Don Benito Rodríguez Ríos encarnó como pocos la figura del sabio
ilustrado que floreció bajo el clima benigno y fértil del Valle de La Orotava.
Portuense de cuna, probablemente moldeado por el brío marinero del barrio de La
Ranilla, su nombre integró aquella célebre y recordada tríada de hombres
ilustres que deslumbraron en las aulas universitarias: una terna legendaria
donde la sapiencia del Puerto de la Cruz se abrazaba al talento de La Orotava
con don Jesús Hernández Perera y al de Los Realejos con don Antonio González y
González.
Nacido un 12 de enero de 1915, moldeó sus primeras inquietudes
intelectuales en el colegio de su localidad natal, para adentrarse pronto en
los secretos de las Ciencias Químicas dentro de la Universidad de La Laguna. Su
recorrido vital quedaría indisolublemente ligado a los claustros laguneros a
partir de 1943. Tras culminar su doctorado en Madrid con una brillante tesis
sobre la electrólisis mediante descarga silenciosa, fue escalando con pulcritud
académica cada uno de los peldaños de la docencia hasta alcanzar la cátedra de
Química Inorgánica en 1957.
Su figura trascoló el mero Magisterio. Desde la secretaría y el
decanato, su liderazgo natural lo condujo en 1972 al Rectorado de la
Universidad de La Laguna, gobernando así con mano sabia y espíritu abnegado la
gran casa de estudios del archipiélago canario. Científico riguroso e
investigador incansable en el seno del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, su prestigio cruzó las fronteras insulares: en 1955, bajo el
amparo de la Universidad de París, sus hallazgos sobre el magnetismo de los
peroxicromatos rojos resonaron en la propia Academia de Ciencias francesa de la
mano de Paul Pascalen.
Reconocido con la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y
nombrado Hijo Predilecto del Puerto de la Cruz, el Doctor Rodríguez Ríos
trascendió sus propios honores. Más allá de sus vastos saberes e influyentes
publicaciones, pervive en la memoria de las islas por su intachable calidad
humana: una vida guiada por la vocación absoluta, la elegancia de espíritu y
una entrega devota a la institución universitaria a la que dedicó hasta su
último aliento.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABREU
PROFESOR MERCANTIL

Gracias por el artículo. Acabo de mudarme por Calle en su nombre y quería descubrir quién era :)
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