jueves, 26 de octubre de 2017

DOÑA NIEVES LUGO Y BENÍTEZ DE LUGO (I)



La Orotava (1908-1958), De formación autodidacta destacó en el mundo de la fotografía canaria de la época, no sólo por la amplitud y variedad de su obra, sino por la extraordinaria perfección de la misma.
Hija de Antonio Lugo Massieu, fundador y director de El Campo -"periódico propagandista del arbolado y del progreso del país"-. Nieves Lugo recibió una cuidada educación que le permitió canalizar sus inquietudes artísticas y desarrollar sus sensibilidad en diferentes campos de la creación como la música, la pintura, la fotografía e, incluso, el cine. Aunque su trabajo en cada uno de estos campos se circunscribió siempre dentro del ámbito de la pura afición, Nieves Lugo fue capaz de superar la soledad del artista en los "TIEMPOS DE SILENCIO" de la España y las Canarias de posguerra: así, al espectador contemporáneo no puede dejar de sorprenderle su capacidad -su decidida voluntad- para hacer evolucionar su obra en un contexto político, social y cultural poco propicio para la mujer y para lograr proyectar su trabajo, desde su villa natal, a otros foros regionales y nacionales.
En este sentido, me parece imprescindible no perder de vista el contexto en el que Nieves Lugo llevó a cabo su obra pues, en cierta forma, éste modeló su carácter y su personalidad: dinámica, inquie­ta, fuerte y tenaz a la vez que sensible e imaginativa; asumiendo los tradicionales roles familiares (esposa, madre de cinco hijos), pero al mismo tiempo enfrentándose a nuevos retos artísticos y reclamando la libertad necesaria para todo creador.
Sus fotografías fueron publicadas en la Revista “Sombras” en 1947 además de participar en el I Salón de Fotografía Artística de Santa Cruz de Tenerife y en el VIII Salón Nacional de Fotografía Artística celebrado en las Palmas de Gran Canaria.
Practicó otras disciplinas artísticas como la pintura y el cine llegando a rodar una película de ficción “Una sortija encantada” de 17 minutos de duración con actores y actrices amateurs entre los que se encontraban sus familiares y amigos de la Orotava.
CARMELO VEGA "MENSAJE DE BELLEZA" (EXTRACTO), CENTRO DE FOTOGRAFÍA ISLA DE TENERIFE: UNA SORTIJA ENCANTADA: “…Por esas fechas, Nieves Lugo empezaba a dar forma 'a su nuevo y último proyecto importante: la realización de una película de ficción. Su interés por el cine no era nuevo y en su biblioteca se encontra­ban numerosos manuales sobre técnica cinematográfica. También se conservan varios cuadernos ("Notas de algunas películas") donde apuntaba sus impresiones y los datos técnicos más significativos de las películas que veía, así como un detallado resumen, por escenas, del contenido de las mismas. Para la realización de su película (de 17 minutos de duración, en color y blanco y negro, y en formato de 16 milímetros), Nieves Lugo actualizó sus conocimientos técnicos sobre el lenguaje cinematográ­fico y preparó cuidadosamente todos los detalles de producción, se­leccionando a los actores y a los extras entre sus propios familiares y amigos de La Orotava, y eligiendo las localizaciones para los escena­rios donde habría de efectuarse el rodaje. Además, al tratarse de una película muda, diseñó y dibujó ella misma los 36 rótulos que explica­ban las escenas y recogían los diálogos entre los personajes. Para confeccionar el guión, adaptó un pequeño tebeo para niños, titulado La sortija encantada, de la colección Cuentos Azucena publi­cada en Barcelona par Ediciones Taray. Se trataba de una versión libre de la historia de Cenicienta.  ¿Cómo explicar esta película en el contexto de la obra de Nieves Lugo En primer lugar, debemos entenderla como una prolongación más de su enorme y desbordado caudal creativo y artístico; en segun­do lugar, como una nueva demostración de su capacidad para asumir y resolver toda clase de desafíos…”
 En los años veinte siendo inspector de la Banda Música Municipal de la Orotava y director el vallisoletano don Tomás Calamita y Manteca, pintó un oleo de Santa Cecilia utilizando un grabado de la patrona de la música que le cedió doña Antonio Morales conocida por la “Planchadora”, vivía en la Calle El Barranquillo hoya calle de Juan Padrón, este oleo aún se conserva en el cuarto ensayo de la actual Banda de Música de la Agrupación Musical Orotava, según su nieto Vicente Santos Villar también se conserva el grabado en la que ella se inspiró en la casa de su abuela, habitada en la actualidad por su primo Juan José González Villar(un gran músico). Entonces la Banda Municipal de La Orotava sacaba desde el antiguo cuarto ensayo en lo bajo del Ayuntamiento el lienzo en procesión por la festividad de Santa Cecilia.
