sábado, 10 de marzo de 2018

TACORONTE SEMANA SANTA, CRÓNICA Y APUNTES HISTÓRICOS



El amigo de Tacoronte; NICOLÁS PÉREZ GARCÍA. Remitió entonces (10/03/2015) estas notas que tituló; “TACORONTE  SEMANA SANTA, CRÓNICA Y APUNTES HISTÓRICOS”: “…Un antiguo testigo de la Semana Santa de Tacoronte es la Calle del Calvario, la primera que abrió senda en el lugar desde comienzos del siglo XVI, cuyo punto de partida fue la primitiva ermita de Santa Catalina construida en el primer decenio, entorno en el que se asentaron los primeros pobladores después de conquistado el pueblo guanche. Aquel camino se trazó para enlazar con la Ciudad (La Laguna), y más tarde con el vecino pueblo de El Sauzal. Fue la vía más importante de Tacoronte hasta mediados del siglo XIX, quizá en aquellos tiempos la más larga de la Isla, y se conoció con estos nombres: la Calle, la calle que va a la Ciudad, barrio del Calvario, calle real del Calvario. Un testimonio inequívoco de su nombre son las cruces de madera que jalonan todo el recorrido hasta el Calvario propiamente dicho, éste en un recinto de unos 700 metros cuadrados emplazado frente a la centenaria Alhóndiga que sigue indemne desde el año 1685. Se menciona este calvario desde finales del siglo XVII, punto de descanso de las procesiones.
El Calvario de Tacoronte, tildado de romántico por algunos poetas, ofrece una estampa remozada después de su rehabilitación en 1996, y forma parte de uno de los rincones históricos y tradicionales más emblemáticos de la ciudad. A su vera vivió el pintor Óscar Domínguez (1906-1957), genio indiscutible de la vanguardia surrealista, arte carismático y controvertido que forjó bajo su óptica peculiar en los andurriales parisinos de Montmartre y Montparnasse, y en sus inmediaciones nacieron los hermanos Elfidio (1905-2001) y María Rosa Alonso Rodríguez (11-12-1909). En torno al Calvario, el maestro nacional Francisco Delgado Herrera en su otra faceta de músico y compositor, llevó al pentagrama la partitura Calvario de Tacoronte, estrenada en Alemania en 1936 y posteriormente en Santa Cruz de Tenerife bajo la dirección del maestro Santiago Sabina. Era coetáneo de Abel Bonnet Reverón, ambos nacidos en 1875, que por la década de 1920 ejercían su magisterio en las escuelas graduadas de Tacoronte ubicadas en los bajos del Consistorio, antiguo convento de San Agustín.
La semana grande de los cristianos es acogida en Tacoronte con sobriedad y solemnidad, tal como requiere un evento pleno de sentimiento profundo y de recordación, ajeno a la crepitación mundana. Las celebraciones se mueven en medio del espacio austero y apacible marcado por las dos iglesias principales, entre parajes vinculados a la historia y a la tradición. Los actos litúrgicos más importantes se celebran en la iglesia de Santa Catalina, bello templo y joya arquitectónica que encierra entre sus paredes un auténtico museo sacro. Desde aquí parten todas las procesiones excepto la del Domingo de Ramos que sale por la tarde con el Cristo de los Dolores y la Virgen de la Soledad, cuyo primer antecedente lo encontramos en el año 1902.
Siempre fue un día significativo y de gran devoción la procesión del Cristo desclavado el Domingo de Ramos, la primera salida de la talla en el año, Conocida desde antiguo como Procesión de las Promesas por la actitud oferente de los feligreses, que no vienen a una fiesta propiamente dicha, sino a acompañar con velas y silencio el peregrinar de la imagen de su devoción. A esta celebración ha contribuido en mucho la Hermandad del Cristo de los Dolores, recuperada en 1991 bajo la mano de un ferviente seguidor y cargador de la efigie, don Antonio Dávila Dorta.
Para muchos parroquianos de Tacoronte no es posible celebrar la Semana Santa si no existe un sentimiento de fraternidad con los demás; no es una fiesta para el lucimiento material como otras. Es una conmemoración que nos hace mirar hacia nuestro interior para descubrir muchas cosas, para reflexionar de qué manera malgastamos el gran potencial de valores que alberga nuestro ser. Nos cuesta mucho entender que estas cualidades ocultas son las que enriquecen nuestra personalidad si con ellas contribuimos al bien.
