taco, el Cristo de la Cañita y la Entrada de Jesús en Jerusalén.

·                Contacto con la escuela sevillana (1976 – 1978): Predominio de imágenes vestideras. Tras el devastador incendio del templo de la Concepción del Realejo Bajo, prometió la donación del Cristo de la Redención.

·                Resurgimiento y plenitud (1978 – 1986): Tras su regreso de Sevilla, afronta la creación con una solvencia técnica impecable. Realiza el conjunto del Calvario de San Lázaro en La Laguna (La Dolorosa, San Juan y La Magdalena) y varias imágenes para la reconstrucción de La Concepción del Realejo Bajo.

·                Taller en La Perdoma (1986 – 1994): Periodo de intensa actividad tanto en imaginería pasional como de gloria, incorporándose a la labor su hijo Jesús y su discípulo Cristo García Quintero.

·                Última etapa en el Barrio de La Luz (1995 – 2005): Creación de un nuevo taller en La Orotava, produciendo numerosas piezas para las celebraciones de la Semana Santa y fiestas patronales de diversos barrios.



4. LEGADO, MAESTRÍA Y ESPÍRITU HUMANO

Como bien señalaba Juan Manuel Reyes Cornejo, la prueba de fuego de todo imaginero estriba en el Crucificado. Ezequiel de León abordó el estudio anatómico del Cristo en la cruz en una treintena de ocasiones; jamás repitió una postura, una expresión o el plegado del paño de pureza (perizonium). Su versatilidad le permitió dominar la cera, la escayola, la terracota y, sobre todo, la madera de cedro.

Fue el gran difusor del modelo neoclásico de la Virgen de Candelaria —concepción heredada de Fernando Estévez— e impulsor de la iconografía del Santo Hermano Pedro desde 1981. Paralelamente a la escultura, destacó como un hábil pintor muralista y un consumado alfombrista, dedicando más de 25 años a la confección del tapiz de la plaza del Ayuntamiento de La Orotava.

A pesar de su magnitud artística, la principal virtud de Ezequiel fue la humildad. Enemigo del protocolo y del ornato formal, fue un hombre sencillo, campechano y sabio. Desprendido del interés material, en no pocas ocasiones sufrió abusos por parte de compradores que se aprovecharon de su buena fe. Vivía por y para la creación artística, acompañado en la penumbra de su taller por el silencio de las gubias y el calor de sus animales domésticos.


5. EL RECONOCIMIENTO DE UN PUEBLO

El 26 de mayo de 2008, en el marco de las Fiestas Mayores de La Villa de La Orotava, se le rindió un emotivo homenaje en la residencia de mayores del Llano de San Sebastián, con motivo de su nombramiento unánime como Hijo Ilustre de la Isla de Tenerife. Durante el acto, en el que se dieron cita familiares, vecinos y autoridades, su hijo Ezequiel dedicó unas conmovidas palabras al maestro:

«Caminante no hay camino, se hace camino al andar… Mi padre comenzó a caminar a los cuatro años con la cera y la miga de pan entre sus dedos. Ha sido un gran ingeniero de la vida que nos ha dejado una estela de humildad y veneración por el arte. Tuvo tres grandes amores: su esposa Evarista, los animales que dormían entre las gubias y la escultura. Su arte está presente en casi cada iglesia y capilla de Canarias, con más de 150 obras de culto e innumerables piezas civiles. Se nos va un hombre humilde, sin trajes ni corbatas, pero rico en sabiduría y generosidad».

Pese a ostentar distinciones como Villero de Honor, Pétalo de Oro y el Premio de Artesanía y Patrimonio, una parte representativa de la cultura canaria siempre consideró que a don Ezequiel de León se le debió otorgar en vida el Premio Canarias de Bellas Artes. Su aportación para reparar el patrimonio destruido tras incendios trágicos como el de la Iglesia de San Agustín de La Laguna o la Concepción de Los Realejos lo sitúa en la cúspide de la imaginería canaria, a la altura de referentes históricos como Luján Pérez o Fernando Estévez.


Hoy en día, su taller permanece abierto en el barrio de La Luz bajo la dedicación de su hijo Jesús y su discípulo Cristo García Quintero, salvaguardando la memoria y la gubia del hombre que esculpió la fe de todo un archipiélago.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL





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