SANDRA HODGSON, A LA BÚSQUEDA DE UN LENGUAJE: “…La trayectoria creativa de Nieves Lugo es un claro ejemplo de la evolución y crecimiento expresivo a lo largo de una vida, para llegar a una mirada propia que es la que distingue a un artista. Su recorrido fue lento, quizás por ser en parte autodidacta y quizás por tener otras prioridades cotidianas que le impedían dedicarse exclu­sivamente a la búsqueda de su propio lenguaje. Pero sus cualidades son evidentes y en su última década de vida parecía haber llegado a una facilidad expresiva que demuestra que se aproximaba a su esencia creadora. Durante la adolescencia son muchas sus aficiones, todas como un tanteo personal de expresión. Poco a poco va dejando atrás las que se acercan más a la artesanía para evolucionar visualmente des­de la pintura a la fotografía. Su mirada era sobre todo plástica, no musical como la de su madre, ni literaria como la de su padre. Sus primeros lienzos adolescentes intentan reflejar con la mayor similitud posible, el entorno próximo, retratar el modelo con exac­titud, lo cual convierte la composición en una cuestión técnica más que en un fenómeno artístico" Cuadros naturalistas como "La Plaza de San Francisco", "Otopese".: son cuadros sin espacio ni compo­sición formal.  Al verse sin herramientas para dar el siguiente paso expresivo em­pieza a copiar a los maestros. Durante unos años su prioridad es cono­cer la naturaleza propia de la pintura, su vocación artística ineludible. Los cuadros que escoge como escuela son los del barroco español, quizás a la búsqueda de la profundidad del lienzo, al tratamiento de la luz y la sombra, la separación de figura y fondo... Velázquez es su guía, copiando detalles de sus cuadros "El triunfo de Baco" o compo­siciones enteras "El cardenal infante don Fernando de Austria, caza­dor". Al escoger la pintura barroca existe ya una clara intención. No tiene interés en la pintura acuarelista de rincones canarios que tanto triunfaba en aquel momento, prefiere el claroscuro, un dramatismo mayor en el tratamiento de la luz, la profundidad de los planos. Sus últimas pinturas serán bodegones: un paso natural hacia la búsqueda de composiciones propias. La definición del espacio del cuadro, equilibrio de figuras, iluminación de los plano? ...  Los bo­degones permiten estudiar en un espacio controlado los modos de expresión que son propios a la pintura. Seguramente no era consciente de que la pintura iba a ser su pri­mera escuela fotográfica. Empezó haciendo fotografías como cual­quier aficionada para retratar sus vivencias personales, y poco a poco fue introduciendo los recursos expresivos propios de la imagen. Sus primeras fotografías artísticas partían de una mirada educada en la pintura, y así durante unos años se solapan los temas en ambas Disciplinas. Los ancianos en sombra y nuevamente los bodegones son un claro ejemplo de su primera aproximación al blanco y negro. Sus fotografías son entonces "cuadros" en su concepción y compo­sición. Creo que asombrada de las posibilidades plásticas de la cámara fue dejando aparcada la pintura y la fotografía tomó la delantera, llegando a· su madurez artística con ella. Es entonces cuando Nieves parece manejarse con toda facilidad en el mundo creativo, con la soltura de quien encuentra su territorio. La suya no es una fotografía de contrastes rotundos, geometrías, ritmos o escalas, abstracción al fin y al cabo. Es una fotografía más interior, de sombras, nieblas o reflejos. Su investigación plástica parece centrarse en la búsqueda de la transparencia como herramienta intrínseca de la fotografía, alejada ya definitivamente de la pintura. Transparencia o atmósfera que se introduce en la imagen como filtro, creando un espacio ambiguo y etéreo, en el que se mueven las figuras. "La cortina" y "Jaque" son muestras de ese hallazgo personal…”.
En el año 1957 le donó a la Banda de Música de la Agrupación Musical Orotava una imagen que se colocó en la capilla musical de la Iglesia Monumento del barroco canario Nuestra Señora de la Concepción, en ese mismo año fue nombrada madrina perpetua de dicha Banda de música, continuando en la actualidad con el mismo nombramiento su hija Candelaria Martín Lugo. También le donó a la misma Banda de Música la Bandera símbolo de la Concordancia cuyo diseñador fue don Ambrosio Díaz Manzano.
