LA PIEDAD DE LA OROTAVA: ENCRUCIJADA
HIDRÁULICA, HISTÓRICA Y DEVOCIONAL
En
las páginas 81 a 84 de la obra La
Orotava, sus calles y su historia, Juan J. Martínez Sánchez y Juan Pedro
Hernández documentan la trascendencia urbanística, socioeconómica y devocional
de este singular enclave orotavense.
1. MORFOLOGÍA URBANA Y VERTEBRACIÓN DEL
TERRITORIO
La
Piedad constituye, históricamente, el remate meridional del casco de La Villa
de La Orotava, aunque en décadas recientes se haya tendido a catalogarlo
desacertadamente como un barrio periférico. La estructura urbana del centro
histórico se articula a través de dos ejes fundamentales: el trazado
longitudinal de la calle León y el arco que describen las calles La Carrera,
San Francisco y Doctor González García. Es en la intersección de ambas arterias
donde se emplaza La Piedad, lo que ratifica su condición de sector neurálgico e
integrante del propio casco histórico.
En
la trama urbana, este espacio se proyecta como un gran centro distribuidor de
caminos hacia diversos puntos del municipio y de la isla. Desde este nudo se
canaliza el tránsito hacia La Florida —y, a través de La Corujera, hacia Santa
Úrsula—, así como hacia las bandas del Sur de Tenerife: tanto al Valle de
Güímar, mediante el Camino de la Sierra, como hacia la comarca de Chasna, a
través del Camino del Sauce.
2. NODO HIDRÁULICO E INDUSTRIA DEL BOSQUE
Lejos
de ser únicamente la puerta de entrada a La Orotava desde el Sur, La Piedad
funcionó como el gran distribuidor del sistema de aguas de la población,
constituyendo el punto de partida del histórico eje de los molinos de agua, dos
de los cuales se erigieron en este emplazamiento. Al desagüe del primero de
ellos se adosó uno de los antiguos lavaderos públicos de La Villa —hoy
desaparecido—, mientras que en las inmediaciones de la ermita de Santa Catalina
aún perdura la arqueta distribuidora de las «Aguas de Perdigón», que continúa
abasteciendo a un importante número de inmuebles.
La
importancia estratégica del lugar queda atestiguada en el Plano del Barrio de El Farrobo,
documento fechado en el último tercio del siglo XVII y custodiado en el Archivo
General de Simancas. En él, el paraje figura registrado como el «...Llano que llaman de aserradero,
que está por lo alto del Farrobo y por abajo de la Ermita de Santa Catalina...»,
señalando asimismo: «...y el
molino que está en el mapa de la parte de arriba de dicha Ermita que es la que
llaman el Molino de la Sierra, el cual molino queda en medio de dos caminos que
tienen los vecinos de los campos.»
Estos
datos confirman que en La Piedad se asentó la primitiva industria
transformadora de la madera requerida para la edificación del caserío
orotavense, abasteciéndose del denso monte de laurisilva y pinar que cubría las
inmediaciones. El mencionado Molino de la Sierra —que llegó a ser el undécimo
complejo molinero de la población— ha desaparecido, mientras que los dos
caminos históricos citados se corresponden con los de La Sierra y El Sauce,
orientados a naciente y poniente respectivamente.
A
oriente del Llano del Aserradero se localiza el hito de la Cruz Verde, punto de
convergencia entre las calles León y Peralito, enclave exacto donde se ubicaba
el primitivo lavadero público al abrigo de una emblemática alameda.
Estructuralmente, este espacio ha preservado su fisonomía sustancial desde el
siglo XVII, habiendo experimentado tan solo dos intervenciones públicas de
envergadura.
