miércoles, 29 de noviembre de 2017

SAN ANDRÉS

Fotografía referente a la fiesta de los Cacharros infantil en el popular Barrio de la “Ranilla” del Puerto de la Cruz, en la víspera de San Andrés, final de los años cincuenta y principio de los sesenta del siglo XX.

La fiesta del “Cacharro en la Villa de La Orotava”, en la década de los años cincuenta y sesenta del siglo XX, era evidente, debido a su prohibición por el régimen del general Franco, se corría el Cacharro al escondiste de los agentes municipales. En mi juventud como estudiante del colegio de San Isidro, recuerdo aquellas tropas de jóvenes orotavenses que se escondían en las esquinas de las calles y callejones del Casco histórico orotavense a la conspira de si habían agentes o no, para salir en masa en el correr del Santo Cacharro. La fiesta era muy divertida, se aprovechaban todas clases de latas y enseres metalúrgicos en chatarras los cuales hacían ruidos portentosos.
Debo de destacar a dos inolvidable protagonista que entonces mandaban las estrategias de los agentes villeros que lanzaban sus porras como un proyectil por los aires, eran los fallecidos agentes; Pedro Perdomo por la parte baja de la ciudad y Pedro Negrín por la Alta.
Las fiestas populares canarias tienen un marcado carácter estacional, ligado al ciclo festivo del año. Muchas de estas manifestaciones populares adquieren unas señas de identidad que difieren de un lugar a otro, dependiendo del contexto o lugar donde se desarrollan.
El ciclo festivo en Canarias estuvo íntimamente ligado al trabajo y a las tareas del campo.
A la apertura de las bodegas junto al consumo de castañas que todavía abundan en las medianías del norte de Tenerife y partes altas del sur de la Isla, gracias a la conservación de los numerosos castañeros, se le suman una serie de manifestaciones populares donde el ruido es el denominador común y los chiquillos y las chiquillas de nuestros pueblos los principales protagonistas. Una de estas fiestas es la de San Andrés.
En la Fiesta de San Andrés, la noche del 29 al 30 de noviembre, "se tapan" los vinos en Canarias. Hecho que marca la culminación de la fermentación de los caldos. A partir de aquí, los cascos de vino con tapas de corcho o trozos de tabaiba envuelta en tela de saco marcan la época de su consumo. Acompañando este hecho, aparecen en las calles de los pueblos del Valle de La Orotava decenas de chiquillos tirando de "los cacharros", latas de conservas enhebradas con un alambre o "verga" -los más "zangalotes" con neveras, bidones y hasta coches viejos-, haciendo ruido por el rozamiento de estos con los adoquines o el asfalto.
Esta manifestación tiene algunas variantes, según los pueblos, en función del material utilizado para producir el ruido. Tal es el caso de San Juan de La Rambla, La Guancha o Icod de Los Vinos, donde "LOS CACHARROS" son sustituidos por el denominado "CARRO DE SAN ANDRÉS" o "LAS TABLAS" -madera untada con grasa o cera para permitir su deslizamiento- de diferentes tamaños en función del número de personas que montadas sobre ellas se "tiran" por las pendientes calles de adoquín.
Menos conocido, pero también presente en zonas como La Corujera en Santa Úrsula, son los "carros de madera con ruedas de rodillos". Podemos decir que estamos ante una fiesta de carácter comunitario donde las familias y amigos -y los chiquillos y las chiquillas- se reúnen en torno a un brasero donde se tuestan las castañas o se guisan con agua, sal y matalauva que se acompañan con un buen mojo, un pedazo de pescado salado o sardina y batatas del país.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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