DON TOMÁS ZEROLO HERRERA: EL BISTURÍ DEL ALMA Y LA LUZ
DE LA VILLA
En
las páginas doradas de la crónica local, el recuerdo de los hombres grandes
permanece inalterable al paso de los siglos. En su imprescindible obra «La
Orotava, sus calles, su historia», el docente e investigador Juan J. Martínez Sánchez, con la
estrecha colaboración de Antonio
Delgado Arbelo, rescata la imponente silueta de un médico providencial:
el doctor Don Tomás Zerolo Herrera.
Un hombre que, aunque oriundo de las tierras volcánicas de Lanzarote, unió su destino de forma
indisoluble a los adoquines y al cielo de la Villa de La Orotava.
Licenciado
en Medicina por la Universidad de Madrid, Don Tomás arribó al Valle de La
Orotava para instalarse definitivamente tras desposar a la villera Doña Isabel Fuentes. El impacto de su
labor quedó inmortalizado en un Acta Municipal del 20 de enero de 1910, en un Pleno que duró apenas cuarenta y cinco
minutos, pero bastó para que sus convecinos dictaran un veredicto eterno: Don
Tomás era un «médico notable e insigne
patriota». Aquel documento oficial lo elogiaba como un verdadero
prodigio de la cirugía y recordaba su valentía al coordinar la lucha contra la
invasión del cólera en la capital, devolviendo la paz a una población
atemorizada. Como inspector municipal, subdelegado de Medicina del partido y
facultativo del Hospital de la
Santísima Trinidad, jamás regateó un servicio, devolviendo la vida a
miles de personas gracias a su prodigioso arte de operar.
Como
bien recordaba Don Juan del Castillo León en su pregón, la vida de Don Tomás
Zerolo Herrera (1851-1910) fue en
sí misma una odisea dramática y novelesca. De raíces genovesas por línea
paterna, creció en el seno de una estirpe bendecida por el talento: era hermano
de Don Antonio, el laureado
poeta, y de Don Elías, fundador
de la mítica «Revista de Canarias», faro de la intelectualidad isleña
del siglo XIX. En sus años de juventud y dificultades, su tabla de salvación
fue un don natural e innato para el grabado, demostrando que sus manos ya
estaban destinadas a la precisión del trazo.
A
su regreso de Madrid en 1879 con el título de médico bajo el brazo, no tardó en
convertirse, junto a Eduardo Domínguez Afonso, en uno de los mejores cirujanos de Tenerife. Por su
consulta orotavense desfilaron más de 20.000
enfermos. De él se decía, con admiración casi mística, que la destreza
de sus manos le permitía manejar el bisturí con la misma delicadeza e
inspiración con que un dibujante desliza su pluma sobre el lienzo.
Como
publicista e investigador, su mente preclara traspasó las fronteras del
archipiélago. Su obra «Climatoterapia de la tuberculosis pulmonar» fue
galardonada por la Academia de Medicina de Barcelona y presentada con gran
éxito en Italia. Sin embargo, la mayor parte de sus escritos fueron cantos de
amor científico al Valle: «Orotava y Vilaflor, estaciones sanitarias de
Tenerife» y «El clima de La Orotava como agente terapéutico». Esa
misma elocuencia brilló en su célebre discurso durante los Juegos Florales de La Orotava en 1901
—los primeros de Canarias—, una cita histórica donde su hermano Antonio alzó la
flor natural y su hija, la señorita Isabel Zerolo y Fuentes, formó parte de la
Corte de Honor.
Don
Tomás fue una auténtica gloria de la medicina canaria, pero, por encima de
todo, un personaje profundamente amado por su pueblo. La leyenda popular,
teñida de justicia poética, cuenta que cobraba altísimas minutas a los ricos
que carecían de herederos forzosos, para luego redistribuir en secreto aquella fortuna entre los más desfavorecidos.
En un gesto de eterna gratitud, la Villa de La Orotava acordó en 1912
rebautizar la antigua calle del Agua
—el rincón donde el médico construyó su hogar y gastó su vida— con el nombre de
Calle de Don Tomás Zerolo.
El
árbol de su estirpe siguió dando frutos de incalculable valor para la sociedad
canaria. Entre sus hijos destacaron Don
Tomás (1893-1956), quien heredó el ilustre don de la cirugía, y Don Miguel (1896-1975), quien fuera
alcalde de Santa Cruz de Tenerife y un alfombrista de una creatividad tan
desbordante que algunos tildaron de "herética". Los Zerolo
representan, en suma, el espíritu más noble de La Orotava: una saga legendaria
que supo habitar con idéntica maestría entre el bisturí y la toga, entre la
belleza del Arte y el compromiso de la Política.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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