3. ARQUITECTURA SACRA Y DEVOCIÓN A LA
PIEDAD
La
devoción a La Piedad —representación pictórica de la Virgen acogiendo el cuerpo
inerte de Cristo tras la Descendimiento, secundada por la Cruz y el Santo
Sudario— cuenta con un arraigo singular en El Farrobo. La primitiva capilla,
erigida con probabilidad en el siglo XVIII (al no figurar aún en el mapa de
Simancas de finales del XVII), consistía en un sencillo recinto con cubierta a
cuatro aguas. Su solar se prolongaba mediante un murete de mampostería rematado
por una empalizada de madera, cuyo sendero enlosado conectaba el portón
exterior con el acceso al templo. En su interior se daba culto al lienzo de La
Piedad que hoy conocemos, el cual procesionaba antaño sobre unas andas de
madera policromada, sustituidas en época reciente por una tipología moderna.
A
comienzos de la década de 1940, la estructura original fue demolida para dar
paso a la ermita actual, una edificación de marcado rigor y sobriedad
arquitectónica. Cabe destacar como peculiaridad patrimonial que La Orotava es
uno de los pocos municipios que cuenta con dos Calvarios custodiando sus
accesos principales.
4. MEMORIA ETNOGRÁFICA Y FESTIVA
La
memoria oral rescata el vigor festivo que rodeó históricamente a esta
advocación durante el mes de septiembre:
«La Piedad celebraba sus fiestas por septiembre,
dedicándolas a la Virgen... Las calles se engalanaban con plumas y banderitas;
los hombres subían al monte y traían ramas de hayas y brezos con los que
adornaban el recinto... Eran muy bonitas. Se montaban ventorrillos con
sábanas... Varios ventorrillos... Y parrandas...»
Aunque
estos festejos populares fueron decayendo hasta su práctica desaparición, en la
década de 1970 experimentaron un notable reimpulso gracias a la iniciativa
vecinal y al dinamismo de promotores locales como Jesús Rocío, etapa en la que
alcanzaron gran renombre las célebres «Verbenas del Ron» y diversos festivales
comunitarios.
5. HITOS PATRIMONIALES DE LAS INMEDIACIONES
·
Ermita de Santa Catalina: Emplazada en el sector alto de La Piedad, al inicio del Camino de la
Sierra y ya consignada en el mapa del siglo XVII. Consta de una sola nave de
dimensiones reducidas, cubierta a cuatro aguas y espadaña. Su talla titular fue
objeto de una restauración desafortunada, aunque su factura original continúa
siendo recuperable.
·
La Cruz Verde y su Casa Señorial: La tradición oral vincula esta cruz a un
único tronco tallado a partir de un árbol que se alzaba en el lugar. La pieza
sufrió amputaciones atribuidas a la facción radical de la Izquierda Republicana
Anticlerical (IRA) durante la Segunda República, siendo restaurada con
posterioridad. Tras la antigua escuela se conserva la Casa de la Cruz Verde, edificación del siglo XVII que constituye
el único exponente de arquitectura señorial en la zona.
·
La Cruz del Farrobo: Ubicada al término de la calle Peralito, junto al barranco de Araujo.
Su primitiva capilla, orientada a poniente, fue sacrificada durante las obras
de ensanche del Camino Polo.
·
El complejo molinero: La concentración de hasta tres molinos en este sector (de los cuales se
conservan los conocidos popularmente como el de Don Jerónimo y el de Don Jesús)
respondió tanto a la disponibilidad continua de caudal hídrico como a la
presencia de cultivos de cereal en los campos circundantes y a la propia
topografía en pendiente.
·
La antigua escuela y la pérdida del empedrado: En la década de 1960 se construyó la
escuela local sobre el solar que ocupó desde tiempo inmemorial una destacada
alameda. La posterior edificación del Colegio Público Ramón y Cajal dejó en
desuso el inmueble. Lamentablemente, la remodelación para la ejecución de la
actual Plaza de la Piedad supuso la eliminación de uno de los empedrados
tradicionales más antiguos de La Orotava, un elemento viario deteriorado pero
plenamente susceptible de haber sido restaurado e integrado en el conjunto
histórico.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL



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