miércoles, 24 de enero de 2018

LA CASA DE BRIER Y EL ANTIGUO COLEGIO DE LOS JESUITAS DE LA VILLA DE LA OROTAVA



En el terreno donde actualmente está ubicada la "Casa Brier", en la orotavense calle “La Carrera”, existían antes la orden de los Jesuitas, que se habían establecidos en La Orotava en el año 1600, empezaron a construir la casa en el año 1696, lo que más tarde sería "El Colegio de los Jesuitas". La obra era un proyecto bastante sencillo aunque, la construcción de la iglesia en el interior de la casa causó diversos problemas por querer situarla por donde pasaba la canal del molino de arriba. Al final tuvieron que modificar la situación inicial de la iglesia. Evidentemente nos cuenta el erudito realejero José Viera y Clavijo; a morir en Canarias el padre Luís de Anchieta, -natural de La Laguna y sobrino remoto, del otro venerable apóstol del Brasil,- y que fue sepultado en el monasterio de San Idelfonso de las monjas de San Bernardo, sus compañeros de la orden jesuitas se volvieron a la península, quedando en La Orotava el padre Araujo con el hermano Cuéllar, quienes al cabo de cinco años de residencia consiguieron, a instancias del obispo y del general, que se celebrase cabildo en La Laguna para admitir, o no, la nueva fundación del colegio, en que hubo, como siempre, protestas y contradicciones. Sin embargo, en 1690 llegó a Tenerife la licencia de Carlos II, no sin público regocijos de aquellos vecindarios, especialmente de las dos parroquiales de la Laguna, que hicieron, coadyuvante, una fiesta de acción de gracias a San Ignacio, en la iglesia de los Remedios, en la que predicó el maestro fraile Andrés García, ex provincial agustino. Pero antes de empezases la obra del colegio de La Orotava, pasaron de la península a la fundación en el año 1694, el padre Tiburcio de Baeza, rector, el padre José de Andrade, portugués, y el padre Juan de Medina, natural de Granada. Hospedándose en las casas del fundador, junto al convento de dominicos; pero, deseando otro sitio más oportuno, lo eligieron a la entrada de la calle de San Francisco, en una huerta entre dos molinos, tomando al mismo tiempo al frente de ella, en 1696, una casa pequeña, donde acomodaron su oratorio, dándole desde luego el nombre de colegio de San Luís Gonzaga, patrono titular que les había salido por suertes. La aplicación de estos padres a predicar y enseñar las primeras letras movió los caballeros de La Orotava a hacerles algunos donativos para aumento del edificio, que se iba levantando con solidez y ardor. En el año 1700 se tomaron las medidas para un cañón de iglesia, por más dificultades que se encontraban en el terreno, y el mismo obispo Zuazo puso la primera piedra del edificio, notándose que se mostraba triste con el presentimiento de que aquel templo no se había de concluir jamás. En 1707 llegó en calidad de visitador el padre Pedro de Angulo, quien dio prisa para que se empezarse a habitar el nuevo colegio, poniendo entretanto el oratorio en el entresuelo de la casa. Viéndose así en 1709, día 9 de marzo, en que se hizo una solemne procesión con el Santísimo y asistencia del clero, comunidades religiosas, nobleza y vecindarios del contorno. La construcción finalizaría en el año 1709, con el posterior traslado de los Jesuitas, que en ese momento tenían su orden situada en una casa de la calle “La Carrera”. A partir de ese momento se empieza a impartir las clases hasta que dos años más tarde, año 1711, se vieron obligados a cerrar el colegio por no tener fondos para mantenerlo, quedando a su cuidado dos hermanos de la orden. Lo cual quiere decir, que entonces solo habían dos jesuitas; y habiendo fallecido en agosto de 1716 el mismo padre Angulo, que se enterró en la parroquia de La Concepción, quedó reducido todo el colegio al coadjutor Andrés Tabares, por lo que de orden del cabildo eclesiástico, sede vacante, pasó el vicario de La Orotava al oratorio y consumió las especies sacramentales que