sábado, 30 de septiembre de 2017

LA AVENIDA VII. TIEMPOS DEL USO DE LAS RECORDADAS GABARDINAS Y SOMBREROS DE AQUELLOS AÑOS.

Fotografía de comienzos de la década de 1950, gentilmente cedida por la apreciada vecina de La Orotava Montse Quintero, que inmortaliza los primeros pasos de la apertura de la antigua avenida de José Antonio (actual avenida de Canarias). La toma captura la metamorfosis del histórico callejón que articulaba el tránsito entre la calle El Calvario, el paraje de La Sidrona y el posterior barrio de Los Cuartos.

La estampa resulta reveladora por su ambientación: un crudo invierno orotavense de los de antes, reflejado en el piso embarrado y en la elegancia cotidiana de los transeúntes, pertrechados con gabardinas y sombreros de época.

En el ángulo izquierdo de la imagen destaca la primitiva churrería de Amaro «el Cojo» —resguardada bajo un improvisado toldo de sábana blanca—, erigida junto al último de los falsos plátanos (Platanus × hispanica) que perimetraban la trasera del templo de San Agustín, perteneciente al antiguo convento agustino de Nuestra Señora de Gracia.

Al fondo de la escena se erigen tres sobrios inmuebles de filiación neoclásica, proyectados por el eminente arquitecto Mariano Estanga y Morales. Este conjunto albergó el Instituto Nacional de Previsión, la residencia de la familia Méndez-Jiménez González, el Bar Almeida y el establecimiento comercial de don José Álvarez, en cuyo interior prestaba servicio su recordada barbería.

A la izquierda se atisba el primer edificio levantado tras la ampliación de la vía —inmueble que aún perdura en el callejero—, cuya planta baja acogió el Bar Tapia de don Eduardo Hernández y, contiguo a este, el primer merendero que más tarde daría cobijo a la célebre Academia de la familia Quintero-Santos.

A la derecha completa la perspectiva otra notable edificación señorial de traza neoclásica, firmada asimismo por Estanga para la familia Martín-Travieso. En su fachada se distingue el rótulo exterior de la primitiva imprenta de don Vicente Martín Travieso, así como el portón rampante de acceso al patio interior, enclave donde funcionó el popular merendero familiar. Una valiosa obra de arte visual para la memoria e historia urbana de la Villa de La Orotava.

 

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU

PROFESOR MERCANTIL


No hay comentarios:

Publicar un comentario