Bajo el cielo sereno de La Orotava, donde
la arquitectura dibuja la historia de sus calles, pervive la huella de don
Casiano García Feo. Natural de Granadilla de Abona, este visionario chasnero no
solo echó raíces en la Villa, sino que entrelazó su destino con el sentir
cultural y social de un pueblo que acabó haciéndolo suyo.
A
comienzos del siglo XX, en plena eclosión del eclecticismo local, fundó en 1909
la emblemática Casa Comercio García Feo. Para su edificación encomendó al
arquitecto Mariano Estanga una construcción singular donde el cemento fraguado
dio forma a alegorías de la antigua Grecia, de cuyas manos y moldes nació una
fachada concebida como homenaje al comercio. Lo que nació como una modesta
tienda de tejidos en 1901 —impulsada en alianza con la casa Fernández del
Castillo— creció con paso firme, extendiendo sus dominios hacia la calle San
Agustín y la plaza de la Constitución.
Ese
espíritu emprendedor alcanzó su cima en los años cincuenta. Movido por un
profundo afecto hacia su villa de adopción, don Casiano decidió regalarle un
espacio escénico sin igual. Ignorando los dictámenes comerciales que
aconsejaban ubicar el proyecto en el pujante Puerto de la Cruz, su lealtad
decantó la balanza en favor de La Orotava. Nació así el inolvidable Cine
Orotava, diseñado por su paisano José Enrique Marrero Regalado y culminado tras
su fallecimiento por Félix Sáenz Marrero, el aparejador Enrique Rodríguez Sáenz
y el contratista José Padrón Afonso.
Aquel
recinto no escatimó en audacia. Don Manuel Fernández Padrón viajó a Estados
Unidos para importar un novedoso sistema de proyección Todd-AO, único en la
España de la época, complementado por una pantalla cóncava de 17 metros traída
de Inglaterra y una acústica excepcional instalada con equipos Gaumont-Kalee y
Goodmans. La sala quedó bendecida el 21 de abril de 1957, un Domingo de
Resurrección, con el pase de El
diablo de las aguas turbias, desatando el asombro de una afición que pronto
abarrotaría el patio de butacas ante títulos como ¡Viva Zapata! o El hombre tranquilo.
Con
el discurrir de las décadas, y tras la continuada labor de sus herederos José
García Bartlet y César Hernández Martínez, la edificación fue adquirida por el
Ayuntamiento y el Cabildo Insular para renacer como el Auditorio Teobaldo
Power. Aquel espacio concebido para el celuloide demostró poseer una acústica
tan sublime que deslumbró a batutas como la de Zubin Mehta y a figuras de la
talla de Alfredo Kraus, Plácido Domingo o Montserrat Caballé.
Más
allá del ámbito comercial, la vida de don Casiano discurrió entre las tertulias
de «La Sacristía» en el desaparecido Hotel El Suizo, rodeado de eruditos y
amigos con quienes desgranaba la literatura de su tiempo. Aunque siempre fue
reacio a los homenajes públicos, el tiempo y la memoria de su familia —como
evoca con afecto su nieta Ana Rosa García Torréns— claman por un rincón en ese
mismo auditorio que mantenga vivo el recuerdo del hombre que soñó un templo
para el arte en el corazón de La Orotava.
BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL
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