MYRIAM HODGSON,  ASIGNATURAS PENDIENTES: “…“No sé si cuando la vida se le acortó a Nieves Lugo tenía asignatu­ras pendientes. No dejó escrito un diario privado que pudiera damos luz, no dejó testamento ológrafo, no dejó cartas... Nieves Lugo dejó poco ruido y muchas nueces. Cobijada en una familia en la que los libros, la música y la pintura eran tan vitales como el pan, fue creciendo hija única. En ese entorno, se desarrolló una jovencita brillante, de ojos vivaces y sonrisa fácil, educada con las Hermanas de la Asunción, quienes la consideraban, ya entonces, una superdotada. Además de pintura con Don Enrique Sánchez y música con el maestro Calamita, estudió francés, inglés, alemán -y hasta sueco- que llegó a hablar y escribir con la fluidez suficiente para hacer los honores a algunos ilustres visitantes alojados en el Hotel Taoro del Puerto de la Cruz.  Desarrollaba ese espíritu curioso, crítico, independiente, sin fron­teras, volcando en aquel momento su creatividad en cuadros de ju­ventud o en copias y composiciones de toda posible expresión artís­tica, en puridad, más cercanas a la artesanía: desde el movimiento creado por unas cerillas, a preciosas figuras del Belén canario que aprendió con Doña Candela, la célebre lagunera. La vida ordinaria transcurría entre La Orotava y los largos veraneos palmeros en la finca familiar de Oropesa, en la costa de Barlovento. Por aquel entonces se enamoró locamente de un muchacho -en el decir de la época- "poco conveniente", Máximo Martín Martín, con quien, a pesar de las críticas y revelando su determinación, contrajo matrimonio en 1934 y que fue su compañero, su amigo, su cómplice, su devoción hasta el final. De esa unión nacieron sus cinco hijos, Máxi­mo, Mª de las Nieves, Mª del Carmen, Mª Candelaria y Miguel Ángel. Asistía a su marido, quien con el tiempo se convirtió en un médico reconocido y apreciado. Le ayudaba con el revelado de las radiografías y todo aquello en lo que ella, mejor que nadie, se sabía útil. El deseo de hacer cosas distintas, de llevar a cabo las ideas que bullían en su cabeza, surgía en cualquier acontecimiento cotidiano. Su anecdotario es colorido, como cuando una mujer como ella -poco o nada cocini­llas a decir de sus hijos, que "de eso ya se encargaba abuela María"­ fue capaz, sin embargo, de dedicarse a crear, durante 2 días a puerta cerrada en la cocina, para una de sus hijas un hermosísimo pastel de Primera Comunión con forma de iglesia y con tejas de chocolate hechas una a una. Pero Nieves Lugo, lejos de hacer del hogar un apostolado, lejos de postergar sus inquietudes, tomó las riendas de sus días para encaminarlas en otra dirección: la pintura y, sobre todo, la fotografía.  Siempre con algún proyecto entre manos, con alguna propuesta o algún reto. Recibía publicaciones especializadas, estudiaba, inves­tigaba, experimentaba: algunas de sus fotos fueron seleccionadas y publicadas en revistas de ámbito nacional. Fue madurando en la bús­queda de su propio camino de expresión personal. Su obra fue ganan­do en interés y calidad, como ha estudiado el profesor e investigador Carmelo Vega, buen conocedor de su creación fotográfica. Nieves Lugo se nos muestra como una mujer adelantada a su tiempo, de espíritu crítico, laboriosa, sin remilgos, más bien reservada, creativa, culta, curiosa... Pero no parece que el tejido de su perso­nalidad fuera fruto de una bastilla tomada, de una cruzada o una conquista, más bien se muestra natural a su esencia, como agua que fluye... i como si no hubiese podido ser de otra forma! Nieves Lugo estaba en pleno vigor creativo cuando el veneno de la leucemia la obligó a alterar sus prioridades y por eso, precisamente por eso, no sé si dejó asignaturas pendientes. La nuestra es su me­moria. Juan Ramón Jiménez tenía la idea de que uno no muere hasta que todos le olvidan... "Yo no tengo más vida que la que me des tú. Acuérdate de mí!..."
En fin Doña Nieves fue toda una institución en la Villa, polifacética de verdad, dibujante, pintora, fotógrafa, música, diseñadora, guionista del cine, de teatro, actora, chofer de automóvil, esposa de un gran Médico liberal – progresista, el palmero don Máximo Martín y Martín (aún no se le a reconocido su labor en la Villa), enfermera acompañando a su marido en todos sus menester desde el quirófano hasta la exploraciones de Rayos X y sobre todo una madre ejemplar de cinco hijos dos varones el primero y el ultimo y tres hembras.