Llevamos años viviendo una época de cambios acelerados. Después de siglos, en unas cuantas décadas la sociedad se ha visto involucrada en todo tipo de adelantos y también de problemas, y las crisis vienen a ser el precio de la involución progresista que nos ha traído un desarrollo en muchos aspectos engañoso. Lo estamos viendo todos los días en la situación económica que golpea a los más desfavorecidos, en el deterioro del medio ambiente y en la cantidad de dificultades que afloran por doquier. Parte de la solución descansa en las políticas y en las leyes, pero la mayor responsabilidad y compromiso recae en cada uno de los que peregrinamos en esta sociedad  que nos envuelve.
La Semana Santa no es para celebrar la muerte, sino la vida que construye caminos libres de ataduras. La noche luminosa del Sábado Santo nos lo dice a través del fuego nuevo ante el pórtico del templo, luz bendecida que rompe la noche destruyendo la oscuridad por el triunfo humilde y servicial de Jesucristo, para después cada uno regresar a casa con una sensación jubilosa y placentera. En este tiempo santo el corazón responde ante lo que se celebra con un reflejo sincero y auténtico, luego pasan los días y nuevamente predomina el aspecto volitivo y mundano, lo cual no es malo si se procede conforme a los buenos principios y enseñanzas de la Iglesia.
En los siglos XVI y XVII no existían gobiernos que armonizaran un ambiente social justo y coherente, con lo que la desigualdad de clases era patente y el analfabetismo una realidad que impedía cualquier progreso moral e intelectual. Por eso, el papel de la Iglesia fue primordial porque sustituyó de consuno la función de una institución inexistente, ocupándose de enseñar y fomentar cualidades morales en las familias, aun cuando para ello tuviera que esgrimir normas de cumplimiento. No había otro medio y la familia acabó por impregnarse de aquellos valores, y la comunidad asumió unos principios fundamentales que por transmisión natural ha generado civilización, la que hoy disfrutamos. Entonces no existía el Estado sino la Monarquía, demasiado ocupada en conflictos bélicos y escaramuzas palaciegas.
Los primeros apuntes históricos acerca de la Semana Santa en esta parte norte de Tenerife tienen reflejo en los años 1543-1544, a través de los mandatos del obispo de Canaria don Alonso Ruiz de Virués. De su contenido se desprende claramente la reticencia de los moradores de Tacoronte a la obligación de acudir a la parroquia de San Pedro de El Sauzal para oír la misa de los domingos y cumplir con los días de precepto y fiestas de guardar, así como para recibir los sacramentos. Por entonces la ermita de Santa Catalina dependía del beneficio de El Sauzal, instituido en 1533 con jurisdicción eclesiástica en la demarcación de Acentejo, excepto Santa Úrsula; por tanto los vecinos comarcanos con uso de razón estaban sujetos a tal imposición. La medida trajo consigo protestas, sobre todo por la distancia y los malos caminos, y así lo manifestaron en repetidas ocasiones a los visitadores episcopales. La elección de San Pedro como centro rector de la comarca dio lugar a un enconado pleito eclesiástico entre los parroquianos de Tacoronte y del Sauzal, litigio que perduró más de un siglo.
En principio, las demandas de los tacoronteros obtuvieron una exigua concesión, según se desprende del siguiente mandato: «[…] e pornos bisto supedimento econstandonos por bista deojos por la bisitaçion que hiçimos enla dha yglª desanpº. el año pasado (1543) la dha distançia e beçindad por el mal camino que ay en el ibierno e trabajo deberano enel tienpo delas sementeras abido (ha habido) Respeto al derecho parroquial que se debe al venefiçiado de la dha yglª e cura deella nosla perjudiçiado en cosa alguna bos damos poder por la presente paraque abida informaçion de la neçesidad de los beçinos e de las otras cosas contenidas en esta Relaçion podais dar liçençia a los dhos veçinos de tacoronte decapellan quelepodais probeer detal probision decapellania esacristia paraque lesdiga misa enla dha ermita desanta Catalina todos los domingos y fiestas quela yglº manda guardar exçepto enlos primeros dias de las tres pasquas del año y el domingo de Ramos con toda lasemana Santa e la fiesta decorpus cristi […]» (Alonso Ruiz de Virués, obispo de Canaria, 29 de abril de 1544).