en él había. Un año se pasó, antes que la provincia proveyese aquel rectorado vacante en el padre Pedro Dávila, en cuyo tiempo aconteció el famoso asalto de las monjas de Santa Catalina, cuando, viéndose con su monasterio incendiado, ocuparon el colegio y echaron de él a los jesuitas. Pero esto trajo las ventajas de que se volviese a colocar el Santísimo en aquel oratorio, donde dos años antes se habían consumido las especies. Mientras residieron allí las monjas, estuvieron los padres en un entresuelo de la casa del coronel Don Francisco Tomás de Alfaro; pero restituidos un año después a la suya propia, se aumentó la comunidad en 1718 con tres individuos más; se ensanchó el colegio con una rectoral dos años después, y se abrieron escuelas de primeras letras y de gramáticas, la cual contó hasta setenta discípulos. A principios de diciembre de 1727 se celebró la canonización de San Luís Gonzaga con funciones plausibles. En 1731, día veinte y uno de junio, fiesta del mismo santo, siendo rector el padre Matías Sánchez, abandonados los primeros cimientos para la iglesia, en atención de las dificultades del sitio, se echaron otros nuevos un poco más arriba, en el solar y casas que les donó generosamente Don Esteban Polier, caballero del orden de San Lázaro y Monte Carmelo, cónsul de Francia en nuestra isla de Tenerife. Esta obra, se empezó con fervor por el padre Sánchez y bajo los más felices auspicios, se prosiguió con lentitud por el padre Nieto, y por falta de buena dirección nunca pudo acabarse. Su fachada era de orden corintio, con estatuas y adornos, bien que sus columnas fueron bárbaramente salomónicas y las puertas de los costados dóricas.
Los Jesuitas fueron expulsados en 1767 pasando posteriormente la casa de “Brier” a manos del obispado, engrosando el patrimonio eclesiástico. Expulsión que se produjo en España, mucho antes de que el Rey Carlos llegase a ser tercero de España, ostentando todavía el título de gran duque de Toscana, y principalmente desde los primeros años de su reinado en Nápoles, sentía una oculta aversión contra la influencia y poderío del clero, y especialmente de algunas órdenes religiosas, sobre las cuales realizó obra de saneamiento, principalmente en la de los jesuitas. A estos religiosos alejó desde un principio de la Casa Real, prohibiendo incluso fueran confesores de sus hijos. A si pues a tomar posesión del trono de España, y ante la preponderancia de la citada Orden en su país.
La primera medida que tomó contra ellos fue el cortar los privilegios de los Colegios Mayores, que, apartándose de su fin benéfico y caído bajo la omnipotencia jesuítica, constituían un plantel de cancilleres, consejeros y altos dignatarios de la iglesia al servicio general y secreto de la Compañía. Nos cuenta el catedrático Martínez Sánchez, que en la fecha del 6 de Mayo de 1767, el coronel Gabriel Román Manrique de Lara, que fue patrono principal de la instalación de los Jesuitas en La Orotava, el cual había pedido al Cabildo de La Laguna, que en el testamento del Capitán Llarena se indica, que con sus bienes se funde el Colegio de Jesuitas en la Villa, con la condición que los religiosos enseñaran; Primeras Letras, Gramáticas, Arte, y Teología. Y que como habían sido expulsados suplicaba que nombrarse a un maestro competente de Leer y Escribir y otro de Gramática y Latinidad, para que la enseñanza progresara en La Orotava. El citado Coronel propuso para tal cometido a Don Bartolomé de Cames (primer maestro seglar de La Orotava, 1767) y a Don Domingo Sanaria como maestro y preceptor de Gramáticas respectivamente.....  Más tarde la casa pasa a ser propiedad del estado, que la utiliza como ayuntamiento hasta 1841 y que a consecuencia de un incendio queda prácticamente destruida quedando solamente las paredes por ser de piedra y barro. En el incendio se perdieron gran parte de los archivos históricos de La Orotava, salvándose únicamente los pertenecientes al Siglo XIX.
