Corría el año 1943 cuando la cámara capturó
un instante detenido en el tiempo: el grupo infantil y juvenil de la Acción
Católica de La Orotava, posando con orgullo tras su bandera. Una estampa que
recobró vida en 2015 gracias a Montse Quintero, quien reconoció entre aquellos
rostros a su padre, Francisco Quintero Santos, y a su tío. Custodiando la
escena, en pie a la izquierda, figura el ilustre jurista orotavense don Domingo
Hernández Perera, recordado por sus décadas de servicio como secretario del
Excelentísimo Ayuntamiento y docente en el colegio Santo Tomás de Aquino.
La
fotografía nos adentra en el patio central de la antigua sede masculina de la
organización, emplazada en la histórica mansión Viña-Xuárez Gallinato
—popularmente conocida como la Casa de Celada—, en la antigua calle El Agua
(hoy Tomás Zerolo). Llama profundamente la atención la elegancia plateresca del
recinto, con sus distinguidos balaustres de hierro forjado y el firme encanto
de su suelo empedrado. Aquel histórico edificio terminaría sufriendo una severa
mutilación para dar paso al célebre puente que hoy une las calles La Carrera y
El Calvario.
Como
bien evoca Antonio Luque Hernández en su obra La Orotava, corazón de Tenerife, las paredes de esta
casona encierran siglos de memoria nobility y social. Pieza dotal del vínculo
fundado en el siglo XVII por Ana Viña de Vergara, la propiedad permaneció en
manos de la estirpe de los marqueses de Celada hasta su enajenación por parte
de Francisco Benítez de Lugo y García Mesa, XVII marqués del título. Antes de
cobijar a la Juventud Católica a mediados del siglo XX y de ser adquirida en
1954 por el insigne ebanista local don Isaac Valencia Pérez, sus salones
abrieron sus puertas, hasta 1925, al selecto Casino de La Orotava, recordado
entre los vecinos como «el de Los Caballeros».
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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