JUAN DEL CASTILLO Y LEÓN SEMBLANZA FAMILIAR: “…Traté mucho a toda la familia y conocí el ambiente de aquella casona -Felisa, Eustaquio, Benedicta, Sandalio- pero, curiosamente, amisté poco con Nieves pues estaba enferma y en cama los años en que comencé a frecuentarlos. Nieves había sido compañera de mi madre, interna en La Asunción, considerada toda una superdotada por monjas y alumnas del convento santacrucero. Físicamente era bajita y vestía con sencillez casi franciscana. Destacó Nieves en múltiples face­tas, en un contexto poco propicio para el protagonismo de la mujer. Sobre todo, en fotografía, música, cine y pintura. Sus herederos y algunas mansiones de La Orotava conservan cua­dros originales suyos y copias de grandes pintores. Según se recuerda en los mentideros del Valle, su carácter, a diferencia del de sus padres y Máximo, era algo distante. Sin embargo, conectaba bien con algunas personas: el doctor Tomás Zerolo, el Padre Flores... Todo esto lo hacía compatible con su papel de hija única, esposa y madre ejemplar de cinco hijos. Su padre era el gran cronista, don Antonio Lugo y Massieu que fue fundador y director de varias publicaciones, como la revista El Campo. Todo un abanderado de la agricultura y el progreso del país. Su vida trascurrió entre La Palma, donde había nacido y donde pasaba largas temporadas y La Orota­va donde poseía una impresionante biblioteca y hemeroteca, hoy integradas en la Biblioteca Municipal. Dejó ejemplo de su amor al arbolado en sus heredades de Oropesa (Barlovento) y La Marzagana (La Perdoma). Poseía una humanidad y sim­patía desbordantes. Tuve trato asiduo con él, escribiendo un sentido artículo en el periódico La Tarde, en 1965, a propósito de su muerte y figurando su divertida biografía en mi libro Esencias de La Orotava. Le oí muchas veces decir: pertenezco a la generación de Andrés Arroyo, Luis Benítez de Lugo...;  i por lo menos guerra hemos dado!  No se le quedaba a la zaga, su esposa, doña María Benítez de Lugo, con inusual cultura para su época y dotada de una finura y cordialidad extraordinarias. Ellos fueron, con rigor y mimo, los forjadores de la educación de su hija Nievitas, como la llamaban fami­liarmente, una artista del siglo XX, una mujer para tiempos de más protagonismo, una condesa de Pardo-Bazán en isleña. Otra figura singular fue su esposo, Máximo Martín. Había nacido en San Andrés y Sauces. Por cierto, la noche del pre­gón del Cristo me dijo un ilustre palmero que los oriundos en esta comarca son hombres de gran arrogancia. Médico por Salamanca y Madrid. En La Orotava fue de por vida director del Hospital. Vivió una época en la que, en los pueblos, se tenía que hacer de todo: partos, apendicitis... Como médico de cabecera o de familia tuvo una influencia extraordinaria en la vida del Valle en todas sus facetas. Con estampa de «zorro plateado», también poseía un don de gentes envidiable, ojo clínico excepcional y una viveza fuera de lo común. Repito mi sentido tópico de siempre: La Orotava tiene contraída una gran deuda con el doctor Máximo Martín y Martín. Nieves padeció durante ocho interminables años una te­rrible enfermedad: leucemia. Lo que la retuvo en cama, fa­lleciendo a los cincuenta años, con lo que se frustraba una esplendorosa ejecutoria artística.  Otra faceta de Nieves que he querido dejar para el final fue el cine. Destacan un documental sobre las Alfombras de Flores y sobre todo, la película de ficción de 17 minutos de duración La sortija encantada. Para Vega es una inocente pa­rábola de los riesgos de la ambición. En cualquier caso, todos coincidimos en que la película es el testamento espiritual, el mensaje último de la gran señora orotavense….”
Su muerte prematura (1958) coincidió con el momento de su máxima madurez artística, sobre todo en el mundo de la fotografía, truncando una interesantísima trayectoria, y su sepelio fue multitudinario, todas las capas sociales de la villa y la Banda de Música de la Agrupación Musical Orotava dirigida por don Ernesto Correa Negrín y su bandera con crepón negro en señal de luto acompañaron a doña Nieves a su morada infinita del Campo Santo villero.

BRUNO JUAN ÁLVAREZ ABRÉU
PROFESOR MERCANTIL

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