Vilehaldo J. Arzola González cariñosamente conocido por Vile, es un
muchacho natural de la Villa de La Orotava, del histórico Barrio de La
Candelaria El Lomo, lugar del proletariado villero, procedente de una familia
humilde de trabajadores. Le conocí desde pequeño, su padre era un trabajador de
los de antes, su pobre madre que esté en la gloria, trabajó en el Colegio de La
Milagrosa de las Hermanas de La Caridad como empleada de la limpieza, tenía una
voz de oro, con mucha facilidad para el canto, formó parte de los coros
parroquiales de San Juan Bautista y de la Coral Rómulo Betancourt.
A Vile le conocí cuando estudiaba con mi hijo Juan Félix Álvarez y González
de Chaves en el Colegio Público de Ramón y Cajal de la Villa y en el Instituto
de Villalba y Hervás. Estudiaron música en la filial orotavense del
conservatorio de Tenerife con la profesora María Candelaria Sánchez Perera,
estuvieron juntos en la banda de la Agrupación Musical Orotava. Vile con la
trompeta - percusión y mi hijo con el clarinete.
La vida profesional la realizaron por separado, mi hijo siguió en la
carrera de música en el Conservatorio Superior de Santa Cruz de Tenerife y en
el Extranjero (Londres y Basilea) y Vile se Licenció en Historia en la
Universidad de La Laguna.
Ese año fue el encargado de leer el Pregón de la Semana Santa de La Villa
de La Orotava 2014, su compañero y amigo Samuel Villar González, presenta su
biografía en el preámbulo de la lectura del Pregón que se desarrolló en el
templo de San Francisco: “…Ardua es la tarea de presentar a un
pregonero, porque se ha de resumir en un breve espacio de tiempo todas las
reseñas y méritos que ha desarrollado a lo largo de su vida la persona que les
va a pregonar con su palabra. Esta tarea no se hace tan difícil, ya que a quien
presento fue un compañero monaguillo, es un hermano cofrade, pero sobre todo es
un amigo.
Don Vilehaldo Jesús Arzola González nace el 16 de
diciembre de 1977. Junto a su padre – Don Carlos Arzola –, su madre –
Doña Manola González – y sus tres hermanos – Juan Carlos, Ana y Adela –
desarrolla su infancia y juventud en una casa en el popular barrio villero de
la Candelaria del Lomo.
Realiza sus primeros estudios en el Colegio “Ramón y
Cajal”, situado en el barrio de La Piedad, y es en el ecuador de esta etapa
académica donde empezará su vinculación con la Parroquia de San Juan Bautista.
Allá por el año 1985, Don Vilehaldo recibe de manos de Don Elías Díaz el
Sacramento de la Primera Comunión; y es a partir de este momento cuando empieza
su andadura por esta singular y entrañable Parroquia de la Villa de Arriba. En
los primeros años, sirve como monaguillo y, más tarde, en su juventud,
comenzará su vinculación más directa con las hermandades y cofradías de la
misma. Es de destacar su especial dedicación a la Venerable Hermandad del Santo
Entierro, en la que ha ocupado diversos cargos en las juntas de gobierno, entre
ellos el de presidente.
Terminados sus estudios primarios, comenzará y
terminará el bachiller en el Instituto de Enseñanza Secundaria “Villalba
Hervás”, y posteriormente estudiará la Licenciatura en Historia en la
Universidad de La Laguna, la cual fue complementada con un postgrado de
Especialista Universitario en Archivística, profesión a la que actualmente se
dedica en el Archivo Histórico Diocesano de San Cristóbal de La Laguna.
Asimismo, en la actualidad, realiza la tarea de coordinación del inventario de
los documentos históricos de la Santa Iglesia Catedral.
Su inquietud por la historia le ha hecho publicar la
obra “La Iglesia de San Juan Bautista”, que forma parte de los cuadernos del
CICOP; y también ha colaborado en importantes publicaciones que narran la
historia de nuestra Villa, como pueden ser: “La Semana Santa de La Orotava, mi
Semana Santa”, “El Tesoro de La Concepción. Catálogo de la exposición
conmemorativa del V Centenario de la declaración del Curato de la Parroquia de
La Concepción”, así como la coordinación del catálogo “El legado del Farrobo.
Bienes patrimoniales de San Juan Bautista”. También ha comisariado varias
exposiciones como “El Columna y su Esclavitud a través del tiempo”, “Testigos
de una devoción” y “El Ajuar de una Reina”.
Y es todo este saber histórico y su marcada
trayectoria entre mangas, ciriales, incensarios y tronos de la señera Parroquia
de la Villa de Arriba, lo que nos hará deleitarnos con un magnífico y sentido
pregón que anuncie la inminente llegada de la Semana
Santa villera…”
Toma la palabra, Don Vilehaldo Jesús Arzola González, pregonero de la
Semana Santa de la Villa de La Orotava 2014: “…SALUTACIONES; Señor
Vicario Territorial del Norte de Tenerife, párroco de Nuestra Señora de La
Concepción y San Isidro Labrador, Señor Arcipreste de La Orotava y párroco de
San Juan Bautista y San Antonio María Claret. Señor Párroco de San José Obrero
y San Lorenzo Mártir. Señore capellanes de esta Iglesia de San Francisco, Señor
Delegado Diocesano de Patrimonio Cultural y Director del Archivo Histórico
Diocesano, Señor Vicario Parroquial de Nuestra Señora de La Concepción, Señor
Alcalde y miembros de la Corporación Municipal, Presidentes y Juntas Directivas
de las distintas Cofradías y Hermandades de La Orotava, Señoras y señores,
Antes de empezar debo agradecer a la Comisión Mixta su ofrecimiento para que
sea yo quien proclame la cercanía de Nuestra Semana Santa. Asimismo he de
agradecer a la Franciscana Hermandad del Stmo. Cristo del Huerto, a su
consiliario y al personal de esta iglesia de San Francisco por las facilidades
prestadas para realizar este acto.
MOTIVOS: Una vez escuchada la presentación que sobre mi persona se ha
hecho, cabría pensar que el pregón que me dispongo a leer se va a basar en mi
formación como historiador o en mi trabajo de archivo, aunque en realidad
escasamente he investigado la semana santa local, y no es mi labor esta noche
cargarle de datos históricos, fechas y autores. Quizás mi labor, hoy, esté más
relacionada con el hecho de haber sido durante casi toda mi vida un “ratón” de
la iglesia sanjuanera y disfrutar de la Semana Mayor de La Villa
Cuando recibí la llamada de parte de la Comisión Mixta de Semana Santa para
anunciarme que habían pensado en mí para este acto, mi primera respuesta fue
NO. En ese momento y durante el tiempo que me dieron para pensarlo no me
consideraba apto para tal distinción. Pero pronto caí en la cuenta de que la excusa
que puse fue mi perdición. Mi respuesta fue que un pregonero debe ser aquel
que, con su experiencia vivida en torno al hecho a pregonar, haga brotar en el
oyente los mismos sentimientos que trata de expresar para que invite al
asistente a vivir el hecho pregonado. Es decir, que mi misión es transmitirles
a ustedes mi experiencia con la Semana Santa de La Villa, de tal manera que mis
argumentos sirvan para que se disfrute, se viva y se ame nuestra Semana Mayor y
que todo eso se refleje en una fructífera vivencia en las celebraciones que se
nos avecinan.
Permítanme por ello que personalice mucho este pregón, porque lo que
trataré de transmitirles son mis sentimientos.
TÍTULO - INTIMIDADES:
Lo que
pretendo contarles esta noche no es una simple enumeración de cada una de las
celebraciones y procesiones que tienen lugar en nuestra Semana Santa. Creo que
eso es algo de sobras conocido por casi todos los que estamos hoy aquí.
Lo que trataré de narrar van a ser diversas vivencias de muchas situaciones
que se repiten cada año por estas fechas y que no siempre son conocidas por el
público en general. Situaciones que yo he vivido pero que cada año se vuelven a
repetir en cada uno de los que trabajamos, organizamos, cuidamos y mimamos
nuestra Semana Santa. Por ello, este pregón lleva por título: INTIMIDADES.
De ante mano pido disculpas por los múltiples fallos que tendré, porque en
una celebración tan importante y de tanto arraigo, intervienen muchos factores
de los cuales, muchos se escapan de mi conocimiento. Trataré de hacerlo lo
mejor posible.
