Don
Isidoro Luz Carpenter,
apodado con justicia el Julio Verne del Puerto de la Cruz por su visión
adelantada a su tiempo, encarnó la figura del verdadero visionario y
trasformador del norte de Tenerife. Nacido el 27 de febrero de 1897, siguió la
estela del liderazgo público de su padre, Don Melchor Luz y Lima, quien en su
etapa de alcalde llegó a recibir al rey Alfonso XIII en el emblemático Hotel
Taoro. Tras estudiar el bachillerato en La Laguna, cursó Medicina en Madrid,
donde residió en El Pinar y compartió vivencias con grandes mentes de la
Generación del 27 como Lorca, Dalí, Buñuel, Machado y Unamuno, antes de
perfeccionar su formación científica e idiomas en Alemania e Inglaterra.
Asumió
la alcaldía portuense por primera vez en 1927, bajo la dictadura de Primo de
Rivera. Desde esa primera etapa, donde ejerció la medicina junto al célebre
doctor británico Ingram, dejó huella al emprender las obras del embarcadero del
Penitente, municipalizar el alumbrado hacia los barrios, asfaltar el casco
urbano y dar impulso a la playa de Martiánez. Tras varios vaivenes políticos
durante la República y su regreso de Londres tras el estallido de la guerra
civil, reasumió la alcaldía en 1944. Comprometió su patrimonio personal y
renunció a su clientela privada para reconstruir una ciudad sumida en la
penuria, iniciando la época dorada de la transformación turística.
Su
legado abarcó tanto la gestión insular como la vida social y cultural:
·
Desarrollo urbano y turístico: Impulsó el Plan General de Ordenación
Urbana y Rural de 1958, abriendo las avenidas de Colón, Venezuela y del
Generalísimo. Bajo su mandato, el Puerto de la Cruz fue reconocido oficialmente
como "Ciudad Turística".
·
Infraestructura y cultura: Promovió viviendas sociales, escuelas, el edificio de Correos, el
Instituto Laboral y el Instituto de Estudios Hispánicos, además de presidir la
Cruz Roja (lo que le valió la Medalla de Oro) y dinamizar el CD Vera en el
ámbito deportivo.
·
Proyección insular: Presidió el Cabildo de Tenerife desde 1962, donde centró sus esfuerzos
en la modernización estratégica del aeropuerto de Los Rodeos para sostener el
auge turístico del archipiélago.
Casado
con la dama orotavense Doña Magdalena Cullen y Lugo, con quien tuvo cinco
hijos, Don Isidoro cosechó múltiples reconocimientos a lo largo de su vida, entre
ellos el de Hijo Predilecto del Puerto de la Cruz (1955), la Encomienda de la
Orden de Cisneros, la Orden del Mérito Civil, la Medalla de Oro de la Ciudad y
la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico (1967). Su incansable espíritu de entrega
transformó aquel pueblo pesquero de tarajales en el motor turístico de
Canarias.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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