sábado, 15 de julio de 2017

LA OJE EN EL TIEMPO



Esta recordada fotografía, que custodia mi mujer Antonia María González  Chaves y Díaz, correspondiente a los entonces estudios fotográficos Benhaggay, que estaban en la calle La Candelaria de Santa Cruz de Tenerife y en la Calle Calvo Sotelo del Puerto de la Cruz.
Se trata de los campamento  de verano que organizaba la OJE (Organización Juvenil Española), esta vez en la isla Colombina de la Gomera de principio de los años sesenta del siglo XX.
De Izquierda a derecha, grupo de la Cruz Santa (Los Realejos) frente a su caseta correspondiente. De izquierda a derecha; Félix González de Chaves y Díaz (actualmente médico en Sevilla, mi cuñado), Domingo Cedrés,  Esteban González de Chaves y Díaz (actualmente médico en La Palmas de Gran  Canarias), Oscar González de Chaves y Pérez, Paco García  y Díaz (fallecido), y Alejandro González de Chaves y Díaz (mi cuñado).
A titulo anecdótico, voy a contar, el por qué me disgregué de pertenecer a esa organización y me redimí de sus campamentos. Un servidor con nueves años, asistía al grupo de la OJE de la Villa de La Orotava, que tenía su sedes en la  calle Sor Soledad Cobián (antigua carretera del Pinito), decidí ir a frecuentar ese lugar con mi primo Enrique Abréu Rodríguez (Quique, en Madrid desde hace 50 años), para jugar al ping pong y otros juegos de mesas. Un día el entonces jefe de la organización el orotavense Riquelme Toste, me da unos papeles que para seguir utilizando las instalaciones, para juegos infantiles y demás, tenía que traérselos firmados y autorizados por mi padre. Eso lo hice, me personé en la oficina de los negocios de servicios de mi padre Juan Álvarez Díaz en la calle El Calvario de La Villa, el cual se encontraba  sentado en su despacho,  le expliqué el tema de la documentación,  me contestó que no firmaba esos papeles, puesto que  un servidor (9 años), tenía otros lugares, sobre todo el colegio de San Isidro para esos juegos. La sorpresa, fue que antes el asombro de mi pobre padre, me llevé un gran disgusto, por lo que me fui llorando a casa, y casi no le rompo de una fuerte patada la puerta de la cocina precedentemente a la presencia y el susto  de mi pobre madre María del Carmen Abréu González.  
MI pobre padre me dejó para siempre cuando tenía 15 años de edad, nunca comprendí su comportamiento, respeto a la OJE.  Posteriormente cuando  estaba estudiando Preu en el Instituto de San Agustín (Cabrera Pinto) de la Laguna y jugaba al baloncesto en el juvenil AA. AA. Salesianos de La Orotava, me enteré lo que la OJE representaba en la entonces sociedad, del anterior régimen. Si mi padre estuviese vivo, le hubiese dado las gracias y un fuerte abrazo, por su disposición, la cual consideré aceptada, de lo contrario hubiese pertenecido a una formación que no era de la complacencia de muchos españoles.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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