PRIMEROS CONTACTOS CON LA SEMANA SANTA: He de decir que mi contacto con la
Iglesia siempre fue muy estrecho. Ya desde mi infancia, la asistencia a la
misma se hacía necesaria al acompañar a mi madre al coro parroquial de San Juan
Bautista; aunque es verdad que en los primeros años de mi vida mi madre tenía
que ir a misa a San Antonio ya que el entonces párroco de San Juan, Don
Domingo, ponía en evidencia a las madres cuyos niños lloraban durante la
celebración. Entre ellos, yo.
Así, desde pequeño empecé a ver Santos, Misas, Vírgenes y Cristos que luego
intentaba plasmar en mi casa en aquellas misas y procesiones improvisadas que
realizaba con mis amigos de la calle y de la infancia, y que tenían lugar entre
un partido de futbol o algún que otro juego infantil.
Aún recuerdo que el ya fallecido Manuel (Sacristán de la Candelaria del
Lomo) recortaba las fotos de los carteles que colocaba en la ermita y siempre
me daba una estampa que en nuestro juego infantil colocábamos sobre una basa de
madera y pertrechados de estandartes, cruces y tambores, sacábamos en procesión
hasta el cercano “Bodegón Emilio”, donde pícaramente pasábamos la colecta que
luego nos servía para comprar golosinas. Eran tiempos en los que, por el trabajo
de mi madre en el Colegio La Milagrosa, algunas monjas me regalaban telas,
jarras y diversos útiles que luego usábamos en nuestras procesiones infantiles.
Pero mis contactos “reales” con la Semana Santa se remontan a los
acompañamientos de las procesiones, de la mano de mis padres. Precisamente hoy
que nos preside la imagen del Santísimo Cristo del Huerto, viene a mi memoria
los primeros acompañamientos como miembro de la hermandad. Cuando en 1979 se
fundara su hermandad, mi padre decidió inscribirme en la misma, siendo el
primer niño en hacerlo.
Al principio acompañaba la procesión en la fila de las mujeres, con la vela
en la mano; pero cuando ya tuve la edad oportuna, acompañaba a mi padre,
sujetando los dos una misma redoma o aguantando su horquilla cuando le tocada
cargar.
Hoy, veo en muchas procesiones a niños que acompañan a sus padres en la
misma situación que yo. La estampa de un padre y un hijo portando una misma
redoma, no es sólo la de transmitir las costumbres y tradiciones; es la de
sembrar las semillas de la catequesis cristiana. Ojalá haya más niños en las
procesiones: no los alejemos de Cristo: “Dejad que los niños se acerquen a Él”
(Mt. 19, 14).
Cuando hice la primera comunión, lo primero fue apuntarme a monaguillo y a
partir de ahí, mi misión en la Semana Santa cambió radicalmente. Pasé a ser
miembro activo de las celebraciones eucarísticas y procesionales, portando
desde entonces navetas, incensarios, ciriales, mangas… aunque por mi poca
complexión física estuve muchos años con el puesto al cual, los flacos y
bajitos como yo siempre estábamos destinados: o con la naveta del incienso, o
con las piedras de carbón para el mismo, o lo que era peor: acompañar al cura,
al final de la procesión, donde te lo perdías todo.
Afortunadamente, no siempre fue así y durante estos años disfruté mucho y
lo más importante: fragüé amistades que aún hoy en día siguen firmes. Al igual
que veo hoy en día y que ya sucedía desde el pasado, el grupo de monaguillos de
una generación se convierte en un bastión inexpugnable de amistad en el que con
el paso del tiempo se comparten agradables e imborrables recuerdos de la fe
vivida, de las experiencias adquiridas y también de las ruindades que entre
todos realizábamos. Ya se sabe que “quien quiera un hijo pillo que lo meta de
monaguillo”.
Pero sí que me gustaría recalcar que la pertenencia a los grupos de
acólitos no supone sólo la función de ayudar en el altar; también es el momento
en la vida de los niños y jóvenes donde posiblemente surgirá una convivencia
fraterna que marcará en el futuro la personalidad de sus miembros. Así pues,
desde aquí, desde un pregón de la Semana Santa, mi apoyo y mi reconocimiento a
la importante labor que se ejerce desde este ministerio del Altar. Sigan así
chicos, sin temor a demostrar públicamente la fe en Cristo.
LA SEMANA SANTA DESDE ATRÁS: Ya en mi adolescencia, me tocó vivir la Semana
Santa desde la cola, desde una perspectiva diferente. Me explico. Mi
pertenencia a la Agrupación Musical Orotava, me hizo descubrir otra Semana
Santa: la de las marchas procesionales, la del ritmo acompasado para que la
procesión discurra con orden o, por qué no decirlo, la de la vista hacia
espaldas sangrantes de Cristo o hacia mantos de Vírgenes ahogadas en su dolor:
¿acaso no es igual de bonita una procesión desde atrás, cuando en su
discurrir por calles largas y empinadas como las de San Francisco, Calvario,
León o Hermano Apolinar, se observa ese lento balanceo de las imágenes por un
marco inigualable de la trama urbana de La Villa?
Este trabajo, el de las bandas, es uno de los que otorga también mayor
solemnidad a todos los actos de nuestra Semana Santa. La Banda de Cornetas y
Tambores de la Parroquia de San Juan Bautista y la Banda de la Agrupación
Musical Orotava han logrado que con la perfección de interpretación de sus
marchas conjuntas e individuales, La Orotava cuente con un gran conjunto
musical de acompañamiento en la Semana Santa, que es orgullo de los villeros -
los conciertos de marchas así lo demuestran - y a la vez que sea envidia de muchos
pueblos que aspiran a tenerlas en sus actos.
En concreto a la Banda de Cornetas y Tambores, le salen cada año una serie
de admiradores anónimos que son dignos de reseñar esta noche: los niños. ¿Quién
en su niñez, durante una misa en la Villa de Abajo, no ha sentido el impulso de
salir corriendo a la calle a ver como baja desfilando nuestra querida banda?
Aún hoy, la cara de alegría de los niños son fruto de la admiración que los
mayores tenemos por esta banda. La Semana Santa Vilera no sería la misma sin ella,
de la misma manera que ya no podemos imaginarnos una Semana Grande sin los
sentimientos de dolor y angustia que nos transmite magistralmente cada año
nuestra banda de música al interpretar “Adiós a la Vida” o “La Madrugá”.
Pero volviendo a mi adolescencia, cuando ya habían pasado los primeros años
como músico, empezó a plantearse en mí una duda: ¿debía acudir a la procesión
con la banda o de monaguillo? Casi siempre me tiraba más mi lado sanjuanero y
acababa vistiéndome de monaguillo en las procesiones de San Juan y acudiendo
como músico a las restantes.
LA SEMANA SANTA SOBRE LOS HOMBROS: La siguiente etapa en mi relación con la
Semana Santa fue la de cargador. Como un cofrade más, porté en mis hombros los
pasos procesionales de santos, Cristos y Vírgenes, meciéndolos con suavidad al
compás de las bandas.
Y es aquí donde me gustaría expresar lo que para mí es una de las
peculiaridades que hace que la Semana Santa de La Orotava sea única. Cuando
tuve la oportunidad de colaborar en los textos de la obra “La Semana Santa de
La Orotava, Mi Semana Santa”, del escritor villero Don Juan del Castillo,
esbocé esta primera característica de nuestra Semana Mayor:
“A diferencia de otros lugares de nuestra geografía
nacional, aquí no existen ni carros, ni costaleros. En La Orotava sólo hay
“cargadores”: hombres que estoicamente soportan el peso de los tronos a cara
descubierta”, en grupos de 3, 4 o 5 cargadores.
Ésta es una característica de la que muchos villeros nos sentimos
orgullosos. Gracias a Dios, hemos conservado la costumbre heredada de nuestros
antepasados, evitando influenciarnos por modas como la de los costaleros,
venidas de la península y más específicamente, de Andalucía. Lógicamente, por
la orografía de nuestro municipio, la introducción de carros se hace
materialmente imposible, lo que nos ha obligado, y por ello lo hemos
conservado, a continuar portando las imágenes bajo los hombros. No cabe duda
que el balanceo de la imagen al ser portada a hombros no lo iguala ni el mejor
de los carros preparado para estas pinas calles de La Villa.
Al igual que lo hice yo, cada año, un ingente número de jóvenes se visten
con sus respectivos hábitos y acuden en masa a cargar las imágenes. Muchos
jóvenes, que pudiendo disfrutar de sus vacaciones en el Sur de la isla o viajar,
se quedan en La Villa, para portar, orgullosos, las imágenes religiosas. En
estos tiempos en los que la laicidad está tan de moda, estos jóvenes son un
bien que hay que agradecer y alentar. Por eso hoy, desde esta tribuna te digo a
ti joven: que no te avergüence manifestar públicamente tu amor a Cristo, que tú
presencia en las procesiones nazca desde el corazón y que como miembro de las
cofradías vivas las celebraciones religiosas para fortalecer tu fe.
