viernes, 26 de enero de 2018

PROFESORADO MERCANTIL (1972 - 1973) (I)



En el mes de septiembre del año 1969, acabé de superar con notables, en la convocatoria de junio,  las pruebas y el pase  del Preuniversitario en el Instituto de San Agustín de Canarias (actual Cabrera Pinto) de La Laguna. Tras superar las pruebas preuniversitaria, estuve pensándome que carrera estudiar, en principio opté por Ciencias Económicas y como tenía que ir a la península (Madrid), y mis posibilidades económicas eran escasas, sin pensádmelo me matriculé en la Escuela de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, con la intensión de estudiar el Profesorado Mercantil y posterior enlazar con las Ciencias Económicas a través del grado de Intendente.
En el viaje por Alemania, verano del 2010, observé que la titulación de Profesor Mercantil es la más importante para la investigación científica de la contabilidad y de las finanzas, de hecho varios profesores mercantiles de la universidad central de Berlín fueron Premio Nobel. Sin embargo en la actualidad según el plan Bolonia, la nueva graduación de estudios empresariales y mercantiles “CONTABILIDAD Y FINANZAS”, está mucho más cerca de la histórica titulación de estudios mercantiles de antaño.
Precisamente en el curso 1970 – 1971 realicé los estudios de peritaje mercantil, que con la titulación del preuniversitario, solo me quedaban dieciséis asignaturas, las que superé a lo largo de ese solo curso, a caballo entre la Academia Mercantil Atlántida de la Orotava, ubicada entonces en la calle de La Iglesia (Inocencio García Feo) y clases como alumno oyente en la Escuela de Comercio de Santa Cruz de Tenerife.
Allí conocí por primera vez al ilustre profesor Don Arístides Ferrer García, que ante su asombro me preguntó de dónde procedía, respondiéndole, que era de la Villa de La Orotava, pero no de su Villa arafera, sino de la otra Villa Noble Leal situada al otro lado de la cordillera dorsal, a donde los araferos iban a estudiar música, caminando por esas maravillosas veredas de las cumbres prodigiosas. Don Arístides me contesta de inmediato, - que donde estaba la guitarra de San Isidro-, porque de La Orotava apreciaba la romería de Isidro, santo y patrón de los madrileños, y concretamente en la Villa norteña disfrutó su juventud, en muchísimas ocasiones disgustando el buen vino y las papas bonitas arrugadas de la circunscripción.
Allí en el anexo de la plaza de Los Patos, aprendí a contabilizar por partida doble bajo el  atisbo de Don Arístides, que con sus carismáticos enfados, -orígenes de muchísimas anécdotas, que interpretaba solemnemente-. Nos hacía pensar en las cosas buenas, y bien hechas, nos explicabas con punzón jovial, haciéndonos presente en esos maravillosos parajes de donde emerge la economía en el mundo. Sin embargo su pedagogía no era tan especificativa, pero si fructuosa, porque su silueta de instruir era merecedora de nuestro aprendizaje, adiestrándonos en las maravillosas experiencias mercantilistas que en breve íbamos a  deslumbrar.
En el curso 1971 - 1972, emprendí la carrera del Profesorado Mercantil en la desaparecida Escuela de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, empezamos el curso con solo nueve compañeros oficiales y nos graduamos en el Profesorado Mercantil en el curso 1972 – 1973, doces compañeros, puesto que se juntaron algún que otro repetidor, como un compañero precedente del país Vasco, que tenía un apellido muy largo, que el catedrático de Derecho don Lucio Rodríguez López, en los exámenes orales, no le entendía el apellido y puso la calificación con el apelativo el del apellido largo.
A título anecdótico, referente al catedrático de Alemán entonces director de la Escuela de Comercio tinerfeña Don Luís Wildpret Álvarez, para mí, era el catedrático de la fortificación, del bienestar, y de la intensificación, De Don Luís, jamás he visto en mi vida estudiantil y profesional el esbozo, y el prototipo de este hombre.
Pertenezco a una promoción de profesores mercantiles (1972 - 1973), considerada la penúltima, -no lo recuerdo exactamente-, que salió de nuestra antigua y inestimable Escuela de Comercio, porque años después, los estudios de Comercio se reconvertían en estudios de Ciencias de la Empresa. Una promoción tan ingenua, que cuando comenzamos a estudiar el profesorado, recibimos las primeras instrucciones disciplinarias, del gran catedrático del mercantilismo tinerfeño, y digo el gran catedrático, porque ha sido el preceptor que le ha faltado a muchas posteriores promociones, estudiosas de las ciencias contables.