Traduciendo esta parte del relato, los vecinos de Tacoronte consiguen un clérigo que les diga misa los domingos y ciertos días de precepto en la ermita de Santa Catalina, de manera que cumpliendo este mandato evitan desplazarse a El Sauzal, lo que todavía es muy poco ya que para lo demás siguen estando obligados con la parroquia de San Pedro, cuyo cura beneficiado en esta época es Sebastián Piloto. El siguiente párrafo del mismo mandato es terminante: «[…] y entodolo demas los dhos veçinos detacoronte guarden con el dho venefiçiado eiglesia desanpº del Sauçal todoloque pareçiere preheminençia parroquial es debido e contribuian enlos Repartimientos delafabrica deladha yglª juntamente con los otros parroquianos […]»
En 1558, los vecinos de Tacoronte volvieron a sus reivindicaciones con motivo de la visita del obispo don Diego Deza, consiguiendo nuevas concesiones aunque insuficientes para sus aspiraciones de plena autonomía parroquial: «y ten mando su Reberendissima señoria que los dhos beçinos estantes y moradores detacoronte sean obligados air e bayan amisa ala dha yglª desanpº. su parroquia laspasquas del año la fiesta de corpus cristi y desanpº y el primer dia de quaresma y el domingo de Ramos el juebes y biernes Santo de ençerrar y desençerrar del Señor lo qual les manda sopena deexcomunion mayor[i]»
«[…] que el dia de todos Santos y de los finados el dho venefiçiado del Sauçal les haga deçir misa entacoronte y ponga y pague a quien la diga pues a de llebar las ofrendas donde no el dho capellan diga las dhas misas y aya y llebe las dhas ofrendas»
En el ecuador del siglo XVI el lugar de Tacoronte tendría una población aproximada entre 300 y 350 habitantes, agrupados en los alrededores de Santa Catalina. El papel de la Iglesia fue determinante en la dinámica religiosa y social del incipiente vecindario, pues aunque el clero ejercía su predominio en el pueblo, también propiciaba el orden moral que requería toda familia, ya que en caso contrario la situación de ignorancia y analfabetismo podría desembocar en actitudes de anarquismo y escándalo en las relaciones de unos con otros, en comportamientos indeseables y poco menos que tribales. La Iglesia juzgaba esencial dictar normas de conducta para lograr conciencias tranquilas, y el modo de hacerlo en aquel tiempo descansaba en los preceptos religiosos y en el temor del poder divino para contener cualquier desafuero. Viviendo en un medio aislado el único conocimiento del exterior provenía principalmente de las visitas periódicas de los mandatarios episcopales, vicarios o el propio prelado, por lo regular quinquenales, los cuales se hacían acompañar de una especie de notario apostólico para escribir la carta de la visita con los mandatos de obligado cumplimiento.
El mandato religioso más extenso e importante fue el promulgado con fecha 4 de julio de 1602 por el doctor don Francisco Martínez Ceniceros, obispo de Canaria; una suerte de constitución a tenor del contenido y pormenor de mandas y ordenanzas sobre todos los aspectos religiosos, sociales y morales, todo ello siguiendo los predicados del Concilio de Trento[ii]. En este tiempo la población de Tacoronte podría alcanzar el millar de habitantes, y ya estaba construida una segunda ermita, la de San Sebastián, que después de unos 75 años en pie sería derruida para servir de solar y cimiento al Santuario del Cristo de los Dolores, edificado a partir de 1664. Se colige por tanto que el primigenio núcleo poblacional de Santa Catalina se expande hacia los aledaños de la hoy conocida plaza del Cristo, convertida a la postre en el centro cívico del término.