Debido a mis problemas de espalda, pronto tuve dejar de ser cargador y por
ello se me ha encargado estos últimos años, la función del Celador. Así pues,
me gustaría hacer un reconocimiento especial a todas aquellas personas que han
desempeñado y desempeñan este cargo.
Sin los celadores, las procesiones serían casi imposibles de organizar. En
cortejos procesionales con más de 500 personas, sin unos encargados de dirigir,
la procesión perdería el orden y la compostura. Y es que el celador no es sólo
aquel que busca los grupos para cargar, es además quien crea nuevos grupos,
quien indica el orden, quien mantiene el silencio… en definitiva, el que
organiza y por esa acción de “mandar” no siempre es bien considerado. Sin
embargo, este sistema de cargadores organizados por celadores es muy
característico de nuestras procesiones y apenas existen en otras localidades.
LA SEMANA SANTA ORGANIZADA DESDE DENTRO: La Semana Santa no se puede
dejar a la improvisación. Su organización corresponde a las diferentes
parroquias y a las Cofradías y Hermandades de La Orotava. Como miembro de
algunas directivas, he tenido que colaborar desde la propia organización,
siendo éste un aspecto ilusionante pero a la vez complejo por la difícil labor
de recaudar fondos y de recortar gastos.
Pero toda esta organización se complementa con la ayuda del Consistorio
Villero, ya que las procesiones discurren por vías públicas que requieren
autorizaciones de interrupciones de tráfico y estacionamiento. Pero además, el
Ayuntamiento de La Orotava lleva ya desde el año 1994 constituyendo la Comisión
Mixta de Semana Santa, en la que autoridades locales, párrocos y representantes
de cofradías y hermandades, hemos trabajado para coordinarnos y, como cada año,
sacar adelante el programa conjunto y el cartel anunciador.
Como miembro activo de esa comisión he estado en dos periodos: uno que
abarca las ediciones de los años 2006 al 2010; y otro que es el momento actual.
Debo reconocer, por la experiencia del primer periodo en la comisión, que el
trabajo de elaboración del programa es complejo y no siempre considerado por el
público en general, ya que tras el trabajo editado hay largas horas frente a
ordenadores, seleccionando fotos – que son aportadas gratuitamente por los
fotógrafos que acuden a la semana Santa – o compilando textos y cultos
para que todos y cada uno de los templos de La Villa queden reflejados en
él.
Y en este punto quisiera referirme a una segunda característica de nuestra
Semana Santa, que la hace también única y especial. Esta característica,
también citada en la colaboración que hice a la mencionada obra de Don Juan del
Castillo dice así:
“Siempre hablando sólo de las iglesias del casco
histórico, hay una única Semana Santa, aunque múltiples celebraciones
litúrgicas: cada templo celebra sus cultos correspondientes a esta práctica religiosa,
pero están sincronizados de tal manera que no se solapan unos a otros; las
procesiones tienen una fecha y un horario predeterminado desde antaño – y por
ello los pasos procesionales no están ordenados conforme a los acontecimientos
de la Pasión- pero no se simultanean. En definitiva, no existe una Semana Santa
por parroquia sino una Semana Mayor Villera.”
El programa de cultos de la Semana Santa Orotavense está estructurado de
tal manera que todos podemos ir a todo. No salen dos procesiones a la vez, ni
salen más de una imagen cristológica o mariana a la vez. En nuestra Semana
Santa hay un orden de procesiones, pero desordenado en la cronología de la
Pasión.
LA SEMANA SANTA: UN TRABAJO ANUAL EN GRUPO: Preparar la Semana Santa
de La Villa requiere un trabajo previo que no empieza a apreciarse hasta la
segunda semana de Cuaresma. En todos los templos, y especialmente en el que
trabajo, - en el de San Juan -, se limpian los retablos, las paredes, las
lámparas, los cristales de los nichos, los bancos, los cuadros…. Toda la
iglesia se pone “patas arriba”. Y es lógico que tal trabajo se realice
concienzudamente: la Semana Grande del Cristianismo tiene que notarse en la
Casa de Dios.
Durante un mes, todas las piezas de plata se limpian con esmero:
- Es el momento de desembalar basas, fanales, jarras, candelabros,
cartelas…
-Es el momento de las uñas negras: de los dedos marcados por el efecto del
limpia-plata…
-Es el momento de las improvisadas tertulias en torno a un grupo de amigos
que nos reunimos cada tarde y mientras limpiamos comentamos las cuestiones del
día, los recuerdos de otros años limpiando o las historias de antiguos
sacristanes y sus métodos de limpieza…
-Es el momento del compañerismo, del trabajo en equipo, de alegrías y de
algún que otro cabreo que pronto se pasa cuando entre todos hay que echar una
mano para montar algún elemento necesario.
-Es momento, en definitiva, en el que todo se prepara entre todos,
trabajando con esmero y alargando la jornada laboral de cada uno con unas horas
extras en la iglesia.
Y cuando toda la plata ya está limpia, toca montar tronos, armar, redomas,
colocar cuelgas, atornillar jarras, armar burras, colocar doseles y cortinas,
armar estandartes…. Y así un largo etcétera, durante cada día (fines de semana
incluidos) hasta que llega la Semana Santa.
En mi vida esta labor la he hecho todos los años desde que entré de
monaguillo. Pero éste no es un trabajo exclusivo a los de siempre: el trabajo
es mucho y los trabajadores pocos; así que este grupo siempre está abierto a
nuevas generaciones. De la misma manera que nosotros hemos aprendido y
conservado este trabajo de nuestros mayores, así nosotros también tenemos que
inculcar ese trabajo a los más jóvenes.
EL TRABAJO SILENCIOSO: Con la iglesia reluciente, con la plata brillante,
con los tronos armados… toca el turno de una labor íntima, callada, escondida…
pero muy meticulosa y de brillante resultado. Es el momento de bajar las
imágenes de sus nichos y colocarlas en sus tronos… pero las que son de vestir,
antes han de pasar por un proceso que las hace más bellas si cabe.
Me refiero a la delicadeza de los mayordomos y camareras que con sumo
cuidado y gran respeto, aderezan a las imágenes para que luzcan luego en todo
su esplendor. Y aquí, por obligación, hemos de reconocer la gran labor que
hiciera la fallecida Villera de Honor, Doña Gloria Rodríguez Pérez, quien no
sólo se encargara de vestir imágenes durante toda su vida sino que además
confeccionó muchos de los trajes de imágenes, vestimentas litúrgicas y otros
enseres que hoy lucimos con orgullo en nuestra Semana Santa.
Doña Gloria - que no sólo vistió las imágenes de San Juan, sino también las
de Santo Domingo -, nos enseñó el trabajo paciente, lento y respetuoso. Para
que el resultado fuera el óptimo, no había lugar a las prisas y todo había que
hacerlo con devoción a la imagen sagrada que se iba a vestir. Para Ella, ese
acto constituía un auténtico ritual de fervor, recogimiento y religiosidad que
se repetía, en San Juan, cada Domingo de Pasión.
Hoy, su testigo lo ha recogido su sobrino, Eugenio – Eño -, quien con su
buen quehacer se ha ganado el gran privilegio de ser mayordomo de muchas
imágenes de iglesias como las de San Juan, San Agustín, ésta de San Francisco o
El Calvario. A su vez, otros tantos mayordomos y camareras, se encargan de
adecentar el resto de imágenes sagradas en los demás templos villeros.
EL ITINERARIO DE LA SEMANA SANTA: Un pregón sin nombrar a las
representaciones de su protagonista (Cristo), no es un pregón. Así pues, toca
ahora relatar cada una de las celebraciones que vamos a vivir.
Antes, debo expresar la tercera característica de nuestra Semana
Santa, que también indiqué en el ya citado libro de Don Juan del Castillo:
“En La Orotava no hay grupos escultóricos. Como una
costumbre prebarroca, cada imagen es portada en su basa correspondiente – salvo
tres casos que lógicamente son indivisibles: La Oración en el Huerto, El
Nazareno con el Cirineo y La Piedad – y últimamente, el recién incorporado paso
del Cristo del Despojo”.
Y es que aquí hemos sabido mantener la esencia de siglos de procesiones. No
hemos cambiado nuestra identidad de cortejos procesionales con imágenes en cada
basa, por modas externas que concentra escenas con varias imágenes en un mismo
trono. Una vez más debemos apelar a mantener nuestras singularidades.