Después de su reconstrucción la casa es comprada en 1858 por un terrateniente de Güimar, llamado Gonzalo Díaz Flores, arrendándola, una década después para la instalación de un hotel. Primero fue una Fonda española y a finales de la década de los setenta pasó hacer una Fonda inglesa que se llamó “Hotel Hespérides” teniendo en esa época gran importancia como centro turístico, alojándose en él varias personalidades de ese momento como Francis Richard Burton, conocido aventurero, escritor y filólogo inglés, uno de los grandes exploradores del siglo XIX por su energía, actividad incasable, prodigiosa erudición, facilidad para aprender todas las lenguas y para adaptarse a todo género de vida. La Real Sociedad Geográfica de Londres y la de París le concedieron la medalla de oro, en premio a sus descubrimientos, además como orientalista merece citarse la traducción que hizo de “Las mil y una noche”. Además de Burton se hospedó en el laureado Hotel Hespéride, la prestigiosa pintora inglesa Marian North, nacida en Hastings y muerta en Gloucestershire(1830-1890), pintora que sobresalió en la pintura de flores, siendo en este género una de las mejores artistas que ha existido. Sus flores están ejecutadas con tal perfección, que ha prestado gran utilidad en el estudio de la botánica. Marian North viajó mucho por regiones tropicales en busca de flores propias de estos climas, lo cual minó su salud. Su autobiografía “Recollections of a Happy Life (dos volúmenes)”, fue editada por su hermana Symondes, la cual, también en 1883, publicó “Further Recollections of a Happy Life”, obra compuesta con trozos escogidos del diario de su hermana Marian. Como dato decir que en estos años el valor de la casa “Brier” era de unas 30.000 pesetas.
El hotel se cerró en 1901 y dos años después (1903) la compra Don José Brier, abuelo del actual dueño de la casa. Claro está que basándose en este noble apellido, los orotavenses la conocen por la “Casa de Brier”. Desde entonces hasta la actualidad la casa ha sido utilizada como residencia familiar. En la década de los años ochenta, su heredero Don José Brier y Bravo de Laguna, presenta un escrito al Ayuntamiento de La Orotava, por el que se interesaba conocer las afecciones que el Planeamiento Urbanístico estableció para la edificación y terrenos sitos en la calle Colegio, Nº. 1; adjuntando plano de situación. La oficina técnica municipal del Ayuntamiento de La Orotava, le comunica a través de una cédula de notificación, salida en fecha veinte y uno de Septiembre de 1983: que el edificio en cuestión se encuentra calificado como suelo urbano según el Plan Especial del Casco Urbano, dentro de la Zona-Residencial, en edificación cerrada, en el área de interés histórico - artístico, según las Ordenanzas Reguladoras del Plan Especial, la edificación se incluye dentro de la categoría segunda, de edificio a conservar por su valor ambiental. Según dicha Normativa sólo se admiten las siguientes actuaciones dentro del edificio mencionado. Como adaptación, mejora y acondicionamiento del edificio existente. Conservación de fachadas, balcones y elementos externos del edificio y reconstrucción del interior. En caso debidamente justificado de un edificio que se encuentre en mal estado y con la autorización previa de la Comisión de Protección del Patrimonio Histórico - Artístico, podrá admitirse la demolición del edificio, siempre que el nuevo Proyecto conserve el valor del existente. Los terrenos situados hacía el Norte, y hasta el fondo del edificio referido, se encuentran clasificados como zona residencial cerrada en el área de interés histórico - artístico, admitiéndose una parcela mínima e edificable de cien metros cuadrados, con ancho mínimo de seis metros y fondo mínimo de ocho metros altura máxima de plantas