jueves, 25 de enero de 2018

DON CASIANO GARCÍA FEO Y EL CINE OROTAVA (ACTUAL AUDITORIO TEOBALDO POWER)

Bajo el cielo sereno de La Orotava, donde la arquitectura dibuja la historia de sus calles, pervive la huella de don Casiano García Feo. Natural de Granadilla de Abona, este visionario chasnero no solo echó raíces en la Villa, sino que entrelazó su destino con el sentir cultural y social de un pueblo que acabó haciéndolo suyo.

A comienzos del siglo XX, en plena eclosión del eclecticismo local, fundó en 1909 la emblemática Casa Comercio García Feo. Para su edificación encomendó al arquitecto Mariano Estanga una construcción singular donde el cemento fraguado dio forma a alegorías de la antigua Grecia, de cuyas manos y moldes nació una fachada concebida como homenaje al comercio. Lo que nació como una modesta tienda de tejidos en 1901 —impulsada en alianza con la casa Fernández del Castillo— creció con paso firme, extendiendo sus dominios hacia la calle San Agustín y la plaza de la Constitución.

Ese espíritu emprendedor alcanzó su cima en los años cincuenta. Movido por un profundo afecto hacia su villa de adopción, don Casiano decidió regalarle un espacio escénico sin igual. Ignorando los dictámenes comerciales que aconsejaban ubicar el proyecto en el pujante Puerto de la Cruz, su lealtad decantó la balanza en favor de La Orotava. Nació así el inolvidable Cine Orotava, diseñado por su paisano José Enrique Marrero Regalado y culminado tras su fallecimiento por Félix Sáenz Marrero, el aparejador Enrique Rodríguez Sáenz y el contratista José Padrón Afonso.

Aquel recinto no escatimó en audacia. Don Manuel Fernández Padrón viajó a Estados Unidos para importar un novedoso sistema de proyección Todd-AO, único en la España de la época, complementado por una pantalla cóncava de 17 metros traída de Inglaterra y una acústica excepcional instalada con equipos Gaumont-Kalee y Goodmans. La sala quedó bendecida el 21 de abril de 1957, un Domingo de Resurrección, con el pase de El diablo de las aguas turbias, desatando el asombro de una afición que pronto abarrotaría el patio de butacas ante títulos como ¡Viva Zapata! o El hombre tranquilo.

Con el discurrir de las décadas, y tras la continuada labor de sus herederos José García Bartlet y César Hernández Martínez, la edificación fue adquirida por el Ayuntamiento y el Cabildo Insular para renacer como el Auditorio Teobaldo Power. Aquel espacio concebido para el celuloide demostró poseer una acústica tan sublime que deslumbró a batutas como la de Zubin Mehta y a figuras de la talla de Alfredo Kraus, Plácido Domingo o Montserrat Caballé.

Más allá del ámbito comercial, la vida de don Casiano discurrió entre las tertulias de «La Sacristía» en el desaparecido Hotel El Suizo, rodeado de eruditos y amigos con quienes desgranaba la literatura de su tiempo. Aunque siempre fue reacio a los homenajes públicos, el tiempo y la memoria de su familia —como evoca con afecto su nieta Ana Rosa García Torréns— claman por un rincón en ese mismo auditorio que mantenga vivo el recuerdo del hombre que soñó un templo para el arte en el corazón de La Orotava.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL



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