Precisamente estas peculiaridades son las que nos hacen distintos al resto de
municipios de la isla y al resto de celebraciones de Semana Santa; y esas
diferencias hacen que las personas que nos visitan esos días valoren la conservación
de nuestras tradiciones, sin copias ni imitaciones.
LAS PRIMERAS SALIDAS PROCESIONALES: EL CAMINO DE LA CRUZ: Viernes de la
Cuarta semana de Cuaresma: día del Vía Crucis hasta el Cementerio con el Cristo
de la Buena Muerte. En oración y meditación acompañamos a este Cristo que se
incorporó a nuestra Semana Santa en los primeros años de este siglo.
Cuando el 1 de noviembre de 1986 se incendió la capilla del cementerio, las
llamas devoraron todo en su interior. Por ello la Cofradía de la Santa Vera
Cruz y Misericordia de la Parroquia de La Concepción, asumió la tarea de dotar
a la capilla de una imagen de Cristo muerto en la cruz. El encargo recayó en el
escultor orotavense Ezequiel de León Domínguez.
De esta forma, nuestro gran escultor villero del siglo XX, legó a nuestra
Semana Santa esta primera imagen – y la del Resucitado, de la Parroquia de
Santo Domingo de Guzmán – codeándose con tallas del nivel de sus admirados
Estévez o Roldán. Dicha imagen fue bendecida en la plaza del ayuntamiento y trasladada
solemnemente en procesión a su actual capilla el 2 de mayo de 1993, víspera de
la festividad de la Santa Cruz.
LA SALUD UNIDA A LA CRUZ DE LA ENFERMEDAD: Sábado de la Cuarta Semana
cuaresmal: San Juan nos convoca ante un Varón de Dolores Redentorista. Cristo
Resucitado, triunfador de la muerte y el pecado - representado en el dragón que
aplasta- se abraza a la cruz y nos la ofrece como recordándonos sus palabras: "El
que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue su cruz y me
siga" y muchas veces, esa “cruz” es la enfermedad, que en este Cristo
de la Salud encuentra un apoyo espiritual y moral. (Mt 16, 21-27).
Se trata también de una obra de reciente incorporación y que vino a
sustituir a la imagen de igual nombre que hoy se venera en Arona y que recibía
culto en el antiguo convento de monjas claras de esta Villa. Es obra del
escultor cordobés Francisco Romero Zafra, ejecutada en 1998 y se venera en la
Parroquia de San Juan, gracias a la generosa donación de la familia Machado
Álvarez, con el recordado Don Ventura a la cabeza - gran impulsor de la Semana
Santa a finales de la centuria pasada -. Mediante escritura de donación
realizada el 10 de marzo de 2001, la imagen fue depositada en el templo
sanjuanero con la condición de que recibiera culto diario y que nunca llegara a
salir de La Orotava, de tal manera que La Villa conserve de por vida una imagen
con esta iconografía. Posteriormente, desde 2007 fue incorporado a la Semana
Santa Villera en la Víspera del último Domingo de Cuaresma.
LA REDENCIÓN QUE NOS VIENE A TRAVÉS DEL PERDÓN: El Fin de Semana se cierra
con el Domingo de Pasión y la procesión del Cristo del Perdón de la Iglesia de
San Agustín; una talla del siglo XVII, procedente del antiguo convento de
monjas Catalinas de esta Villa.
Al igual que el de La Salud, representa a Cristo triunfante a la muerte,
pero que dobla su rodilla ante el mundo pidiendo perdón por todos los pecados.
En su trono porta todos los atributos de la pasión… todos los elementos con los
que nuestro salvador padeció el dolor por nosotros: el látigo de los azotes, el
gallo de la traición de Pedro, la lanza con la que se le atravesó el costado,
los clavos y la cruz en la que fue colgado… El Varón de Dolores parece que se
anticipa al Viernes Santo y clama ante tales sufrimientos: “Padre perdónalos
porque no saben lo que hacen” (Lc 23 34).
Es la tarde del Quinto Domingo de Cuaresma y el atardecer de La Villa,
matiza el cortejo procesional de la luz anaranjada del sol poniente,
mezclándose a la vez con las tonalidades que anuncia la primavera de los
árboles de la Plaza de la Constitución y el aroma del incienso; LA OROTAVA YA
HUELE A SEMANA SANTA.
VIERNES DE DOLORES: MARÍA EN SU DOLOR: La quinta semana de Cuaresma
transcurre, y entre preparativos en uno y otro templo, llegamos al Viernes de
Dolores, que en La Orotava se caracteriza por 3 conceptos: el color negro, las
mujeres y la música.
El Negro: característica de nuestras dolorosas, que aunque son veneradas en
cada uno de los templos, éste día destaca en la talla anónima del Siglo XVII de
la Iglesia de San Agustín. Con sus vestimentas puramente negras y su manto de
estrellas de plata, nos convoca para acompañarle en el dolor y el sufrimiento
de una madre.
Y quizá sea por eso el segundo concepto: Las mujeres. Ellas este día tienen
el protagonismo: Nadie como una mujer para equipararse al sentimiento de dolor
de una madre que pierde a su hijo. Por ello, ya desde los siglos precedentes,
han sido las mujeres las encargadas de acompañar a María en su dolor, hasta
llegar a constituirse como Hermandad de la Virgen de Los Dolores, conformada
únicamente por mujeres. No obstante, al fusionarse en 1989 – hace ahora 25 años
– con la Hermandad del Cristo de la Humildad y Paciencia, hoy en día desfilan
hombres y mujeres de la misma hermandad, aunque prevaleciendo siempre el
protagonismo femenino.
Y la tercera característica: La música. Es la única procesión que discurre
por una plaza, por el interior de la Plaza de la Constitución, una plaza ligada
tradicionalmente a la música con su Kiosco central. Desde él la banda de música
interpretaba sus marchas, algo que hoy en día resulta ya imposible de realizar
por la numerosa cantidad de músicos que la componen. No obstante, es tal el
ambiente que rodea a esta procesión, entre marchas procesionales, arboleda y
paso cadencioso que su discurrir llega a durar una hora. Parece que los
villeros queremos mimar el mayor tiempo posible a María en su Dolor.
LA DESNUDEZ DEL HOMBRE: NUESTRO PADRE JEÚS DEL DESPOJO: La víspera del
Domingo de Ramos, es un día ajetreado en muchos templos: hay que dejar todo a
punto para la semana que ya empieza y hay que ultimar los preparativos de los
palmitos y olivos que se usarán al día siguiente.
La Parroquia de Santo Domingo de Guzmán es nuestro punto de referencia en
este día. Ya vislumbramos la alegría de los palmos y olivos, pero antes
meditamos otro momento de la pasión: el paso de Nuestro Padre Jesús del
Despojo, que desde el año 2004 se ha incorporado a las procesiones. Con su
recién creada cofradía –la última en constituirse en la Semana Santa-, esta
obra del orotavense Pablo Torres nos traslada al momento previo a la
crucifixión, donde Cristo se entrega sin resistencia… donde lo despojan de sus
vestiduras… donde “fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como
cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores
permanece muda, Él no abrió su boca” (Is. 53:7).
DOMINGO DE RAMOS: LA ALEGRÍA DE LA MAÑANA: Domingo de Ramos: uno de
los días grandes. La mañana, que suele ser soleada y alegre, está protagonizada
por los niños.
Aunque en todas las parroquias, iglesias, ermitas y capillas de La Orotava
se celebra la bendición de Palmos y Olivos y las Eucaristías propias del día,
el protagonismo de la mañana se lo lleva el Colegio Salesiano “San Isidro”. En
su pórtico, cientos de niños, jóvenes y adultos acuden al rito de la bendición
de palmos y olivos, para luego proceder, con cánticos de gozo y alabanza, con
la procesión de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén. Para nosotros se
trata del Señor del Burrito.
Y qué mejor que desde un centro educativo que tiene como referente a Don
Bosco – Apóstol de los jóvenes - para concentrar a todos los más pequeños con
el propósito de alabar a Cristo con palmos y olivos. Los niños con sus juegos y
cánticos infantiles, y los adultos, rememorando la infancia ya pasada, avanzan
en un desorden organizado hacia la Parroquia Matriz de La Concepción para
iniciar la solemne misa del día.
Ésta procesión se incorpora a la Semana Santa en 1957, cuando surgió la
idea, dentro del colegio salesiano, de crear una “Hermandad de la Borriquita”,
integrada únicamente por niños ataviados con una túnica al estilo hebreo,
cíngulo y velo. La experiencia duró pocos años, pero el protagonismo de los
niños hoy en día continúa.
