LAS MUCHACHAS DEL CALVARIO ANTE EL LENTE CHILENO
Hacia
el final de los años cuarenta, la luz de la calle El Calvario en la Villa de La
Orotava se detuvo un instante para dejarse atrapar por la eternidad. Cuatro
jóvenes villeras —Milagro, Lala, Carmen y María— posaron risueñas ante la
mirada atenta y el objetivo del recordado Enrique Portero. Aquella carismática
familia de fotógrafos oriunda de Chile tenía su estudio, «Fotos Portero», justo
en la acera de enfrente; una entrañable vecindad que empujaba a los artistas a
cruzar la calle cada vez que estrenaban una cámara, ansiosos por ensayar sus
virtudes técnicas con los rostros del barrio.
El
escenario elegido fue la imponente puerta de garaje de la mansión de don
Francisco Linares, el conocido camionero de la Villa, un rincón señorial que el
tiempo ha respetado y que hoy custodian sus herederos. Alrededor de las
muchachas, la vida cotidiana de La Orotava dejaba sus propios destellos: de
rodillas aparece el pequeño Clodoaldo González, a quien todos llamarían
«Chacho», hermano menor de Lala; a la derecha de la estampa, queda el tierno
recuerdo de Pepito, aquel muchacho ambulante que recorría el Calvario vendiendo
flores, claveles y hortalizas frescas en su cesta, y que entonces habitaba en
la vieja cárcel de la calle Viera junto a su padrino, don Víctor Soca, el
popular «Comisario».
De
izquierda a derecha, el visor de los Portero inmortalizó a Milagro Santos, Lala
González, Carmen y María Hernández. Vestían aún las ilusiones de sus tiempos de
colegialas en el centro de La Milagrosa de las Hermanas de la Caridad, con
edades que oscilaban entre los catorce y los dieciséis años. Lo más hermoso de
este viejo retrato de finales de los cuarenta no es solo la nostalgia que
evoca, sino el milagro del presente: mientras se escriben estas líneas, las
cuatro siguen caminando entre nosotros, siendo testigos vivos de la memoria de
su Villa.
BRUNO JUAN
ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR
MERCANTIL

No hay comentarios:
Publicar un comentario