Abundan referencias respecto a la Semana Santa y a la observación rigurosa de todos los requisitos inherentes a ella, con obligación de confesar y comulgar por este tiempo santo, para lo que se llevaba un estricto control. Los que no cumplieran con este requisito eran compelidos a ello, y en todo caso se les permitía hacerlo en último extremo el domingo de Cuasimodo, que así se denominaba el primer domingo después de Pascua de Resurrección, y en caso contrario se incurría en censuras u otras penas pecuniarias, recayendo éstas en los propios feligreses o en sus padres, amos o tutores.
En cuanto a la actitud que se debía adoptar dentro del templo: «Otrosi mandamos quela comunion q ande (que han de) haçer losdhos feligreses por semana santa opasqua derresuReçion quando estan obligados a cunplir con el preçepto se haga con mucha Reberençia y con espaçio demanera que no aya trulla (bulla, ruido) ni inquietud y los curas y venefiçiados tengan mucho cuydado en esto sopena de que seran  castigados conforme asu culpa»
Los religiosos y parroquianos de Santa Catalina no habían dejado de insistir en sus aspiraciones de contar con parroquia propia y total autonomía para desligarse del beneficio de San Pedro de El Sauzal. Y consiguieron su propósito a comienzos del seiscientos según noticias facilitadas por el licenciado José Antonio Fernández de Ocampo (1717-1790), cura párroco del pueblo en la segunda mitad del siglo XVIII, a raíz de sus indagaciones sobre los antiguos libros de visitas. Al respecto veamos una de sus anotaciones de 1781: «Estos mandatos que hiso el Yltmº Señor Dn Francº Martines obpô de estas Yslas en el año de mil seisientos y dos se pusieron enel mismo año; y en el año demil Seisientos y quatro que fue se separo esta (ermita de Santa Catalina) dela del Sausal poniendo en ella cura propio porque hasta alli la servia el Benefisiado de dho Sausal segun lo manifiestan los libros de bautismo y Casamientos hechos por dho Cura que es con lo que puede probarse, porque aunque al folio 87 deeste libro se halla un mandamiento por el que parece que dho Yltmº Señor  Dn francº Martines separo esta Parroquia deladel Sausal poniendo enella Cura propio que ladmenistrase a sus vesinos mandando que ellos lo tubiesen como tal por ante Baltasar hernz notario publico en vista del pleito que se siguio: este tal Notario ni supo haser tal mandamiento, ni sepuso fecha»
El testimonio no ofrece dudas. Fue el obispo Francisco Martínez Cenicero el que determinó la independencia o autonomía de la parroquia de Santa Catalina, quedando desvinculada del beneficio de San Pedro de El Sauzal, aunque el litigio que tuvo su inicio a mitad del siglo XVI entre las dos iglesias vecinas perduró hasta finales del siglo XVII, incluso más allá, por cuestiones de competencia y jurisdicción eclesial entre los religiosos y vecinos de ambos lugares. Entonces, desde 1604 el primer cura propio de Santa Catalina fue el licenciado Baltasar Díaz Llanos, y se dice en un mandato del provisor del obispado, doctor Gaspar Rodríguez del Castillo en su visita del 11 de agosto de 1609, que dicho cura y el de El Sauzal (licenciado Aldán) habían hecho un concierto estipulando las delimitaciones de cada uno.
Efectivamente, un mes más tarde el mismo provisor lo deja bien claro en cuanto a la independencia de la parroquia de Tacoronte: «Por Parte de los Vzos del lugar detacoronte fue Pedido se les diesse cura enel dho lugr detacoronte con congrua sustentaçion (renta del ordenado in sacris) A costa delos benefiçiados desta dha çiudad y les desobligase susª de yr a cunplir con los preçeptos de la ygleçia y dibinos ofiçios A el lugr e ygleçia del sausal […] E Presentada la dha Petiçion SuSª mando que Atento que los Vesinos de tacoronte tienen cura e ygleçia conpetente por estar el Santo Sacramento en ella y la ygleçia del Sausal es pequeña y no caber en ella toda la gente que biniendo todos los dhos vezinos Ala ygleçia de Tacoronte A oyr los dibinos ofiçios y Hazer las demas cossas de Parro quianos no esten obligados ayr ala del Sausal a oyr los dhos dibinos oficios y que el cura deste lugar de tacoronte los tenga por sus Parro quianos y como tales los haga cunplir con sus obligaçiones detales Parro quianos y ellos esten obligados A cunplir con la dha ygleçia sin ser nessº que bayan ala dha ygleçia del Sausal Atento a la concordia y conformidad que queda ya dha entre el dho beneficiado del sausal y cura de tacoronte para que sienpre conste del» (Visita 27 de septiembre de 1609. firmado: el obispo de Canaria, y el notario apostólico Baltasar Hernández. Después de las firmas consta la nota: “elebese Por mdº de SuSª el Proçeso original desta causa a la ysla de Canª”).