LA PREDICACIÓN DEL MEDIODÍA: Litúrgicamente, la Semana Santa se inicia con
la misa del Domingo de Ramos, en la que destaca la Lectura de la Pasión. Como
antesala de lo que vamos a celebrar, la Iglesia nos propone la escucha del
relato de los últimos días de vida de Jesús.
Recuerdo que cuando era pequeño, una vez acabada la procesión de El Burrito
y llegados a la Concepción, siempre solíamos sentarnos en los escalones del
altar del Señor Preso y dada la longitud del relato de la Pasión y la posterior
homilía, mis hermanas me enseñaban a realizar trenzas en los palmitos que nos
había servido de alabanza durante la procesión previa. Desde mi inconsciencia
infantil, esta misa era tan larga y cansada que únicamente me estimulaba cuando
desde dentro del templo se oía las cornetas y los tambores que venían desde San
Juan y que me anunciaban que la procesión ya estaba pronta a salir.
El Mediodía coincide con una procesión que representa dos pasajes del
evangelio. Por un lado, la imagen del Cristo Predicador – una talla de
1667 de Blas García Ravelo -, representa la predicación de Jesús en el
Templo de Jerusalén, tras su entrada triunfal en la ciudad.
Por otro lado, la imagen lujanesca del Siglo XIX de Santa María Magdalena
representa el momento en el que una mujer, en Betania, se arrodilla ante Cristo
y lo unge con perfumes.
El ambiente de alegría y de fiesta aún se mantiene, pero la unción de María
de Magdala hace presagiar que pronto todo cambiará.
LA SOLEMNE AGONÍA EN GETSEMANÍ: La alegría y el protagonismo de los niños
durante la mañana, da paso a la solemnidad y sobriedad de la tarde. Desde este
templo sale la procesión del Santísimo Cristo del Huerto.
Precisamente en este año que se cumplen los 375 años de la llegada de este
Cristo del Huerto que hoy nos preside, es el momento preciso para resaltar la
importancia de esta procesión a lo largo de la historia de La Villa y la gran
aportación de la Orden Franciscana al desarrollo y vertebración de esta
manifestación anual de fe. Desde la solemnidad que recibió a su llegada al
Convento franciscano de San Lorenzo en 1639, pasando por su estancia en el
convento clariso de San José, su culto acabó relegado a esta iglesia que se
reconstruyó tras el incendio de la primera construcción –El Escorial de
Canarias-. Su salida procesional fue cayendo poco a poco hasta tal punto de
dejar de salir a la calle. Sin embargo, en el último cuarto del siglo pasado,
el trabajo de su hermandad titular y el empeño de muchas personas que se han
desvivido y trabajan por este templo, han devuelto al Cristo del Huerto a la
categoría de una de las procesiones más solemnes y elegantes de la Semana Santa
Villera.
El paso procesional constituye una auténtica obra de arte majestuosa y
elegante. El Cristo del Huerto, junto a su Ángel Confortador – talla barroca
recuperada por la hermandad para el culto – y los tres apóstoles – Pedro,
Santiago y Juan – desfilan en un trono procesional magistralmente tallado, en
el que se reproducen las fachadas de los principales templos del centro
histórico de La Orotava, mientras que el de la Virgen de los Dolores - la
antigua Virgen de la Soledad de este Cenobio franciscano, que se incorporó a
esta procesión en 1991 - reproduce las fachadas de los santuarios y templos
marianos de Canarias.
Y con tan grandes tronos – los mayores de toda la Semana Santa, cargados
por 10 personas cada uno – el momento más impactante de la procesión (desde mi
punto de vista) es la salida de esta Iglesia. De un templo tan pequeño, salen
dos pasos tan majestuosos que la precisión de los cargadores y celadores debe
ser la máxima.
Una vez en la calle, otra escena: la del leve balanceo del olivo que va
junto al Cristo, que con la brisa villera de la tarde de primavera y el
movimiento de los cargadores, se mece al son de las bandas.
LUNES SANTO: PEINANDO JUNTO AL ECCE HOMO: La jornada del Lunes Santo
transcurre en los templos de La Villa entre preparativos de las próximas
procesiones, adornos florales o recogida de tronos procesionales que ya han
salido en las jornadas precedentes. Pero fundamentalmente la tarde y la noche
derivan el protagonismo a la Parroquia de San Juan.
En la tarde tiene lugar un acto íntimo y muy poco conocido, ya que es un
trabajo que requiere sólo la presencia del Camarero de las imágenes y algunos
colaboradores. Se trata de la colocación de la peluca de cabellos naturales,
que portará en los siguientes días, la imagen de Santa María Magdalena.
Previamente vestida desde unos días antes, es necesario esperar hasta este día
para poder peinar su peluca, ya que al carecer de productos químicos y de
estética – que acabarían dañando el cabello natural –, los tirabuzones se
ablandarían si permanecieran mucho tiempo colocado. Este trabajo es por tanto,
puramente artesanal: aprendido desde mucho tiempo atrás por camareras y mayordomos.
Pero antes de llegar a la tarde del Lunes Santo, previamente ha habido un
laborioso proceso de preparación de los 215 tirabuzones de los que consta esta
peluca. Una vez teñido el pelo nuevo, si lo hubiera, con el fin de igualarlo al
resto, es necesario empezar los trabajos desde el mes de noviembre. Uno a uno,
cada tirabuzón es enrollado en papel de seda, con la finalidad de que adquiera
la forma cilíndrica del rizo. Así enrollados, es necesario que cada tirabuzón
sea expuesto ciertos días al sol para su mejor formación. De este envoltorio no
se sacará hasta los días previos al Lunes Santo, cuando pasan a ser fijados, a
través de tiras de varios tirabuzones, sobre la cabeza, hombros y espalda de la
imagen.
Este proceso se vive cada Lunes Santo en San Juan, pero también otras
imágenes como la Magdalena de La Concepción o la Verónica y La Magdalena de
Santo Domingo lucen igualmente pelucas de cabellos naturales. Y al llegar la
noche, el Ecce Homo: el Señor de la Cañita. “He ahí al hombre”, sufriendo la
humillación de su reinado. Como atributos de su dignidad de Rey tres simples
cosas: una caña a modo de cetro, una corona de espinas a modo de corona real y
una túnica púrpura en señal de su dignidad de rey.
Atribuida al escultor del Diecisiete Francisco Alonso de la Raya, esta
imagen perteneció al convento agustino de Nuestra Señora de Gracia y ya salía
desde 1718 en la madrugada del Viernes Santo como Cristo de la Sangre, junto a
San Juan y la Virgen. Posteriormente procesionó en la mañana del Martes Santo,
hasta que al pasar a su templo actual fijó su salida procesional en la noche
del Lunes Santo por la Villa de Arriba y en solitario. Así pues, es la única
procesión de toda la Semana Grande en la que sale un único trono y es además la
única que no discurre por alguna de las calles de la Villa de Abajo.
Al igual que en muchos pueblos de la isla, este Cristo llegó a tener
cofradía propia, ya que la advocación del Cristo de la Sangre fue muy popular
en Canarias durante el siglo XVIII.
MARTES SANTO: LA RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS Y LA TRAICIÓN: El Martes Santo
discurre entre La Laguna y La Orotava. Es el día en el que celebramos lo que
aparentemente son dos contradicciones: La renovación de las promesas del clero
– los que juran su fidelidad al sacerdocio- y la traición de San Pedro – el
amigo de Jesús que lo negó tres veces-.
Debido al territorio insular y fragmentado de nuestra Diócesis, La
celebración de la Misa Crismal, que debería realizarse en la mañana del Jueves
Santo, aquí se adelante a la jornada del Martes. Reunido todo el clero con el
Obispo, se celebra – este año en la reinaugurada catedral de La Laguna – la
Misa Crismal, en la que se consagra el Santo Crisma y se bendicen los óleos de
los catecúmenos y de los enfermos, que se utilizarán en los diferentes
sacramentos.
Otro de los ritos importantes de esta celebración es la renovación de las
promesas sacerdotales: nuestro clero renueva las promesas que cada uno hizo en
el día de su ordenación. Se trata de renovar una fidelidad a Cristo en el marco
de la Semana Santa, cuando se instituyó la Eucaristía, en la última cena del
Jueves Santo, y cuando muchos de los amigos de Cristo renunciaron a Él.