y siete metros, debiendo ajustarse a la altura media de los edificios de interés ambiental en el tramo de calle y a las perspectivas interesantes y visuales sobre puntos singulares, debiendo constar en todo caso con la aprobación de la referida Comisión Provincial del Patrimonio  Histórico - Artístico. El resto de los terrenos situados al Sur y al Oeste se encuentran clasificados como zona verde de uso público, dentro de la subzona de paseos y jardines, admitiéndose, además del uso propio de las áreas verdes, construcciones ligeras de explotación privada, tales como kioscos para periódicos, estancos, casetas de flores, bebidas, etc., de tal forma que nunca se sobrepase de una ocupación máxima de 0,05 por cien de la superficie total de subzona y con el límite máximo de veinte metros cuadrados. Por otro lado, es de significar que el conjunto se encuentra afectado por la incidencia de la calle, declarada de especial interés, y por la proximidad de los molinos y su acueducto, declarados a conservar. Esta es la historia de la casa de “Brier”, extraña y aristocrática, considerada como la artífice del más limpio castellano de los tiempos. Yo me he quedado silencioso pensando en la quimera de la casa, y me he dicho que todo es posible en esta vida, y que quizá un día sepamos su verdadera leyenda, quizá más inverosímil, así mismo encantadoras y misteriosas.
El amigo CAMILO JOAQUÍN BARROCAL DÍAZ FLORES, remitió entonces (25/02/2013) estas notas: “... Antonio Díaz-Flores Cartaya en 1850 concluye la construcción de la llamada casa DÍAZ-FLORES con amplios jardines, situada en la calle Colegio, 1 en la Orotava regido por los cánones del clasicismo romántico del siglo XIX” En 1862 la alquila a José Govea Arbelo para reconvertirse en una especie de hotel, La Govea, muy visitada por el incipiente turismo ingles de lujo de esa época. En 1867 se alojó el General laureado Serrano en su destierro en Canarias. Se alojó también pintora Marianne North durante su estancia en La Orotava, en enero de 1875, probablemente en la misma habitación que lo hicieron los Burton que fue un aventurero que participó en el descubrimiento del nacimiento del Nilo. Más tarde en 1888, se llamaría Hotel Hespérides, administrado durante un año por el francés Paul Michael y luego por el inglés Charles Metson, que lo transformaría en un autentico english hotel, introduciendo las mejoras pertinentes. Allí se alojó entre otros George Graham-Tolder. El hotel se cerró en 1901 y dos años después 1903, lo vende la familia Díaz-Flores y la compra José Brier...”.
“... En la década de 1850 Antonio Díaz-Flores Cartaya comienza la construcción de su casa residencial que llama “Las Magnolias” y que estará concluida en 1858 y que es una reconstrucción del antiguo Ayuntamiento, que a consecuencia de un incendio quedó prácticamente destruido, quedando solamente las paredes por ser de piedra y barro.
Gonzalo Díaz-Flores de Vera, nacido en 1855 y fallecido en 1937 es el hijo de Antonio Díaz-Flores Cartaya y de Antonia de Vera Espinosa. En 1878 fallece su padre que hizo testamento en La Laguna el 28 mayo 1868 ante Juan Navarrete que derogó por otro en S/C Tenerife el 9 mayo 1872 ante Francisco Prada, donde reconoce sus tres hijos legítimos. Hace dos libros con todas sus pertenencias que hoy han desaparecido. En un libro estaban las propiedades que compró y en el otro las modificaciones que realizó, así como de los bienes traídos por su esposa para ayudar a las cargas del matrimonio. El 29 diciembre 1881 se procedió a la partición de bienes ante el notario Nicolás Hernández Escobar de la Orotava, donde se le asigna a Gonzalo Díaz Flores, la casa de Colegio, 1 en la Orotava...”.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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