Como se puede apreciar, la ermita de Santa Catalina se convierte en parroquia con su primer cura propio, el licenciado Baltasar Díaz Llanos, que estuvo en el cargo desde 1604 hasta 1612, pasando luego al beneficio parroquial de Icod.
Muchos desconocen que las fechas de la Semana Santa se remontan al siglo IV de la era cristiana, que son las que subsisten en la actualidad. Fue decisión del Concilio de Nicea celebrado en el año 325 que la Pascua se celebrase el primer domingo después del plenilunio o luna llena que sigue al equinoccio vernal o de primavera (21 de marzo), que viene a ser el Domingo de Resurrección. Por tanto, esta celebración conocida también como Pascua Florida, no puede ser anterior al 22 de marzo ni posterior al 25 de abril. En nuestro año 2010, la luna llena que sigue al comienzo de la primavera cae el 30 de marzo, que coincide con el Martes Santo, y la semana concluye el 4 de abril (Pascua de Resurrección). Conocido este dato y retrocediendo 40 días sin contar los de la Semana de Pasión, hallamos el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma. 
Como se ve, el calendario lunar es la clave para fijar estas celebraciones fieles a la tradición, además de otras como el martes de Carnaval, Corpus Christi y demás. Los astros evolucionan con precisión matemática, sin duda al compás de un reloj cosmológico que la ciencia se esfuerza en emular, pero una cosa es el tiempo sideral y otra cosa es la división cronológica hecha por el hombre para acomodar sus actividades y adaptarse a los ritmos marcados por la naturaleza. A veces el humano se empeña en trastocar estos planes, y efectivamente alcanza cotas inimaginables, pero aún así la inmensidad del espacio sidéreo no da tregua a los retos más sofisticados. Sencillamente porque la Naturaleza es la expresión torrencial de vida inextinguible que se expande en un infinito inalcanzable. Pensemos en quién puede manejar estos hilos.
NOTA: 1 En la época de que se trata, la Excomunión constituía la más grave censura eclesiástica. Excomunión mayor: total exclusión de la Iglesia y del trato con sus miembros. Excomunión menor: exclusión de los Sacramentos y de los beneficios de ellos derivados, siendo la excepción el Bautismo, que no se podía denegar en ningún caso. La Excomunión se consideraba una medida para disciplinar, corregir y proteger espiritualmente a los buenos fieles de la Iglesia. Los penados podían ser absueltos plenamente cumpliendo las premisas impuestas.
2 El Concilio de Trento tuvo lugar en tres períodos entre 1545 y 1563, uno de los más importantes de la Iglesia Católica y que tuvo toda su validez hasta el Concilio Vaticano I (1869-1870). La iniciativa partió del papa Paulo III, quien sugería la conveniencia de definir la doctrina de la Iglesia, eliminar las corrompidas costumbres del clero y discutir el modo de conjurar la herejía. Se condena a Lutero y sus doctrinas, a Zwinglio y a Calvino, dando comienzo la llamada Contrarreforma a raíz de la rebeldía protestante. A partir del Concilio el espíritu de reforma empezó a extenderse por toda la Iglesia. Los sacerdotes y prelados se convirtieron en hombres fervorosos, dignos de su santa vocación; el saber y la cultura permanecieron celosamente leales y disciplinados; el arte, casto y austero, se enderezaba a servir los altos ideales religiosos; la poesía y la música se consagraron a cantar la gloria de Dios y servir a la Iglesia. Abanderada de la Reforma católica o Contrarreforma fue la Compañía de Jesús, cuya acción, perfectamente adecuada con aquel momento histórico, se dejó sentir en todos los campos sobresaliendo de manera particular en el de la educación. La vida eclesial comenzó una gran transformación…”

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL




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