En este Martes Santo marcadamente sacerdotal, la Parroquia de La Concepción
nos convoca a una celebración directamente relacionada con el evangelio del
día: las negaciones de San Pedro. La procesión de este día la componen dos
pasos. El primero es el de San Pedro Penitente o Las Lágrimas de San Pedro –
atribuido a Sebastián Fernández Méndez “El Joven” – con su popular gallo “que
cantó antes de que Pedro negara conocer a Jesús”. Aquel al que Cristo le
dio el poder de “atar y desatar”; la Piedra sobre la que edificaría su Iglesia,
lo acaba de traicionar; y Pedro llora amargamente.
Detrás va el Señor preso – cuya autoría ha sido atribuida tanto a Francisco
Alonso de la Raya como a Blas García Ravelo –, con absoluta serenidad ante su
prendición; sin oponer resistencia. Se siente traicionado, pero sabe que está
cumpliendo con la voluntad del Padre.
Es una de las procesiones más antiguas de la Parroquia de La Concepción, ya
que el Cristo pertenecía al primitivo templo y luego pasó al actual. Al
procesionar siempre el Martes Santo su organización al principio corría a cargo
de la Hermandad de Sacerdotes, que al igual que en otros puntos de la isla,
existía en nuestra Villa.
MIÉRCOLES SANTO: FIN DE LA CUARESMA CON FLORES Y PLATA: El último día de la
Cuaresma significa para todos los que trabajamos en las iglesias, una jornada
dura de trabajo: hay que preparar todo para el Santo Triduo Pascual y preparar
el Monumento.
Toca levantarse temprano. El trabajo en los templos es mucho. Si en los
días previos se ha procedido a preparar la estructura del Monumento, el
Miércoles Santo es el día del adorno floral. Cada iglesia, con su equipo de
colaboradores, prepara con sus mejores galas este Altar para el Santísimo. Unos
se basarán en la plata, otros en el pan de oro… unos optarán por los
anturios o las orquídeas, otros por las rosa o claveles… unos serán más
“barrocos”, otros más “minimalistas”… pero todos están realizados con el mismo
fin: dotar a Jesús Sacramentado del más digno Altar de Reserva.
La noche del Miércoles Santo nos trae el inicio de las procesiones más
largas de la Semana Santa. En esa noche, desde la Iglesia de San Agustín, El
Cristo de la Humildad y Paciencia y la Virgen de los Dolores realizan su salida
anual, que siempre ha tenido lugar el Miércoles Santo y vinculada a la
presencia de los militares del cuartel de San Agustín y posteriormente a
las tropas de la Cruz Roja local, con su banda de Cornetas y Tambores.
El modelo iconográfico del Cristo – que esté año lucirá en todo su
esplendor tras su restauración – es típico de estas islas, posiblemente por la
vinculación de Canarias con Flandes, siendo escasamente difundido en la
Península. Con el desarrollo del movimiento artístico del Rococó, este tipo de
imágenes se visten con túnicas bordadas y pelucas de cabellos naturales, pero
siempre pon la misma postura sedente y serena. Un claro ejemplo de ello es el
Gran Poder de Dios, del vecino municipio del Puerto de la Cruz.
Pero nuestra imagen representa a Cristo desnudo, en el momento de la espera
de su crucifixión: ha sido ya despojado de sus vestiduras y espera el momento
de ser clavado en la Cruz. Humildad y Paciencia son sus dos virtudes: “Humildad”
porque siendo Dios “se sometió a la muerte, y una muerte de cruz” (Filipenses
25 6-11) y “Paciencia” porque “ofreció la espalda a los que le
apaleaban, las mejillas a los que mesaban su barba; y no se tapó el rostro ante
ultrajes ni salivazos” (Isaias 50, 4-7).
JUEVES SANTO: EL INICIO DEL SANTO TRIDUO PASCUAL:
Dice
el refrán que “tres jueves hay en el año que brillan más que el sol: jueves
Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. Pues bien, el Jueves Santo Orotavense
es el día solemne por excelencia. De hecho, hasta su gente parece percibir la
solemnidad: los villeros y sus visitantes vestimos de solemnidad. Algo
diferente se respira en esta jornada, la jornada del amor fraterno.
El Jueves Santo, en la Misa vespertina, celebramos la Cena del Señor dando
comienzo el Triduo pascual. A partir de ese momento las celebraciones están
cargadas de gran simbolismo y momentos rituales únicos. Muchas veces los vemos
como algo que pasa cada año y que forma parte de la teatralidad de la Semana
Santa. Sin embargo, si comprendemos la liturgia, la viviremos con mayor
intensidad. Esto es lo que me ha pasado a mi cuando he tenido la oportunidad de
ser ayudante del Altar: coordinar la liturgia implica conocerla… y conocerla
supone interiorizarla.
El primero de los momentos importantes es el Lavatorio de pies; signo que
expresa el servicio y el amor de Jesús, que ha venido no a ser servido sino a
servir: un servicio que estaba destinado a los esclavos de la casa, lo realiza
el Maestro: el mayor de todos se hace servidor de todos.
El otro momento importante: la conmemoración de la Institución de la
Eucaristía y su reserva. Al comienzo de la Misa el sagrario debe estar
completamente vacío ya que en ese día se consagra el pan suficiente para la
comunión del Jueves y Viernes Santos. El pan consagrado queda reservado en un
altar especial: el Monumento: desde la tarde-noche del Jueves Santo y hasta la
media tarde del día siguiente, quedamos en oración durante las horas que duró
la agonía de Jesús: desde su prendimiento hasta su muerte. Casi todas las
iglesias de La Orotava confeccionan sus propios Monumentos: hasta una docena,
entre parroquias del casco, barrios y capillas… todos como la mayor forma de
exaltación eucarística.
Instalado el Santísimo se procede al Despojo del Altar: ha terminado la
Santa Cena y se levanta la Mesa. A partir de este momento, cualquier acto está
cargado de recogimiento y austeridad, aunque sin menoscabo de solemnidad.
EL MANDATO: El Evangelio de esta tarde nos muestra el gesto del lavatorio
de pies, pero concluido éste Jesús nos transmite el mandamiento del amor: que
nos amemos unos a otros como Él nos amó. De este mandamiento adquiere su
nombre la solemne procesión que en la tarde sale de La Concepción: La Procesión
del Mandato. Cristo, muerto en la Cruz, se ha entregado hasta el extremo: hasta
la muerte…
“Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo, para que todo el
que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” y es que “no
hay amor más grande que aquél que da la vida por sus amigos”.
Esta procesión es una de las más antiguas que se celebran en La Villa, no
en vano, el Stmo. Cristo de La Misericordia, obra del escultor Rui Díaz de
Argumedo, es la imagen más antigua de cuantas procesionan en La Orotava: data
de 1585.
Desde el Siglo XVI la organización de la procesión corría a cargo de la
Cofradía de la Santa Vera Cruz y Misericordia, una institución – con sede en el
antiguo Convento de San Lorenzo, en cuyos vestigios hoy nos encontramos – que no
sólo atendía a las necesidades religiosas del lugar, sino también a los
aspectos sanitarios y de beneficencia. Pero dicha cofradía desapareció entrado
el Siglo XIX. Sin embargo, en 1981 se refundó y ha contribuido a solemnizar la
tarde del día del amor fraterno.
Ya desde principios del XIX, con la sustitución de las imágenes de La
Magdalena, San Juan y La Dolorosa por otras de nueva gubia, del mejor escultor
canario del Momento – José Luján Pérez –, la procesión ganó en solemnidad y en
arte: cuatro imágenes desfilan por las calles señoriales de esta Villa, entre
incienso y el sol que cae en la tarde, con los últimos rayos de la jornada.
LA NOCHE: Siempre se ha dicho que la noche más solemne de todas es la noche
del Jueves Santo. Y no sólo aquí. Todos los lugares en los que salen
procesiones, suelen reservar esta noche para las salidas de sus imágenes más
devocionales. Se trata de la noche de la agonía de Jesús.
Así pues, la noche del Jueves Santo Villera es la Noche del Señor a la
Columna. Para cualquier villero o foráneo, ésta es la noche principal, en la
que participantes de la procesión o espectadores y acompañantes de la misma
agolpamos las calles y aceras en compañía de esta imagen de Cristo atado a su
columna, que, salida de la gubia de Pedro Roldán, donara a la Parroquia de San
Juan el Canónigo de la Catedral de Santa Ana (en Las Palmas), Don Francisco
Leonardo Guerra, hace ahora 325 años, en 1689.
A las 10 en punto de la noche La Magdalena y detrás San Juan se asoman a
una plaza se la Iglesia de San Juan completamente abarrotada. Cuando El Columna
sale se hace el silencio: Las malagueñas – que desde 1988 se interpretan a
“palo seco” desde distinguidos balcones de La Villa – suponen momentos en los
que los sentimientos florecen. Y por último, la madre: la Virgen de Gloria de
Luján Pérez, encargada por la hermandad del Cristo para acompañar a su imagen
titular en esta procesión.
