martes, 29 de agosto de 2017

DON TOMÁS ZEROLO HERRERA

DON TOMÁS ZEROLO HERRERA: EL BISTURÍ DEL ALMA Y LA LUZ DE LA VILLA

En las páginas doradas de la crónica local, el recuerdo de los hombres grandes permanece inalterable al paso de los siglos. En su imprescindible obra «La Orotava, sus calles, su historia», el docente e investigador Juan J. Martínez Sánchez, con la estrecha colaboración de Antonio Delgado Arbelo, rescata la imponente silueta de un médico providencial: el doctor Don Tomás Zerolo Herrera. Un hombre que, aunque oriundo de las tierras volcánicas de Lanzarote, unió su destino de forma indisoluble a los adoquines y al cielo de la Villa de La Orotava.

Licenciado en Medicina por la Universidad de Madrid, Don Tomás arribó al Valle de La Orotava para instalarse definitivamente tras desposar a la villera Doña Isabel Fuentes. El impacto de su labor quedó inmortalizado en un Acta Municipal del 20 de enero de 1910, en un Pleno que duró apenas cuarenta y cinco minutos, pero bastó para que sus convecinos dictaran un veredicto eterno: Don Tomás era un «médico notable e insigne patriota». Aquel documento oficial lo elogiaba como un verdadero prodigio de la cirugía y recordaba su valentía al coordinar la lucha contra la invasión del cólera en la capital, devolviendo la paz a una población atemorizada. Como inspector municipal, subdelegado de Medicina del partido y facultativo del Hospital de la Santísima Trinidad, jamás regateó un servicio, devolviendo la vida a miles de personas gracias a su prodigioso arte de operar.

Como bien recordaba Don Juan del Castillo León en su pregón, la vida de Don Tomás Zerolo Herrera (1851-1910) fue en sí misma una odisea dramática y novelesca. De raíces genovesas por línea paterna, creció en el seno de una estirpe bendecida por el talento: era hermano de Don Antonio, el laureado poeta, y de Don Elías, fundador de la mítica «Revista de Canarias», faro de la intelectualidad isleña del siglo XIX. En sus años de juventud y dificultades, su tabla de salvación fue un don natural e innato para el grabado, demostrando que sus manos ya estaban destinadas a la precisión del trazo.

A su regreso de Madrid en 1879 con el título de médico bajo el brazo, no tardó en convertirse, junto a Eduardo Domínguez Afonso, en uno de los mejores cirujanos de Tenerife. Por su consulta orotavense desfilaron más de 20.000 enfermos. De él se decía, con admiración casi mística, que la destreza de sus manos le permitía manejar el bisturí con la misma delicadeza e inspiración con que un dibujante desliza su pluma sobre el lienzo.

Como publicista e investigador, su mente preclara traspasó las fronteras del archipiélago. Su obra «Climatoterapia de la tuberculosis pulmonar» fue galardonada por la Academia de Medicina de Barcelona y presentada con gran éxito en Italia. Sin embargo, la mayor parte de sus escritos fueron cantos de amor científico al Valle: «Orotava y Vilaflor, estaciones sanitarias de Tenerife» y «El clima de La Orotava como agente terapéutico». Esa misma elocuencia brilló en su célebre discurso durante los Juegos Florales de La Orotava en 1901 —los primeros de Canarias—, una cita histórica donde su hermano Antonio alzó la flor natural y su hija, la señorita Isabel Zerolo y Fuentes, formó parte de la Corte de Honor.

Don Tomás fue una auténtica gloria de la medicina canaria, pero, por encima de todo, un personaje profundamente amado por su pueblo. La leyenda popular, teñida de justicia poética, cuenta que cobraba altísimas minutas a los ricos que carecían de herederos forzosos, para luego redistribuir en secreto aquella fortuna entre los más desfavorecidos. En un gesto de eterna gratitud, la Villa de La Orotava acordó en 1912 rebautizar la antigua calle del Agua —el rincón donde el médico construyó su hogar y gastó su vida— con el nombre de Calle de Don Tomás Zerolo.

El árbol de su estirpe siguió dando frutos de incalculable valor para la sociedad canaria. Entre sus hijos destacaron Don Tomás (1893-1956), quien heredó el ilustre don de la cirugía, y Don Miguel (1896-1975), quien fuera alcalde de Santa Cruz de Tenerife y un alfombrista de una creatividad tan desbordante que algunos tildaron de "herética". Los Zerolo representan, en suma, el espíritu más noble de La Orotava: una saga legendaria que supo habitar con idéntica maestría entre el bisturí y la toga, entre la belleza del Arte y el compromiso de la Política.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL

 


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