Mi amiga y vecina de la calle El Calvario, Carmen Pérez y
Pérez —la entrañable Ninina—, nos regaló esta ventana al pasado. Es una
fotografía tomada en el ocaso de los cincuenta, en aquella inolvidable terraza
de la playa de Martiánez, cuando el Puerto de la Cruz suspiraba por el mar.
En la imagen, el tiempo se congela en un guiño al glamur
de Hollywood. Cuatro jóvenes —Lucía Hernández Sacramento (Cita), Antoñita
Linares, Ana María y la propia Carmen— posan con la frescura de su edad. Visten
la ilusión de una época, luciendo trajes cortados y cosidos con mimo por las
modistas de la Villa de La Orotava.
Detrás de sus sonrisas, la memoria rescata el paisaje
perdido: los míticos merenderos de Felipe Santiago Hernández y de Agustín
González, donde se cruzaban las almas portuenses y orotavenses. Al fondo, casi
tímida, comenzaba a dibujarse la entonces nueva Avenida de Colón, testigo del
fin de una era.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL


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