En dos largas e interminables filas, procesiona la Venerable Esclavitud del
Santísimo Cristo a la Columna, cuya fundación se remonta al año 1758, una de
las más antiguas y que sin interrupción en el tiempo ha permanecido fiel a su
Cristo. Hoy por hoy, constituye una de las hermandades más numerosas. Detrás de
la esclavitud, como si de un privilegio se tratara, la Cofradía de Damas de la
Virgen de Gloria, siendo la única cofradía femenina en La Orotava y fundada en
1955.
Pero sin duda, el momento culminante es la entrada a la par (primero de los
santos y luego del Cristo y la Virgen) en la Plaza del Ayuntamiento, al compás
del “Adiós a la Vida” de Puccini, interpretado por la Agrupación Musical
Orotava; una entrada que en esta edición cumplirá 100 años; Un siglo que ha
servido de inspiración a tantos poetas y oradores que han loado la Semana Santa
Villera.
El regreso al templo de San Juan supone un esfuerzo extra: las pinas calles
de La Villa, los pies cansados, los hombros molidos… pero aún hay que hacer una
parada más: en este templo, donde se hace estación al Santísimo en el
Monumento. Y un poco más arriba, si nos fijamos bien, podremos ver al grupo de
Hermanas de la Cruz, que cada año se escapan –turnándose anualmente para no
dejar sólo el Monumento – y así poder contemplar el paso de su añorado Cristo
de la Columna venido de la Sevilla natal de su congregación.
Para los que trabajamos en San Juan, la jornada no acaba con la entrada de
la procesión: hay que desmontarlo todo y preparar el Viernes Santo. En torno a
las 4 de la mañana llega nuestro descanso.
VIERNES SANTO: TODO ESTÁ CUMPLIDO. HACIA EL ENCUENTRO DE CRISTO: Viernes
Santo. En este día la Iglesia celebra la Pasión de Jesús: Su Muerte. Y como
símbolo de salvación, la Cruz: lo que había sido un instrumento infame y
deshonroso, se convierte en el árbol de la vida y escalera de la Gloria.
El sol hace muy poco que ha salido. Los villeros que nos dirigimos a la
Parroquia de Santo Domingo, tenemos un semblante cansado y silencioso. Por las
calles caminan presurosos varios cofrades nazarenos que corren para no llegar
tarde a la procesión ya que a más de uno la noche nos supo a poco… pero ninguno
queremos llegar tarde al Encuentro con Jesús.
La Real y Venerable Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con sus
característicos hábitos morados, se dispone a salir. Hoy todos sus cofrades nos
convertimos en Cirineos para ayudar a Cristo en su encuentro con sus amigos y
su madre.
A las 8 de la mañana la Verónica, la Magdalena, San Juan y la Dolorosa
comienzan su ascenso hasta las inmediaciones de La Concepción.
El Nazareno – con su Cireneo, y al igual que las demás, imagen anónima del siglo
XVIII– parte por un itinerario diferente, para confluir todos en la Plaza de
Casañas, donde tiene lugar lo verdaderamente peculiar de esta procesión: la
escenificación del Santo Encuentro; una práctica que introdujeron los dominicos
en nuestra Villa y que apenas ha sufrido variación desde entonces.
Tras el encuentro con la Magdalena todas las miradas, especialmente las de
los niños, están puestas en el Discípulo amado. En la plaza no cabe un alfiler.
San Juan desciende, hace la genuflexión ante el Cristo y poco a poco se va
girando.
El murmullo de la gente que se arremolina en torno a la calle crece a la
par que San Juan emprende su carrera, una carrera a toda prisa para avisar a la
madre de Jesús que su hijo va camino del Calvario con la Cruz a cuesta. Quien
les habla ha realizado dicha carrera y supone una mezcla de nerviosismo – ya
que todas las miradas se centran en ti – y a la vez regocijo - porque
contribuyes a mantener un ritual que se lleva celebrando durante siglos.
El Encuentro concluye con el solemne descenso de la Dolorosa, que se
encuentra con su Hijo, para luego continuar –ahora todas las imágenes juntas –
hasta su parroquia.
JESÚS MUERE EN EL CALVARIO: Son las 12 del mediodía. Como desde hace 150
años, los miembros de la Real y Venerable Hermandad de Misericordia del
Calvario nos reunimos en el templo que supone la puerta de entrada de La Villa.
El Santuario del Calvario o la Parroquia de San Isidro Labrador, con su
pequeña capacidad, acoge la salida procesional de cinco tronos: los dos santos
varones, La Magdalena, San Juan, y el conjunto escultórico de La Piedad, que en
nuestro pueblo es conocido por todos como El Calvario.
Hace ahora 200 años, en 1814, nuestro mejor escultor villero – Fernando
Estévez – representó a María sentada sobre una roca y apoyada en la cruz,
mientras que sobre sus rodillas reposa el cuerpo sin vida de Jesús.
Estévez trabajó magistralmente este conjunto – que este año es cartel y
programa de nuestra Semana Santa- y en el que destacan la extrema delicadeza
con que María sujeta el cuerpo flácido de su hijo, la perfecta anatomía
del Cristo y la angustiosa expresión de la Virgen.
La procesión del mediodía es solemne y multitudinaria ya que la devoción
hacia esta imagen sobrepasa los límites del Valle, constituyendo su hermandad
una de las más numerosas de cuantas desfilan estos días. Una hermandad que,
nacida en 1864, siempre estuvo integrada por lo más distinguido de la sociedad
villera, incorporando incluso en sus filas a destacados miembros de las logias
masónicas del Valle de La Orotava.
Como si se tratara del ascenso al Gólgota, la procesión sube hasta el
templo matriz de Nuestra Señora de la Concepción, para luego, como si se
tratara del descendimiento de la cruz, bajar hasta su santuario, no sin antes
realizar la oración de la Hora Nona: las tres de la tarde, la hora de la muerte
de Jesús.
LA CELEBRACIÓN DE LA MUERTE DE CRISTO: La liturgia de la Iglesia establece
que en el Viernes Santo no se celebra la misa ni ningún otro sacramento (al
igual que el Sábado Santo). El altar debe estar desnudo por completo: sin
cruz, sin candelabros, sin manteles. Y a partir de la media tarde, cada
comunidad parroquial se reúne para continuar con el Segundo Día del Santo
Triduo Pascual: la celebración de la Muerte de Jesús.
La celebración – que no misa –es también rica en símbolos. El comienzo es
en silencio. El sacerdote entra y se postra frente al altar, los demás nos
arrodillamos orando. Seguidamente se proclaman las lecturas y el relato
completo de la "Pasión según san Juan". Esta primera parte termina
con la Oración Universal solemne, en la que se pide por la Iglesia, el Papa,
los clérigos, fieles, gobernantes e incluso por los no católicos, los judíos y
los ateos.
La segunda parte de la celebración es la veneración del Árbol de la Cruz,
porque el leño del Calvario no es sólo un suplicio, sino sobre todo la cruz
exaltada.
Y por último, la Sagrada Comunión de las Formas reservadas en el monumento
el día anterior. La celebración culmina sin impartirse la bendición, al igual
que en el día anterior ya que culminará con la Vigilia Pascual.
CEREMONIA DEL DESCENDIMIENTO: Cada 5 años, la Parroquia de San Juan
Bautista tiene un protagonismo especial con la ceremonia del Descendimiento de
la Cruz, un acto, que ya se celebraba por los franciscanos de La Villa desde
hace siglos, y que consiste en desclavar y bajar la imagen de Jesús, gracias a
sus articulaciones de los brazos, mostrarlo ante la imagen de la Virgen y
colocarlo en su urna barroca de plata. Este servidor tuvo la oportunidad de
realizar esta escenificación en el año 2005, y puedo asegurarles que se
trata de uno de los momentos de mayor emoción de cuantos se representan en
nuestra Semana Santa.
CRISTO ES LLEVADO A LA SEPULTURA: Haya o no previamente Descendimiento,
cada año tiene lugar la Procesión del Santo Entierro. No tiene La Orotava una
procesión magna, como muchos otros pueblos de la isla, pero sí que tiene una
magna procesión. Y es que la del Santo Entierro, no sólo es en la que más
tronos desfilan – concretamente 6: santos varones, La Magdalena, San Juan, el
Señor Muerto y La Dolorosa – sino que además es la que más recorrido realiza y
a la que acuden todas las cofradías y hermandades de La Villa. Como un último
acto de hermanamiento, todos acudimos a dar sepultura a Cristo.
