Nació
en Madrid el 17 de enero de 1917 y falleció en la misma capital el 29 de julio
de 2007, a los 90 años de edad. Sus restos descansan en el Cementerio de La
Almudena. Estudió en el colegio madrileño de San Luis de los Franceses —donde
la enseñanza era exclusivamente en francés— y, posteriormente, trabajó en las
oficinas de la delegación sindical de la capital.
El
22 de noviembre de 1947 contrajo matrimonio en la iglesia de San Sebastián, un
templo situado muy cerca de la calle y plaza de Matute nº 5. Allí residía junto
a sus hermanos: Rosario (Saro), esposa del registrador de la propiedad don Luis
Nicolás Isasa; Aurelio, comisario jefe de policía en Las Palmas de Gran
Canaria; y Juan Antonio. Se casó con el orotavense Enrique Abréu González (mi
tío), en una ceremonia donde actuaron como padrinos Carlos Delgado Febles,
oriundo de La Matanza de Acentejo (Tenerife), y la madrileña Esperanza
Fernández García Navas, madre de la novia.
Su
padre, don Aurelio Rodríguez, era joyero de profesión. Su prestigio fue tal que
lo propusieron como joyero del Rey, aunque el cargo se otorgó finalmente a otro
candidato con mayores recomendaciones. Dejó un gran legado artístico al
elaborar numerosas custodias para las iglesias de Madrid; una de ellas se
conserva en la iglesia de las Calatravas, en la calle Alcalá. Don Aurelio era
un hombre profundamente religioso y muy vinculado a las parroquias cercanas a
la calle Matute. Entre otras actividades, pertenecía a la Adoración Nocturna y
era cofrade de San José, la iglesia más antigua de Madrid, ubicada también en
la calle Alcalá.
Tras
la boda, el matrimonio se trasladó a Vigo (Pontevedra), donde mi tío Enrique
trabajaba como jefe-receptor en las oficinas de la Cooperativa Agrícola Norte
de Tenerife (FAST). Allí nacieron sus dos hijos: Enrique José, el 5 de
diciembre de 1948, y Esperanza Cecilia, el 15 de marzo de 1952.
El
6 de octubre de 1952, la familia llegó a la Villa de La Orotava (Tenerife) al
reincorporarse mi tío a las oficinas centrales de la FAST. Inicialmente se
establecieron en Las Arenas (Puerto de la Cruz) para estar más cerca de su
puesto de trabajo. Dos años después, el 9 de septiembre de 1954, Enrique
solicitó una excedencia para trabajar en el sur de la isla como encargado
general de la empresa agrícola del Sr. Negrín, en la zona de Los Álamos, en
Playa de San Juan (Guía de Isora). Más adelante regresaron a La Orotava, ya que
su esposo retomó su empleo en la FAST como encargado general del almacén de Las
Arenas. En septiembre de 1958, se instalaron de alquiler en una casa —que aún
se conserva— propiedad de doña Jovita González «La Panadera», en la calle Verde
(actual Nicandro González Borges).
El
12 de septiembre de 1959, mi tío solicitó una nueva excedencia para regresar al
sur de Tenerife. En esta ocasión trabajó en Fañabé (Adeje) como encargado
general de la empresa exportadora de tomates «Entrecanales y Larrarte». La
familia se mudó a un apartamento de la compañía, pero mantuvo el alquiler de la
casa de La Orotava para pasar las vacaciones. En 1961 volvieron definitivamente
a la Villa de La Orotava y a su hogar de la calle Nicandro González Borges, al
integrarse Enrique en la citada compañía «Entrecanales y Larrarte» como
encargado general del recién inaugurado empaquetado de plátanos en La Quinta
(Santa Úrsula). Allí trabajó hasta su prematura muerte, ocurrida el 15 de junio
de 1964 a los 46 años de edad.
Al
quedar viuda, regresó a su Madrid natal junto a sus dos hijos (mis primos).
Trabajó en Suiza durante varios años y, finalmente, se estableció de forma
definitiva con sus hijos en el barrio madrileño de Aluche.
Sirva
este relato como un sincero homenaje al recuerdo y a la vida de mi tía
Esperanza Rodríguez Fernández, una persona extraordinaria y profundamente
querida por todos.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR M ERCANTIL
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