La historia de la Villa de La Orotava se resguarda en los
ojos de quienes la vivieron y en las imágenes que, de tanto en tanto, regresan
para evocar el pasado. Fue en el año 2015 cuando el amigo Berto Pérez Suárez
rescató una de estas joyas visuales: una ventana abierta a la segunda etapa del
entrañable Bar Parada, aquel rincón imborrable de nuestra Villa.
El edificio que muestra la estampa había nacido a finales
de los años cincuenta del siglo XX, ocupando con orgullo el lugar de la
estructura primitiva. No era solo un bar; era un refugio social. Bajo su techo
se encendían tertulias de todo color, dominadas casi siempre por la vibrante
pasión de los futboleros locales. Y a la izquierda, resguardada del bullicio
principal, una pequeña sala de juego se convertía cada tarde en el escenario de
memorables y reñidas batallas de dominó.
En el centro de esta crónica suspendida en el tiempo, el
verdadero protagonista de la estampa es Justiniano González, quien posa
sosteniendo un paraguas. Su apellido resuena con fuerza en las calles de la
Villa, pues es hermano de Domingo González, recordado agente municipal, y de
Ángel González, el barbero que durante años dibujó el pulso cotidiano de la
calle García Beltrán.
Un poco más atrás, compartiendo la complicidad de la mesa
y la sobremesa, descansa un grupo de amigos que define la identidad de una
época. Allí se encuentra Francisco Lemus, cuya vida transitó entre los números
del Banco Exterior y el corazón directivo de la mítica U.D. Orotava; junto a
él, Miguel Hernández, vecino de Los Cuartos que con su trato amable despachaba
el día a día en la gasolinera DISA de El Calvario. Completa la terna José
Hernández, el querido "Pepe", un hombre de precisión que llevó la
contabilidad de la industria gasolinera de mi padre, de los Hermanos Ascanio y
del Colegio San Isidro, pero que en sus horas libres dejaba volar su pasión
como uno de los grandes colombófilos de la Villa.
Juntos, hombres y paredes, componen el retrato fiel de
una Orotava que conversaba, jugaba y compartía la vida al ritmo pausado de un
buen café.
BRUNO
JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

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