Uno de los momentos más esperados de la procesión es la salida del templo
parroquial, donde la Banda de Cornetas y Tambores de San Juan Bautista
interpreta el toque de Oración, mientras salen la par el Cristo Yacente –
anónimo sevillano – y la Virgen de los Dolores – que en el 2016 cumplirá 200
años desde que la ejecutase nuestro Fernando Estévez.
CEREMONIA DE LA SEPULTURA: Tras su estación en esta Iglesia de San
Francisco –antigua morada de este cortejo – la procesión retorna de nuevo a San
Juan, donde todo termina con la Ceremonia anual de la Sepultura del Señor. Allí
se procede al entierro de Jesús en un sepulcro de madera dispuesto al efecto,
ante las miradas de cientos de personas que abarrotan el templo, y ante el
nerviosismo de quien les habla que colabora, desde hace ya bastantes años, en
la propia ceremonia.
LA RETIRADA EN SILENCIO: Una vez sepultado el cuerpo de Jesús, sólo queda
acompañar a la Virgen en su soledad. Así, desde San Juan hasta la Ermita de La
Piedad, parte la procesión del Retiro, con la Dolorosa del Santo Entierro.
Pero la Procesión del Silencio tiene lugar en la Parroquia de la
Concepción, con la Dolorosa de Luján Pérez, que sale en esta procesión desde
1953. En absoluto silencio, durante todo el recorrido no brillan otras luces
que las de las velas del trono de la Virgen y las de las innumerables personas
que la acompañan.
Las calles del centro histórico están apagadas creando una atmósfera que
sólo se encarga de iluminar la Luna llena de Nissam, la primera Luna llena de
la primavera, la que nos anticipa la proximidad de la Resurrección…
SÁBADO SANTO: RECOGIENDO CON LA VISTA PUESTA EN A NOCHE:
La penúltima jornada de la semana es un día de intenso trabajo en todos los
templos de La Villa.
Todo lo que durante un mes y medio antes se ha ido limpiando y armando poco
a poco debe desarmarse, embalarse y guardarse convenientemente hasta el próximo
año. Al mismo tiempo, los templos deben cambiar de aspecto: frente a la
austeridad de la cuaresma, ese día hay que preparar las iglesias con flores,
cortinas, alfombras, velas, luz… y todo se realiza con cierta premura ya que
todo debe estar listo para la noche más importante del orbe cristiano.
Pero en esta jornada, hasta no hace muchos años, se realizaba un acto que
muy pocos conocemos: Entre los sacristanes y monaguillos de las parroquias de
La Concepción y San Juan solíamos intercambiarnos “El Cañón de la
Resurrección”. Simulando al artefacto que debía hacer el estruendo que suena al
inicio del Gloria de la Vigilia Pascual, nuestro particular “cañón” no era más
que los restos de la aspiradora, o trozos de velas rotos o cualquier otro
objeto que en plan de burla nos intercambiábamos para seguir aumentando el pique
–a veces no tan sano- entre San Juan y La Concepción… entre La Villa Arriba y
la Villa Abajo. Al final todos nos reíamos tras una Semana Santa intensa de
trabajo y que ya terminaba.
La noche de las noches es la del Sábado Santo… el culmen del Triduo Pascual…
la noche en que la simbología de la liturgia es extremadamente rica y con la
máxima solemnidad.
En la oscuridad de la noche, se hace la luz. La primera parte – el
lucernario – comienza con la bendición del fuego, desde el que se enciende el
Cirio Pascual, una enorme vela que simboliza a Cristo Resucitado: en medio de
la oscuridad, en medio de la desesperación por la muerte de Jesús, la luz del
Cirio Pascual irrumpe en nuestros templos manifestando la resurrección de
Cristo.
Seguidamente se proclama el Pregón Pascual, que ensalza las maravillas del
plan de Salvación de Dios, lo mismo que las lecturas de esa noche, que desde el
Génesis hasta los grandes profetas nos van narrando los grandes momentos de
nuestra historia de salvación.
Uno de los momento más esperados, pero que a muchos coge de imprevisto, es
el canto solemne del Gloria, con el estruendo del cañón y el repicar y sonar de
todas las campanas de los templos, que habían dejado de sonar desde el Gloria
del primer día del Triduo Pascual, es decir, desde el Jueves Santo.
Con todo el templo radiante, enramado y velas y luces encendidas, llega el
momento de escuchar la gran Buenanoticia de la noche: el Evangelio proclama la
Resurrección de Cristo… el triunfo de la Vida a la Muerte… el cumplimiento de
la promesa de Salvación para toda la humanidad.
La segunda parte de la liturgia de esa noche es la Liturgia Bautismal, en
la cual se bendice el agua y se cantan las Letanías de los Santos, al tiempo que todos
renovamos las promesas bautismales, - porque es la noche para renacer a la Vida
Nueva – mientras se nos asperja con agua bendita...
Finalmente, continúa la Misa con
toda la solemnidad y la alegría propia de esa gran noche. Acabada la
eucaristía, recibimos la solemne bendición final, ya que la Vigilia Pascual es
el fin del Triduo Pascual, iniciado en la misa de la Cena del Señor el Jueves
Santo, continuado con la Celebración de la Muerte del Señor el Viernes Santo y
finalizado con la Vigilia Pascual en la madrugada del Domingo de Resurrección.
Es por ello, por lo que participar sólo en las celebraciones del Jueves y
Viernes Santo y no hacerlo en la Resurrección, es dejar a medias esta gran
celebración.
En el caso de la parroquia de San Juan Bautista, la Vigila termina de forma
solemne: Ya en la madrugada, entre aleluyas y cánticos eucarísticos, resuenan
las campanas para anunciar la procesión del Santísimo Sacramento del Altar.
DOMINGO DE RESURRECCIÓN: ¡CRISTO VIVE!: Domingo de Resurrección. La
celebración solemne que congrega a toda La Villa tiene lugar, al mediodía, en
la Parroquia de Nuestra Señora de La Concepción. Tras la solemne Misa de Resurrección,
sale la procesión de Jesucristo Sacramentado. En ella participan todas las
hermandades y cofradías de la parroquia – en especial la Sacramental, la más
antigua de La Villa, fundada en 1503 –. Todo transcurre con máxima solemnidad:
Estandartes, cruces, ciriales, lluvias de pétalos de rosas, incienso... Bajo
palio sale Su Divina Majestad, a quien le sirve de soporte la espléndida
custodia, en plata sobredorada, de estilo gótico-manuelino, realizada hacia
1520 y de procedencia portuguesa.
Sin duda se respira otro ambiente diferente: alegría, gozo y júbilo. Es Día
de Fiesta. La procesión discurre por las calles del Centro Histórico de La
Villa, donde todos, con nuestra presencia, expresamos públicamente que Cristo
Vive y que somos sus seguidores dispuestos a proclamar la grandeza de su
Resurrección.
Todo lo que hemos trabajado y celebrado previamente tiene en este día su
objetivo primigenio. Toda la cuaresma y la Semana Santa carecerían de sentido
sin la participación de la Gloria de la Resurrección.
¡¡FELIZ SEMANA SANTA Y FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!: Para finalizar
quisiera dar las gracias.
Gracias a cuantos mantienen viva y respetan las tradiciones de nuestra
Semana Santa. Gracias a los “ratones de iglesia”. Gracias a los cargadores.
Gracias a las bandas. Gracias a nuestros sacerdotes por mantener nuestra
costumbres. Gracias a las 12 hermandades y cofradías penitenciales y
sacramentales que en esta gran semana participan con sus desfiles
procesionales. Y gracias a cuentos participan y nos visitan en estos días,
haciendo de esta celebración, una de las mejores manifestaciones de arte y de
fe.
Es mi deseo que todo lo que les he contado esta noche tenga ahora una
acción ante la próxima Semana Santa: valoremos el trabajo de cuantos la
preparan, participemos activamente en la celebraciones litúrgicas, apreciemos
el valor artístico y patrimonial de nuestra imaginería y objetos procesionales,
visitemos La Orotava en estos días, pero sobre todo, vivamos felices los
grandes días que se nos avecinan y transmitamos, al final, nuestra alegría por
la Resurrección de Cristo.
Termino utilizando una expresión publicada en un marcador del programa de
Semana Santa del año 2003: “Semana Santa de la Orotava, entre Basaltos y
teas: eres única e irrepetible, eternamente villera”
Muchas gracias a todos por su presencia y buenas noches. ¡¡FELIZ SEMANA
SANTA Y FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!!
He dicho…”
BRUNO JUAN ÁLVAREZ
ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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