martes, 22 de agosto de 2017

BÁRBARA MARÍA DEL CARMEN Y LOLA




PASEO DE SEPTIEMBRE: TRES SILUETAS EN LA CALLE LA CARRERA (1949)

El calendario marcaba el 25 de septiembre de 1949, esos días suspendidos en que el verano se desvanece y el otoño empieza a susurrar. Por la señorial calle La Carrera de la Villa de La Orotava, tres jóvenes amigas pasean ajenas al tiempo, regalando a la posteridad una estampa llena de elegancia y nostalgia.

Al observar la fotografía, salta a la vista un curioso contraste en sus ropajes, reflejo fiel de la muda de estación. Las hermanas Bárbara y María del Carmen caminan ya envueltas en las tonalidades oscuras que anticipaban los rigores otoñales. A su lado, mi hermana Lola desafía al calendario luciendo una alegre blusa de rayas horizontales, un último y luminoso eco del estío que se resistía a marchar.

Las vidas de estas tres mujeres estaban fuertemente unidas por una geografía compartida y profundos lazos de afecto familiar. Por aquel entonces, las hermanas Quijada habitaban al final de un callejón cargado de historia: la vía lateral que baja junto al Colegio de la Milagrosa. Aquel rincón, bautizado originalmente por el saber popular como el callejón del Maestro Bruno —en honor a mi abuelo, Bruno Abreu, quien tenía su zapatería en los bajos de la vivienda—, pasó a llamarse más tarde Alférez Provisionales, hasta que una feliz iniciativa de la Asociación de Vecinos «Huerta El Moral» le devolvió su dignidad devocional bajo el nombre de calle Hermanas de San Vicente de Paúl.

Por su parte, mi hermana Lola residía en el hogar familiar: una joya del siglo XVII que mis padres habían adquirido en la calle El Calvario. Trágicamente, tras el fallecimiento de mi padre, las dificultades económicas obligaron a mi madre a desprenderse de ella. El tiempo y el mal llamado progreso terminaron por derribarla, y hoy, sobre el espacio que ocupó aquella casa solariega, se levanta un edificio de construcción antiestética que alberga una farmacia, borrando el rastro físico de nuestros primeros años.

Sin embargo, la complicidad entre aquellas tres jóvenes era una hermosa herencia que los ladrillos no pueden destruir. El vínculo nació cuando mis abuelos maternos vivían de alquiler en la planta baja de la casa de las Quijada, y terminó de sellarse entre hilos y costuras, pues María del Carmen trabajaba como operaria en el taller de confección para caballeros de mi madre, María del Carmen Abreu González.

De izquierda a derecha, desafiando el paso de las décadas con su eterna juventud, la imagen nos devuelve las sonrisas de Bárbara Quijada (esposa del recordado Pepe Fariña), María del Carmen Quijada (esposa del también añorado Antonio Gutiérrez) y mi querida hermana, Lola Álvarez Abreu. Tres mujeres, un mismo paseo y el retrato imborrable de una Orotava que se resiste a morir gracias a la memoria.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


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