viernes, 28 de julio de 2017

ESPERANZA RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ (MI TÍA)

Nació en Madrid el 17 de enero de 1917 y falleció en la misma capital el 29 de julio de 2007, a los 90 años de edad. Sus restos descansan en el Cementerio de La Almudena. Estudió en el colegio madrileño de San Luis de los Franceses —donde la enseñanza era exclusivamente en francés— y, posteriormente, trabajó en las oficinas de la delegación sindical de la capital.

El 22 de noviembre de 1947 contrajo matrimonio en la iglesia de San Sebastián, un templo situado muy cerca de la calle y plaza de Matute nº 5. Allí residía junto a sus hermanos: Rosario (Saro), esposa del registrador de la propiedad don Luis Nicolás Isasa; Aurelio, comisario jefe de policía en Las Palmas de Gran Canaria; y Juan Antonio. Se casó con el orotavense Enrique Abréu González (mi tío), en una ceremonia donde actuaron como padrinos Carlos Delgado Febles, oriundo de La Matanza de Acentejo (Tenerife), y la madrileña Esperanza Fernández García Navas, madre de la novia.

Su padre, don Aurelio Rodríguez, era joyero de profesión. Su prestigio fue tal que lo propusieron como joyero del Rey, aunque el cargo se otorgó finalmente a otro candidato con mayores recomendaciones. Dejó un gran legado artístico al elaborar numerosas custodias para las iglesias de Madrid; una de ellas se conserva en la iglesia de las Calatravas, en la calle Alcalá. Don Aurelio era un hombre profundamente religioso y muy vinculado a las parroquias cercanas a la calle Matute. Entre otras actividades, pertenecía a la Adoración Nocturna y era cofrade de San José, la iglesia más antigua de Madrid, ubicada también en la calle Alcalá.

Tras la boda, el matrimonio se trasladó a Vigo (Pontevedra), donde mi tío Enrique trabajaba como jefe-receptor en las oficinas de la Cooperativa Agrícola Norte de Tenerife (FAST). Allí nacieron sus dos hijos: Enrique José, el 5 de diciembre de 1948, y Esperanza Cecilia, el 15 de marzo de 1952.

El 6 de octubre de 1952, la familia llegó a la Villa de La Orotava (Tenerife) al reincorporarse mi tío a las oficinas centrales de la FAST. Inicialmente se establecieron en Las Arenas (Puerto de la Cruz) para estar más cerca de su puesto de trabajo. Dos años después, el 9 de septiembre de 1954, Enrique solicitó una excedencia para trabajar en el sur de la isla como encargado general de la empresa agrícola del Sr. Negrín, en la zona de Los Álamos, en Playa de San Juan (Guía de Isora). Más adelante regresaron a La Orotava, ya que su esposo retomó su empleo en la FAST como encargado general del almacén de Las Arenas. En septiembre de 1958, se instalaron de alquiler en una casa —que aún se conserva— propiedad de doña Jovita González «La Panadera», en la calle Verde (actual Nicandro González Borges).

El 12 de septiembre de 1959, mi tío solicitó una nueva excedencia para regresar al sur de Tenerife. En esta ocasión trabajó en Fañabé (Adeje) como encargado general de la empresa exportadora de tomates «Entrecanales y Larrarte». La familia se mudó a un apartamento de la compañía, pero mantuvo el alquiler de la casa de La Orotava para pasar las vacaciones. En 1961 volvieron definitivamente a la Villa de La Orotava y a su hogar de la calle Nicandro González Borges, al integrarse Enrique en la citada compañía «Entrecanales y Larrarte» como encargado general del recién inaugurado empaquetado de plátanos en La Quinta (Santa Úrsula). Allí trabajó hasta su prematura muerte, ocurrida el 15 de junio de 1964 a los 46 años de edad.

Al quedar viuda, regresó a su Madrid natal junto a sus dos hijos (mis primos). Trabajó en Suiza durante varios años y, finalmente, se estableció de forma definitiva con sus hijos en el barrio madrileño de Aluche.

Sirva este relato como un sincero homenaje al recuerdo y a la vida de mi tía Esperanza Rodríguez Fernández, una persona extraordinaria y profundamente querida por todos.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR M ERCANTIL


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