Evidentemente en el seminario de Alemán de aquellos años, en el que Don Luís era el bastoncillo supérstite, jamás se oían las moscas, se hablaba el Alemán desde las cuatros esquinas neoclásicas, e incluso el conserje de turno que entraba a comunicarle algún que otro mensaje, lo hacía !casi....!, en el mismo idioma, por sobrecogimiento y honestidad al gran personaje, claro que en esto, deseo reconstruir a la madre de nuestra vetusta Escuela Mercantil “Doña Carmen”, Carmita para los privilegiados.... El silencio se rompía con los motores de los reactores que iban aterrizar en Los Rodeos. Estoy seguro que muchos profesores mercantiles salidos de nuestra Escuela tinerfeña están considerados de una grande y legítima instrucción, gracias a este seminario de lingüística alemana, pues indudablemente son unos grandes caballeros de la contabilidad, de la financiación y del desarrollo empresarial en nuestra provincia e incluso en el archipiélago afortunado.
Estas fotografías que he recuperado en mis archivos familiares, pertenecen al último curso de la carrera (3º de Profesorado Mercantil), en una visita que realizamos en la primavera del año 1973, a la Escuela de Náutica de Santa Cruz de Tenerife, conjuntamente con los compañeros de la promoción de la Escuela de Comercio de Bilbao.
Primera foto a la izquierda; Barroso, Cruz, Oropesa, un servidor, Pepe y Juan Guardia (agachado). Primera a la derecha; Miguel Ángel, don José Rodríguez Ferrer (profesor adjunto de contabilidad), y Jaguar. Tercera foto a la izquierda; Cruz, Barroso, Oropesa y Sofía (Única fémina de la promoción).  Cuarta a la derecha; Barroso, Cruz, Juan, Oropesa, Sofía y Pepe.
Detrás de las fotos inferiores, vemos el Seat Seiscientos (color café con leche) propiedad del compañero Juan Guardia Romero, con el que nos desplazábamos a diario desde La Orotava a Santa Cruz a clases.  En el teníamos muchas anécdotas, recuerdo cuando presenciamos el  automóvil destrozado en la carretera de San Luis de Santa Úrsula donde falleció trágicamente el amigo orotavense Luis Hernández. El fallecimiento del futbolero internacional de la UD. Las Palmas Juanito Güedes. La erupción volcánica de Teneguía de la Palma. Cuando íbamos y regresábamos oíamos por la radio del automóvil, un extraño acontecimiento de unos ruidos en el famoso barranco de Godínez de Los Realejos. Se hablaba de un bicho que andaba por ese barranco. El reventón de la cubierta trasera derecha en el baldosado de la rotonda de las Asuncionistas en la Rambla de Santa Cruz  etc…
Nos reencontramos en el año 1998, celebrando las Bodas de Plata de la Profesión (1972 – 1973), que coincidió con el 90 aniversario (1908 – 1998) del Ilustre Colegio Oficial de Titulados Mercantiles y Empresariales de Santa Cruz de Tenerife. Celebrando “Día del Titulado Mercantil y Empresarial” en los clásicos y nobles salones comedores del Hotel Mencey de Santa Cruz de Tenerife.
Mis estudios profesionales e universitarios en la vieja Escuela de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, me deja unos recuerdos de profesores y catedráticos magníficos y extraordinarios: Don Arístides Ferrer García, Don Luís Wildpret Álvarez y su acompañante Señora Mary, Don Antonio Vives Coll, Don Norberto Cejas Zaldívar y su hijo Tony Cejas, Don Lucio Rodríguez López, Don José Herreras Hernández, Don Pedro García Prieto, Don José Rodríguez Ferrer, Don Quiterio Baucells Santos, Don Bienvenido Martín Camacho, los hermanos Don Ricardo y Don Jorge Hodgson Lecuona. Un recuerdo especial para “Paco el del Carrito” en Los Patos, sus bocadillos amortiguaban los estómagos hambrientos de las medias mañanas. Carmita, Doña Carmen, siempre llamando a las puertas de las clases. Y porque no, a Leo, la secretaria ejemplar, chillona por eminencia, siempre sacaba su mano por aquella ventanilla, para poner orden sobre el mármol de las matriculaciones.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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