sábado, 29 de julio de 2017

CUATRO ENTONCES JÓVENES OROTAVENSES EN MARTIÁNEZ


Mi amiga y vecina de la calle El Calvario, Carmen Pérez y Pérez —la entrañable Ninina—, nos regaló esta ventana al pasado. Es una fotografía tomada en el ocaso de los cincuenta, en aquella inolvidable terraza de la playa de Martiánez, cuando el Puerto de la Cruz suspiraba por el mar.

En la imagen, el tiempo se congela en un guiño al glamur de Hollywood. Cuatro jóvenes —Lucía Hernández Sacramento (Cita), Antoñita Linares, Ana María y la propia Carmen— posan con la frescura de su edad. Visten la ilusión de una época, luciendo trajes cortados y cosidos con mimo por las modistas de la Villa de La Orotava.

Detrás de sus sonrisas, la memoria rescata el paisaje perdido: los míticos merenderos de Felipe Santiago Hernández y de Agustín González, donde se cruzaban las almas portuenses y orotavenses. Al fondo, casi tímida, comenzaba a dibujarse la entonces nueva Avenida de Colón, testigo del fin de una era.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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