lunes, 21 de agosto de 2017

EL RECORDADO BAR PARADA: LA ESQUINA DEL TIEMPO Y LA PALABRA


La historia de la Villa de La Orotava se resguarda en los ojos de quienes la vivieron y en las imágenes que, de tanto en tanto, regresan para evocar el pasado. Fue en el año 2015 cuando el amigo Berto Pérez Suárez rescató una de estas joyas visuales: una ventana abierta a la segunda etapa del entrañable Bar Parada, aquel rincón imborrable de nuestra Villa.

El edificio que muestra la estampa había nacido a finales de los años cincuenta del siglo XX, ocupando con orgullo el lugar de la estructura primitiva. No era solo un bar; era un refugio social. Bajo su techo se encendían tertulias de todo color, dominadas casi siempre por la vibrante pasión de los futboleros locales. Y a la izquierda, resguardada del bullicio principal, una pequeña sala de juego se convertía cada tarde en el escenario de memorables y reñidas batallas de dominó.

En el centro de esta crónica suspendida en el tiempo, el verdadero protagonista de la estampa es Justiniano González, quien posa sosteniendo un paraguas. Su apellido resuena con fuerza en las calles de la Villa, pues es hermano de Domingo González, recordado agente municipal, y de Ángel González, el barbero que durante años dibujó el pulso cotidiano de la calle García Beltrán.

Un poco más atrás, compartiendo la complicidad de la mesa y la sobremesa, descansa un grupo de amigos que define la identidad de una época. Allí se encuentra Francisco Lemus, cuya vida transitó entre los números del Banco Exterior y el corazón directivo de la mítica U.D. Orotava; junto a él, Miguel Hernández, vecino de Los Cuartos que con su trato amable despachaba el día a día en la gasolinera DISA de El Calvario. Completa la terna José Hernández, el querido "Pepe", un hombre de precisión que llevó la contabilidad de la industria gasolinera de mi padre, de los Hermanos Ascanio y del Colegio San Isidro, pero que en sus horas libres dejaba volar su pasión como uno de los grandes colombófilos de la Villa.

Juntos, hombres y paredes, componen el retrato fiel de una Orotava que conversaba, jugaba y compartía la vida al ritmo pausado de un buen café.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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